Las maquinitas esas

Miguel Rodriguez Romero2022-¡Si quieren salir, tendrán que limpiar los quemadores de la cocina!

Era el tributo a pagar por una tarde de aventuras de verano: bañarnos en los charcos de los barrancos, subir y bajar montañas de la zona, comer frutas de los cercados.

Era esta última la actividad más arriesgada y la más interesante. Había moras con un sabor increíble, uvas crujientes (imposible describir su sabor) y un sin fin de frutales a los que nos subíamos como gatos, hasta el momento en el que alguno gritaba aquello de: ¡que viene el hombreeee!, y a correr, saltar de árbol en árbol, y subir paredes de piedras como auténticos baifos.

Muchos años más tarde, decidí caminar por los lugares de mis correrías acompañado de uno de mis pequeños.

Sentado a la sombra de un gran árbol encuentro a un señor mayor; entre sus dedos sobresale una pequeña cachimba. Es de piel morena, nariz pronunciada y ojos pequeños y vidriosos.

Buenas tardes, le digo.

Él me contesta:

-Buenas y santas. No vendrá usted a entrenar al chico, ¿verdad?.

Una mezcla de sorpresa y vergüenza me llegó de repente.

-¿Me conoce?

-Pues claro, muchacho, siempre te conocí. Y a tu familia también, aunque nunca quise decir nada. Ya no vienen niños por aquí. Ahora tienen de todo. Las maquinitas esas que manejan no les dejan pensar. Y la fruta se cae por sí sola.

Después de pasar un gran rato lleno de sabiduría inmensa y una bondad sin límites, me levanté para marcharme. En ese momento el chico se me escapa y se acercó a un ciruelo.

Cuando quise llamar su atención, el hombre me agarró fuertemente del brazo y me dijo:

-Déjalo. A mi edad, quizás sea el último niño que vea coger fruta de mis árboles

Miguel Rodríguez Romero


 

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1 comentario

  • Carmelo Romero Lunes, 20 Junio 2022 20:52 Enlace al Comentario

    Describes las correrías de nuestros tiempos tal cual. Y lo mejor es el reconocimiento de señor mayor, que nos conocían y sabían de nuestras familias... pero nosotros no destrozábamos, ni cogíamos para vender...sólo nos alimentábamos. Un abrazo Miguel.

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