El ppresidente Feijóo, en el laberinto

nicolasguerraaguiar06112021Cuando Astérix y Obélix (“La vuelta a la Galia”) necesitan escapar de los romanos en la ciudad gala de Lugdunum, sus habitantes los ocultan en el laberinto del casco viejo. Es tan complicado salir de tal maraña de callejuelas que, según el jefe de la resistencia contra los invasores, “estos no se atreven a entrar”.

Permítame, estimado lector, el recurso a tal fantasiosa historieta de Goscinny y Uderzo para ubicar al señor Núñez Feijóo en parecido lugar formado simbólicamente por bifurcaciones, enredos, puñeteras trampas de sus propios correligionarios… donde al hombre, inocentemente y con la noble idea de salvar a su PPartido, lo metieron. Y sin darse cuenta. Si no, ¿cómo puede explicarse que en tan pocos meses el aspirante y recién elegido presidente pepero haya dado un giro de ciento ochenta grados desde lo programático, ideológico e incluso -me atrevo a decir- ético? Vayamos por partes.

El señor Núñez Feijóo accedió(febrero)a la presidencia del PP. Llegó para sustituir al señor Casado, a quien le vaticinaban un rotundo fracaso. Este personaje ya olvidado por sus adoradores, de triste recuerdo, inestable personalidad, grosero y grotesco a veces, agresivo y deshumanizado ("Están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no sé quién, con la Memoria Histórica…") era aplaudido, vitoreado, casi deificado días antes. A fin de cuentas toda la organización electoral pasaba por sus manos. Pero el gélido frío de las fidelidades viró las aclamaciones y estas se dirigieron, en horas veinticuatro, hacia el nuevo presidente surgido en la cuna del dictador, del señor Fraga, del señor Rajoy...

Cuando la guardia pretoriana de Casado, los incondicionales para toda la vida, los de “¡Antes pasarán sobre mi cadáver!”, la más pura legión del PP lo traicionaron, no fue para salvaguardar las esencias del Partido. Consumaron deslealtad y apuñalamiento cuando sus intereses económicos, personales y grupales dieron la señal de alarma. Entonces el señor Casado, investido durante años de espíritu y alma sobrenaturales, se convirtió en “tierra, humo, polvo, sombra, nada” a la manera gongorina. Hoy nada, absolutamente nada hablan de él, perpetuamente condenado a la soledad de las sombras traicioneras. Así hacen esta política, con miserias...

Desde meses antes yo soñaba -los sueños, sueños son- con que llegaría a la presidencia del PP alguien prudente, educado, capacitado, racional, de inteligente dialéctica. Porque el PP personifica a millones de españoles, ha sido Gobierno democráticamente elegido, ha representado la voluntad mayoritaria de los votantes. Y es necesario, imprescindible para conseguir el contrapeso entre fuerzas políticas y, si fuera voluntad de las urnas, volver al poder.

Con todos mis respetos, y a pesar de nuestras muy diferentes concepciones en torno a doctrinas u opiniones relacionadas con formas de gobierno, defensa de intereses públicos o privados, predominio o no de lo social sobre lo particular, servicio a la colectividad o a las minorías…, supuse que el sistema democrático español saldría ganando con la llegada del señor Feijóo, aparente antítesis del anterior presidente del PP(“Guárdense sus carnés de demócratas, de gentes del común, de españoles y de patriotas” fue mensaje esperanzador).

laberintoÉl -desde una perspectiva superficial, sin meter el dedo- aparecía como el hombre ideal para tranquilizar (“Yo no vengo a insultar a Sánchez, vengo a ganarle”), racionalizar y encauzar el disparatado y muy peligroso rumbo del PP durante los últimos años. Los populares necesitaban, urgentemente, la recuperación del centroderecha a la manera europea, serena, prudente, racional y sin agresividades ni influencias fascistas (“Guárdense las soflamas y empecemos de una vez a trabajar como adultos en la política española”).

El candidato Feijóo (soslayo apadrinamientos políticos, fuentes ideológicas, supuestas y peligrosas amistades…) me pareció un hombre de mente abierta, crítico, conocedor de la realidad política, dialogante, sensato (“Yo vengo aquí a hacer una política seria, si no no hubiera venido”) aunque, acaso, víctima de sus mayorías absolutas en las cuatro convocatorias a la presidencia del Gobierno gallego. (Así, por paralelismo, les pasó a los psocialistas: tras varias elecciones aplastantes desde 1982 metamorfosearon elementales principios y se acomodaron a la nueva contraseña del señor González, algo así como “No importa el color del pelo del gato. Lo importante es que cace ratones”. Quizás el caso de los ERE andaluces haya sido el final de un declinante proceso ético, ¡ojalá!)

El señor Feijóo, en fin, una vez elegido presidente del Partido se mostró como un hombre liberal del siglo XXI, a la manera europea.Tenía, como he ido transcribiendo, las ideas muy claras: la política española “ha degenerado en una especie de entretenimiento infantil; que nadie cuente conmigo para continuar tal diversión propia de niños y no de adultos”.

Casi (le falta la experiencia que se adquiere en el ejercicio) como un hombre de Estado al margen de dimes, diretes, confabulaciones por el simple hecho de desprestigiar al contrincante, mentiras, juegos sucios rastreros, más propios de mentes retorcidas (o claramente preocupadas por el omnímodo poder) que de ciudadanos interesados en el servicio a los españoles. En definitiva: lo opuesto al anterior período más definido por racanerias y miserias con honrosas excepciones, por supuesto. No todos los peperos forman parte de esa minoría cicatera y osada por su irracionalidad.

Pero hoy el señor Feijóo anda desvalido y casi perdido en los laberintos del casco antiguo de Lugdunum, la ciudad de la cual lograron salir Astériz y Obélix. Su sentencia de hace días (“Nuestros abuelos y bisabuelos se pelearon y no tiene sentido vivir de los réditos de lo que hicieron”) nada tiene que ver con sus contundentes mensajes de hace pocos meses.

Los muertos rebeldes fueron venerados en iglesias, panteones y con honores. Los leales a la República, perdedores, ¿deben permanecer en las cunetas? ¿Por qué, señor Feijóo? (No puede usted imaginarse las lágrimas de dos mujeres cuando hace once años pudieron enterrar en Gáldar los huesos y el cráneo de su padre perforado por una bala antes de caer al pozo de Tenoya tras su asesinato. ¿Qué delito? Haber sido concejal socialista.)

Nicolás Guerra Aguiar

Actualizado el Sábado, 19 Noviembre 2022 10:30 horas.

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