¡Que vienen las cigarras!

cigarra

Sabido es de todos que estimular cualquiera de nuestros sentidos, en especial el olfato, nos puede retrotraer en el tiempo y devolvernos un recuerdo que creíamos tener olvidado.

Es famoso el ejemplo de la magdalena mojada en té que hizo al protagonista de “El camino de Swann” (primer tomo de “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust) sumergirse en un recuerdo que creyó que se le había borrado de la memoria.

Es el gusto el sentido que hace que el personaje de la citada novela recuerde su pasado, pero también el roce de unos labios puede evocar el primer beso, una palabra o una canción nos trae el primer amor a la memoria, el olor de un membrillo nos traslada a cuando compartíamos dicha fruta en la playa, mojándola en agua salada, lanzándola de mano en mano, y también, como es el caso, una imagen como la que encabeza este relato te puede retrotraer a un ayer que parecía estar dormido.

Pocas veces he visto cigarras (para la mayoría de la gente son langostas o saltamontes) después de mi infancia, pero cuando me he topado con una ellas me he ido más de sesenta años atrás, evocando las tres ocasiones que presencié una plaga, sobre todo la primera, que se me antoja como una escena retrospectiva, una secuencia de cine:

La acción transcurre en un barranco donde un rancho de chiquillos de entre seis y ocho años están jugando a “Huevo, araña o caña”, a “Churro, media manga, o manga entera”, al “Fincho”…; algunos niños se bañan en los charcos que aún conservan agua de la pasada lluvia, a pesar de que ya ha entrado el verano.

Naranjeros, higueras, aguacateros, nísperos y otros árboles frutales asoman al barranco y, en los campos aledaños, hay sembrados de papas, zanahorias, tomates, millo y caña dulce. El calor no ha podido todavía con el verdor que reina en el entorno.

De pronto, en medio de ese ambiente bucólico, uno de los niños mira al cielo y dice:

-¡Mi madre! ¿Eso qué es?

Los demás hacen lo mismo y se asombran cuando ven que el cielo azul se va volviendo canelo con rayas blanquecinas y verdosas, como si se estuviera cubriendo con una especie de nube parda enmarañada que se va a cernir sobre ellos en menos de nada.

-¿Qué diablos es eso?

Espantados, diciendo: “patas, pa qué te quiero”, de manera refleja, se echan todos a correr hacia una cueva que hay a un lado del barranco, su cuartel general, y allí se meten como almas que lleva el diablo, cerrando la entrada con telas de sacos de papas descosidos, colgadas de ambos lados de la boca del recinto, amarradas a dos tachas con hilos de pita.

Un zumbido ensordecedor se apoderó del mundo. Ni tapándonos los oídos se dejaba de oír, y todos vimos cómo chocaban bichos extraños contra la tela de saco. Muchos se topaban contra los riscos de los lados y caían tiesos al suelo.

-Esto es un cigarrón –dijo uno de mis compañeros, cogiendo uno de aquellos insectos–. Mi padre me contó que vienen con la calima sajariana y que devoran todo lo que pescan a su paso.

Un rato más tarde cada uno de nosotros tenía una ristra de cigarras atravesadas por una verguilla fina, que nos pusimos a modo de cinturón, y poco más de una hora después, cuando había cesado el zumbido, salimos de la cueva.

Boquiabiertos nos quedamos al ver el panorama que se presentaba ante nuestros ojos. El color verde había desaparecido de la faz de la tierra que nos rodeaba. Ni una brizna de hierba, ni una hoja en los árboles, cuyos frutos habían sido devorados. Y aquella nube marrón que nos asustó al llegar se alejaba ahora hacia las medianías altas y hacia la cumbre para seguir comiéndoselo todo por parejo.

Días más tarde, en la playa, alrededor de una hoguera donde se asaban potas, mis padres y mis tíos, que eran amantes de cantar, de tangos, boleros y coplas, dedicaron un par de puntos cubanos a la plaga que había invadido la isla:

Malditas sean las cigarras,
que el campo dejan pelado.
¡La madre que las parió!
¡Ojalá las parta un rayo!

Llegaron cual marabunta
y se lo comieron todo.
Para impedirles que vuelvan,
hemos de encontrar el modo.

¡Ay, ay, ay, ay, ay…!

Texto: Quico Espino
Imagen: Batista
Actualizado el Martes, 22 Noviembre 2022 17:35 horas.

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