Gracias a la locura

Fabián Cubas Ávila“No estoy loco. Mi realidad es diferente a la tuya”, frase del Sombrerero Loco, personaje de la película Alicia en el país de las Maravillas.

“La locura es un placer que sólo los locos conocemos”, Edgar Allan Poe.

Según el diccionario de la Real Academia Española, loco es un adjetivo que describe a una persona que ha perdido la razón o tiene poco juicio, es disparatada e imprudente.

Algunas personas, las que me conocen bien, aseguran con cierta ironía, que en mí hay quizás un punto de locura.

A toda esa gente quisiera darle las gracias; para mí es como una medalla que lucir en el pecho con el mayor de los orgullos.

Como dicen en mi familia ”hijo de gato, caza ratones”, es decir que de una madre loca es probable que nazca un hijo no muy cuerdo. Así que, siendo éste el caso, voy a aprovechar el momento de delirio para escribir mi agradecimiento.

Mi madre es una mujer muy obstinada que sería capaz de persistir años y años con tal de conseguir un objetivo. Si algo, por increíble o imposible que parezca, se afianza en su cabeza, ya no hay vuelta atrás. A este hecho se le suma su fascinación por el cumplimiento del Carpe diem, disfrutando el momento, añadiendo una pizca de fe, confianza y polvo de hadas, es decir locura.

Todo ello bien mezclado en una mujer que lleva por norma incumplir la mayoría de las normas, pues… nos da un resultado curioso. De dicho resultado se suceden más hechos que, según quién los analice, podrían ser infantiles, nada precavidos y, en fin… no voy a hablar más, porque, además, mi madre es vengativa, impulsiva… Por lo tanto, mejor me callo.

Las consecuencias de ser así son…, bueno, no las pienso decir porque me podrían desheredar. Sin embargo, el lado positivo fueron muchas risas, mucha música y una innumerable suma de anécdotas tan divertidas como peligrosas.

Yo lo sé porque, con el paso de los años, ella no ha cambiado. De hecho, es como el vino, a más tiempo más esencia.

Mis abuelos sólo tuvieron una hija y, tratándose de mi madre, se me ocurren varios motivos por los que una hija era más que suficiente. Esto hizo que a la susodicha se le desarrollara la idea de querer llenar su casa de gente; esas eran sus palabras textuales.

¿Cómo? Pues…. con hijas, aunque el destino quiso que fueran hijos. Esto nos lleva a la gran locura.

Imagínense, familiares en contra, miles de consejos de que no lo hiciera, pero… ahí estaba ella, pasando de todo, como siempre.

Prosiguió con su idea y de esa locura nací yo. No me hace falta saber más razones de por qué lo hizo, ni si la gente hoy en día lo entiende o no, ya que gracias a eso me crié con dos pares de abuelos, que bien podrían ser mis padres, y con dos jóvenes bombas de relojería a los que tenía que llamar padres.

La gente dirá: fue un capricho, podría haber hecho lo mismo unos años después, no tan joven, pero yo les diré que todo pasa por algo. De no haber sido tan cabezuda, digo, obstinada, su padre no hubiera sido abuelo y yo no hubiera sabido lo que es tener una estrella como referente esperándome en el cielo.

En conclusión, una vez oí, en una película de Disney, por supuesto, que las mejores personas son las que están locas, y estoy locamente de acuerdo con esa locura.

Mamá, gracias por esta vida. Por esta vida loca.

Fabián Cubas Ávila

 

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