¿Será cosa de vecindad?

Era práctica habitual por parte del rey de Marruecos Hassan II que cuando las cosas no le marchaban bien en el interior de su país, siempre, o casi siempre, dirigía la mirada hacia España. Por un lado Ceuta y Melilla y los peñones,  eran la piedra de toque reivindicativa de una monarquía medieval que apostando fuerte pudo dar una suculenta mordida al antiguo Sahara Occidental español, pasando por encima de las Resoluciones dictadas para el territorio por Naciones Unidas, en un momento en que la derechona española vislumbraba la desaparición física del General Franco y su tiránico régimen.

Así, desviando la atención, el rey de Marruecos mantenía su trono lejos de algarabías sociales, políticas y económicas en un país que se esfuerza por salir del subdesarrollo con la ya consabida ausencia de cualquier tipo de libertades. Ahora el PP, partido gobernante en España,  hace lo mismo.

Que el Sr. Rajoy es en el sentir popular un mentiroso ya no lo discute casi nadie, que el PP se ha financiado ilegalmente, tampoco, aunque para afirmarlo contundentemente haya que esperar -por respeto a las reglas del juego- por un fallo judicial que no llega. Mientras tanto,  ganando tiempo, desvian la atención hacia esa roca que desde el Tratado de Utrech administra la pérfida Albión.

La vuelta al discurso patriotero, simplón y desgastado, alivia la tensión de un partido en el poder que hace aguas por todos sus flancos, amenazando constantemente la línea de flotación del propio país al que des-gobiernan.

Si el Peñón de Gibraltar está en manos inglesas se lo podemos agradecer precisamente a las políticas ciegas de la corona borbónica española, mal aconsejada por lo que en aquel momento podriamos definir como la derechona absolutista, analfabeta y afrancesada de las clases dirigentes hispanas, no en vano, la Guerra de Sucesión viene a darnos el trasfondo político de la perdida del Peñón a manos de los ingleses, así como la desaparición de España como estado plurinacional, imponiendo las formas administrativas francesas de estado unitario y centralizado, que no pocos dolores de cabeza y sangre derramada nos ha proporcionado a lo largo de los últimos siglos de historia de este solar patrio. Ya desde esos tiempos, el centralismo impulsado por un nacionalismo español trasnochado, aplicó la venganza como moneda de cambio, contra aquellos que se oponian a una corona que ostenta una familia que fue expulsada del trono de su propio país; Francia. De ello saben bastante los Condados Catalanes de entonces, dado su apoyo al pretendiente a la corona de la Casa de Austria o en Euskadi y Navarra por el apoyo al pretendiente carlista casi un siglo después.

Qué socorrido es Gibraltar para desviar la atención de unas políticas basadas en la mentira de un programa electoral incumplido, en la desidia por un país que, nos habíamos creído, se había ganado el derecho a vivir en libertad o al menos, en el imperio de la ley, una ley igualitaria para todos y no para unos pocos como están demostrando día a día los acontecimientos.

El desprestigio de la judicatura, de las intituciones representativas del Estado ya no lo discute nadie, está por los suelos cualquier atisbo de credibilidad de los partidos políticos, de los sindicatos, de las instituciones locales, provinciales, autonómicas e insulares, donde parece que lo más conveniente, según para quien, es virar la mirada hacia una nueva dictadura disfrazada con piel de cordero. ¡Qué miedo me da!

Poco a poco, y en la seguridad de que no pasa nada, nos van quitando los escasos derechos que hemos conquistado con mucho sacrificio y que una minoritaria clase de extorsionadores profesionales se afana en arrebatarnos, manteniendo la mascarada democrática de votar cada cuatro años y engañarnos, sin más, con programas electorales que luego se convierten en papel mojado.

Estos irresponsables y mentirosos hijos de antiguos y trasnochados errores, levantan cuando les conviene la bandera del patriotismo insulso que ya a nadie mueve, más que a aquellos que necesitan imperiosamente desviar la atención para tapar sus vergüenzas con discursos simplones de mediocridad galopante.

Ahora, proclaman, es el momento del sentir patriotero, en una sociedad atenazada por la corrupción, el paro, los recortes sociales, con un panorama bastante desalentador, donde el término España se convierte una vez más, en el discurso impotente que nada dice de una patria que para unos, es sinónimo de atraso, y para otros de castizos procederes, enarbolando de nuevo la existencia de dos Españas, donde una de ellas como ya señaló el poeta, helará el corazón de la otra.

El Sr. Rajoy parece que ha vuelto a mentir descaradamente en sede parlamentaria. Afirmó contundentemente que el Sr. Bárcenas ya no era miembro del PP en cuanto él llegó a la presidencia del gobierno, y hoy, el diario El Mundo, vuelve a demostrar que las mentiras tienen las patitas muy cortas, publicando las nóminas de su extesorero con nada menos que 18.000 euros de jornal, “casi el sueldo base interprofesional de los sufridos españolitos de a pié”. ¿Qué hará ahora el Sr. Rajoy?, ¿se irá o mantendrá lo que él llama la legitimidad de los votos?, legitimidad basada en un engaño masivo (Programa electoral) o, ¿en un arranque de ética ausente, convocará elecciones para que el pueblo español decida sobre este engaño masivo?

Este país, imagino, tendrá que reaccionar, pero lo que de verdad me asusta es de que forma se producirá esa reacción, y aún más, cual será la respuesta de estos mediocres y analfabetos dirigentes que nos ha tocado sufrir, ahí es donde, desgraciadamente, el miedo me atenaza.

Y para que nadie me tilde de antipatriota no me falta más que proclamar: ¡Gibraltar español!.. y dos piedras

Actualizado el Domingo, 11 Agosto 2013 14:37 horas.

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