Toñi Toñi sale del grupo

juanferrera“Me llamo Luz Divina de los Girasoles Luminosos. Pero todos me conocen por Toñi Toñi. Por parte de madre, que respondía al nombre fuerte de Antonia María. Y, también, por parte de padre: Antonio Girasoles Húmedos. Ambos conocidos por Toñi. Por eso lo de Toñi Toñi.

Pero si les digo la verdad a mí ni me molestaba. Es más, lo agradecía porque así mis padres seguían presentes continuamente en mi vida. Y en los actos más cotidianos. Viví un tiempo tranquilo y risueño. Si no hubiese sido por la corrupción que nos rodeaba, todo habría sido casi perfecto. En mi calle ya habían detenido a cinco personas acusadas de malversar. Y en la de atrás, la que da al parque, seis ilustres familias de antaño sufrieron la peor de las desgracias: sus hijos respectivos no siguieron carrera alguna, acostumbrados como estaban a estar tan cerca del poder que creían que les pertenecía, y la falta de preparación académica, y humana también, vino a dar con sus huesos en el paro. De ahí que sus progenitores invirtieran sus menguadas influencias en corruptelas varias. Pero yo, Toñi Toñi, vivía preocupada en mis asuntos únicamente. Nunca me tiré ningún pedo más alto que el culo que llevo encima, y detrás, y eso me ha salvado de la quema que nos inunda. No sé si me explico. Además, tuve una familia normal y querida y respetada. Al menos me gusta creer eso, si no fuera por el pequeño incidente en que se vio envuelto mi marido: total, al final, solo fueron tres millones de pesetas, apenas una minucia si lo contabilizamos en euros. Y lo de mi hijo también fue una injusticia y, sobre todo, un ajuste de cuentas. Cuando Antonio María estaba a punto de aprobar las oposiciones a la Administración General del Estado, vino la impugnación. Y vuelta a empezar. Y nos quedamos a dos velas. “Ipsofacto” no solo salimos del grupo sino que abandonamos aquella Colisión en la que el partido entraba. O mejor: nunca había salido de una Colisión Permanente, como esas Comisiones que se forman en el Congreso para cobrar unas dietas por aquí y por allá. En fin, lo que les decía: una familia de lo más normal y decente. Sí, sí: lo de los tres millones de pesetas fue un error administrativo. Nunca se pudo probar nada a pesar del cochazo que nos “compremos” en aquel tiempo; y aún “disfrutemos”: viejo y destartalado. Por eso digo que apenas fue un pellizco. Y porque la Justicia no nos quiso admitir varias pruebas, también amañadas, irrefutables en aquellos aciagos días. En fin, sobrellevamos nuestro dolor como una familia más.

Ya les iré informando.”

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