Yolanda González, una joven estudiante profanada

nicolasguerra2018buenaPermítame, estimado lector, que comience este artículo por el intermedio y con autocitas. Pero quiero dejar patente con ejemplos y palabras trasmitidas bajo mi nombre el absoluto rechazo a la violencia sobre personas, instituciones o ideas rigurosamente aceptadas en un Estado de derecho, por más que la esencia de algunas de las tres variantes no camine a la par con pálpitos definidores de mi conciencia.

Uno. El 8 de septiembre de 2009 gobernaba el PSOE. Ese día Infonortedigital me publicó un artículo: “Esposados por las derechas”. Había sucedido algo que me impactó sobremanera: los señores Romero –publicista- y Durán -exportavoz del PP en el Ayuntamiento de Palma- fueron detenidos por supuestas irregularidades administrativas (“Caso Palma Arena”). Durante su traslado a comisaría ambos iban esposados al mismo grillete, pero este enlazaba sus muñecas derechas. Y así, con todo lujo de detalles, fueron fotografiados cuando salieron del furgón policial: uno de ellos debe pasar su brazo por debajo del izquierdo del segundo detenido.

Pero quiero dejar patente con ejemplos y palabras trasmitidas bajo mi nombre el absoluto rechazo a la violencia sobre personas, instituciones o ideas rigurosamente aceptadas en un Estado de derecho

Denuncié, pues, el trato vejatorio. Se había producido “Un exceso de poder absolutamente fuera de lugar, pues la Constitución considera derecho fundamental la dignidad de las personas”. Añadí: “¿Era necesaria la conducción de ambos detenidos esposados por las derechas [valor simbólico]? Esto impedía la marcha normal, pues han de llevar sus cuerpos físicamente pegados para poder desplazarse. Son ciudadanos con derecho a ser considerados inocentes mientras no haya condena”.

Dos. La sede del Partido Popular en Las Palmas de GC (calle Venegas) fue violentada el 10 de mayo de 2015: gente desconocida rompió cristales a pedradas y pintó con rojo la frase “PP fascistas, verdaderos terroristas”. Dos días después este periódico me publicó “Contra el ataque a la sede del PP”. Consideré a sus responsables elementos “[…] tan apasionadamente desestabilizados, tan en desajuste con los básicos principios de la libertad”. Por tanto, “Me lleva a levantar mis voces para rechazar tales prácticas y reprender a sus autores, materiales e ideológicos”.

yolandaalumnanico

También en este (enero, 2018) vio la luz “A dos años de la agresión física al señor Rajoy” por un joven gallego mientras el presidente andaba en campaña electoral. Así, añadí, “Por enésima vez pregono mi condena sin paliativos a quien agrede a otro. Hoy añado dos casos: el del señor Láinez, asesinado en Zaragoza -según la instrucción, ‘con alevosía y agravante de odio’- por, supuestamente, llevar tirantes con la bandera española. Otro, el de dos palestinos asesinados por balas de soldados israelíes”.

Denuncié, pues, el trato vejatorio. Se había producido “Un exceso de poder absolutamente fuera de lugar, pues la Constitución considera derecho fundamental la dignidad de las personas”

El último de los ejemplos (no de los artículos condenatorios) apareció el pasado diciembre: “Ataque a una institución política, Vox”. La fachada de sus dependencias en Telde apareció con pintadas: “Fachas fuera”. Mis consideraciones fueron muy claras (y muy parecidas a las anteriores): “Pretender expulsarlos [en acción ajena a las urnas] viene a ser tan radicalmente anticonstitucional […] como la propuesta de ilegalizar a los partidos políticos que reclaman independencia”.

Consideré a sus responsables elementos “[…] tan apasionadamente desestabilizados, tan en desajuste con los básicos principios de la libertad”.

Así pues, los cuatro argumentos arriba expuestos me dan cierta autoridad moral para condenar, rechazar y denunciar la agresión perpetrada (11 de enero) contra una simbólica placa sita en el madrileño barrio de Aluche y que el Ayuntamiento colocó el 18 de noviembre para recordar –en el susurro de un jardín- la muerte violenta de Yolanda González, “Estudiante de 19 años secuestrada y asesinada a tiros (febrero, 1980) en acto terrorista perpetrado por militantes de Fuerza Nueva, partido de ultraderecha” (diario.es).

¿Que quién era Yolanda González Martín? Lo dice el cartel: "Yolanda González fue una líder estudiantil, trabajadora y militante del Partido Socialista de los Trabajadores. Luchó por la democracia real, la justicia y los derechos sociales y laborales. Fue secuestrada en su casa, barrio de Aluche, y asesinada por un comando fascista. Tenía 19 años. Estos jardines están dedicados a su recuerdo, que sigue vivo. 1961-1980".

Así pues, los cuatro argumentos arriba expuestos me dan cierta autoridad moral para condenar, rechazar y denunciar la agresión perpetrada (11 de enero) contra una simbólica placa sita en el madrileño barrio de Aluche

Pero no es la primera vez. El 26 de noviembre pasado el periódico ABC da título a una noticia: “Humillación en Aluche. Pintan una esvástica en ‘memoria’ de una asesinada por la extrema derecha”. A la diestra de la página añade tres titulares como información relacionada: “¡Rojos asesinos! (atacan el monolito a las Brigadas Internacionales de Vicálvaro; pintarrajean con loas a Hitler el monolito a las Brigadas Internacionales; atacan la placa de La Nueve, el batallón que liberó París de los nazis”).

La palabra humillación es voz extraordinariamente rica en sinónimos. De las treinta variantes destaco vileza, ultraje, indignidad, bajeza… Y VOX, el diccionario de sinónimos y antónimos que me acompañó a lo largo y ancho de mis casi cuarenta años aularios, anota los adjetivos degradante y vergonzoso como sustitutos de humillante.

¿Que quién era Yolanda González Martín? Lo dice el cartel: "Yolanda González fue una líder estudiantil, trabajadora y militante del Partido Socialista de los Trabajadores.

El periodista de ABC no solo informa con rigor sobre lo acontecido: lleva su indignación a estadios superiores. Entre datos, informes y descripciones dice que la placa “fue vandalizada”, término proveniente del adjetivo vándalo (‘Dicho de una persona: Que comete acciones propias de gente salvaje y destructiva’). Se trata, en fin, de acciones ‘consideradas de odio por la carga ideológica que representan’.

Y dentro de esas “acciones” es menester recordar su historia completa: la gente de Aluche borró la cruz gamada y adecentó el jardín. Pocos días después fue nocturnalmente arrancada y arrojada a la basura. Pero llegaron a tiempo: la repusieron… hasta el 11 de enero. Hoy un manchón negro solo deja leer dos sílabas: la primera del nombre (“YO”) y la terminación “EZ” del primer apellido.

Y dentro de esas “acciones” es menester recordar su historia completa: la gente de Aluche borró la cruz gamada y adecentó el jardín. Pocos días después fue nocturnalmente arrancada y arrojada a la basura. Pero llegaron a tiempo: la repusieron… hasta el 11 de enero. Hoy un manchón negro solo deja leer dos sílabas: la primera del nombre (“YO”) y la terminación “EZ” del primer apellido.

El periodista Carlos Fonseca (No te olvides de mí. Yolanda González, el crimen más brutal de la Transición, editorial Planeta) es incapaz de encontrar respuesta “a tanta inquina” contra una chica de 19 años asesinada cuatro décadas atrás. Yo tampoco.

Yolanda fue asesinada por sus ideas. En mis cuatro artículos citados recrimino a quienes atentaron contra la dignidad de dos sospechosos del PP; escribí frente a quienes apedrearon e hicieron pintadas en las sedes del PP y de Vox; condené la agresión al señor Rajoy y los asesinatos del señor Láinez y dos palestinos. Hoy, ahora, incluyo la profanación de un símbolo.

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