Lo que mal empieza

leonilomolina2021Es la temporada del emérito. Los medios de comunicación (¿?) nos brindaron informaciones relativas a su viaje a España. Tras su exilio voluntario, o cambio temporal de residencia (todo es opinable), y como quiera que cualquiera de los asuntos fiscales y judiciales ya dejaron de ser impedimento, regresó a una regata en Galicia (dijeron que para ponerla en el mapa, lástima de haber caído al mar por Finisterre). Los medios de comunicación, según fuese su línea editorial, nos fueron dando detalles de su periplo hasta llegar al aeropuerto de Vigo y trasladarse al esporádico lugar de residencia. Nos dicen que cedida por un amigo de esos que tanto le han dado. Ahora, según cuentan, un préstamo para realizar semejante proeza, la de su traslado del lugar de residencia temporal, allende los mares, hasta el suelo patrio. Su viaje, por motivos deportivos, finalizó con una visita a su familia en la Zarzuela (aunque todo tenga tintes de opereta). De cualquier modo, pese a los esfuerzos de los medios, parece que nos dejó con la hiel en los labios, pues no está dispuesto a dar explicación alguna sobre los turbios asuntos de dinero, por los que tuvo que llevar a cabos algunas regularizaciones con el fisco.

Un insolvente regocijo aflora en sus babeantes rostros por sentir el inconmensurable privilegio de ser súbditos comprometidos con la perpetuación de un sistema decadente, basado en las notables diferencias y las extraordinarias ventajas de quienes asumen sin mérito alguno su presencia en el vértice de la pirámide. Son los guardianes de la tradición de seres ungidos por la divinidad y, como tales, incuestionables sus poderes junto a inviolabilidades medievales. Quienes al amparo de su sombra de poder arrimaron brasas a su sardina, generando en paralelo notorias fortunas por los favores recibidos y las informaciones de inmediatos futuros, para lograr así seguros dividendos en inversiones de escaso riesgo. Mientras, ufanos petimetres, alumbrando pedigrís republicanos, amparaban sus acciones con miradas hacia otro lado, sintiéndose premiados por campechanas cercanías, que les insuflaban fementida importancia por moverse en el ámbito de los rancios oropeles. Aún habría que agradecer a esas incontroladas actuaciones, supuestas cesiones de omnímodos poderes, de escaso valor en los tiempos en que los tuvo, más allá de lograr una futura vida regalada por moverse en círculos de poder mundial o en otros en los que el dinero fluía con enrome facilidad, viscosidades inversamente proporcionales a las del producto que los originaba. La gloria de andar inmerso en mares de fructíferas tradiciones, las que le otorgan insustituibles poderes.

De qué le valió a la población esa presunta cesión de poder cuando nada cambió en el curso de las cosas, más allá de implantar una democracia liberal en un terreno previamente abonado por cuarenta años de gobierno fruto de un golpe de Estado (del que en breve se cumplen ochenta y seis). Acaso la cacareada cesión de poderes llegó al extremo de modificar estructuras forjadas al amparo de la tristemente recordada ruptura por la fuerza de las armas, no la de los votos como debe ser, que aparenta lo contrario. Una democracia con errores achacables a su escasa veteranía, que buscaba, eso sí nos decían, acabar con las abismales diferencias entre quienes tendrían que vivir con idénticas oportunidades. Quizá no sea todo tan inocente, que lo achacado a la escasa experiencia democrática no sea sino que aquellos estamentos, forjados al socaire de la dictadura, conserven más poder del debido en un Estado presumiblemente democrático, donde todos y cada uno de aquellos tendrían que surgir de la soberanía nacional —de la que dicen reside en las Cortes Generales—, sin que medie ese afán de velar por las esencias (las suyas, claro).

Avanzado junio, a punto de agotarse casi, volvemos a encontrarnos con noticias del susodicho. Casualmente relacionadas con dádivas recibidas, y al parecer no declaradas, con posterioridad a su abdicación. Dicho de otro modo, un nuevo escándalo le salpica impidiéndole un segundo viaje a las regatas de Sanxenxo. En este caso, según cuentan, se trata de unas cacerías a las que gentilmente fue invitado. Desconozco si de modo de desinteresado obsequio o, por el contrario, en pago de pretéritos favores. Fuese lo uno o lo otro, de nuevo la maquinaria de Hacienda constata que hubo un posible ingreso no declarado y, según parece, no caben nuevas regularizaciones como las que realizara a pares con anterioridad, según nos dicen motu proprio, aunque algunos pensemos que hubo algún recordatorio para evitar presuntos procesamientos por delitos fiscales. ¡Ay! El fisco, capaz de llegar hasta donde otros no lo lograron, y me viene a la memoria, sin que suponga odiosa comparación lo sucedido con algunos miembros de la mafia americana, que acabaron cayendo por delitos fiscales.

Todo hubiese sido más sencillo, quizá hubiese actuado con más sensatez, si como ahora se recuerdo en su momento la inviolabilidad solo se le hubiese aplicado en aquellos casos relacionados con sus funciones constitucionales, privándosele de aquellas situaciones en las que no se tratase de ello. Tenemos en estos momentos, a tenor de lo acontecido con una proposición legislativa del PNV, una oportunidad. La de delimitar dónde y cuándo se aplica tal inviolabilidad, evitando así que lo que mal empiece acabe del mismo modo.

Leonilo Molina Ramírez

Más en esta categoría: La noche de san Juan »

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento