Víctimas del terrorismo

nicolasguerra2018buenaCorrían 1956, 1960 y 1962 cuando países como Marruecos, Mauritania y Argelia (respectivamente) consiguieron su independencia. Entraban aires frescos y toda África despertaba hacia hipotéticas libertades y descolonizaciones. Los iniciales sabotajes contra instalaciones de ocupación o propiedades del colonizador, incruentos, llevaron a muchos occidentales a considerar la legitimidad de sus actos. Pero después hubo sangre, y todo cambió.

Porque cuando la sangre de víctimas inocentes cubre de rojo asesinatos y produce tragedias, dolor e impotencias entre los inmediatos afectados y familiares, las razones de quienes buscan la independencia de su pueblo o reclaman el derecho a la discrepancia política caen como efecto de la humana salvajada.

Absolutamente ningún planteamiento puede ser legitimado si las consecuencias prácticas implican perjuicios directos o indirectos como los hoy llamados “daños colaterales”, es decir, muertes (asesinatos), taras físicas o psicológicas de quienes pasaban por allí en el peor de los momentos. Caben siete ejemplos.

El atentado a las instalaciones de Hipercor en Barcelona (1987) llevado a cabo por ETA fue eso, un asesinato en masa cual si se tratara de un nuevo campo de incineración nazi. Veintiuna personas, veintiún ciudadanos inicialmente anónimos murieron vilmente masacrados por el terrorismo etarra.

victimasterrorismoComo perecieron también once personas (cinco de ellas, niños) y hubo casi noventa heridos tras la miserable embestida contra la casa cuartel de Zaragoza, 1987. A las 6:10 horas de la del alba doscientos cincuenta kilos de amonal explosionaron: la mayor parte de las víctimas fue sacada de entre los escombros, tal había sido la destrucción de vidas. A esa hora casi todos dormían. No fue casualidad: terroristas mentes etarras lo habían organizado al detalle. (Por cierto: Consuelo Ordóñez, hermana del concejal del PP asesinado por ETA -Gregorio Ordóñez-, insta a Pablo Casado a dejar de "manosear" a las víctimas del terrorismo y declara que la situación catalana nada tiene que ver con el terrorismo de ETA en el País Vasco.)

En nombre del fanatismo islamista cuatro trenes de cercanías sufrieron ataques terroristas (11.3.2004). El Gobierno del PP los atribuyó inmediatamente a ETA, pero las investigaciones policiales demostraron que se trataba de una célula yijadista: así lo ratificaron la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. Ciento noventa y tres personas murieron y casi dos mil resultaron heridas. El momento fue también madrugador: las 7:36, hora peninsular proletaria.

Hace pocos días España solicitó a Brasil la entrega de García Julia, uno de los supuestos asesinos de cinco abogados laboralistas y de CC OO a manos de la extrema derecha (“Matanza de Atocha”), portadora de muertes el 24 de enero de 1977 (iban a por la señora Carmena, ausente aquella tarde).

El pesquero grancanario Mencey de Abona desapareció a pocas millas de la costa sajariana (3.11.1980). Llevaba diez tripulantes: solo fue localizado el cadáver de uno. El cuerpo del señor Quintana apareció atado de pies y manos: lo estrangularon “antes de ser arrojado por la borda” (El Confidencial -EC-, 16.10.1914). Se consideró accidente laboral hasta 2011. Para La Provincia (4.11.2012) la embarcación “fue ametrallada por el Frente Polisario”.

Dos años antes el barco lanzaroteño Cruz del Mar había sido asaltado por terroristas. Siete pescadores murieron y tres lograron escapar. ¿Polisarios? Esa fue la conclusión a que llegó la Policía española: “Fueron identificados por los supervivientes con las fotografías de que dispone la policía […] de naturales del ex Sáhara español [...] expulsados de Canarias” (ABC, cit. EC).

Pero según Diario de Lanzarote (marzo 2018), miembros de la asociación cultural Cruz del Mar pretenden “Seguir escudriñando y saber realmente quién o quiénes fueron los autores de la masacre”. Su presidente, Miguel Ángel Rodríguez, entonces con veintitrés años, es uno de los tres supervivientes: “Fue asaltado con metralletas por 25 hombres rana".

La tragedia del Cruz del Mar, concluye el periódico lanzaroteño, “sigue siendo un enigma y es por ello que la asociación lo tacha de caso abierto". Tres meses después, CANARIAS7 informa sobre el deseo de la asociación: “Editar un texto revisado del acto terrorista”. (Por tanto, ¿puede afirmarse sin duda alguna que fue obra del Polisario? ¿Se identificaron como tales los veinticinco hombres rana?)

A lo largo de 1977 (séptimo aniversario de su creación) el Frente Polisario llevó a cabo varios atentados y atemorizó a una gran parte de los camioneros cuyo trabajo consistía en transportar el mineral desde Fosbucrá hasta El Aaiún, pues los sajarahuis saboteaban la cinta transportadora. Ante el temor, treinta canarios abandonaron su trabajo y regresaron a las islas. En junio, la explosión de una mina impactó en el transportista don Adolfo García Relaño: murió en un hospital de Las Palmas. Paralelamente resultó herido don José A. Timor Domínguez.

Para ACAVITE (Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo), cerca de trescientos españoles (muchos de ellos canarios) “fueron asesinados, heridos o secuestrados en los 70 y los 80 por miembros del Frente Polisario en la antigua colonia española”. Según EC (10.1.2016), su presidenta -hija de uno de los fallecidos- “[…] se muestra satisfecha porque el Ministerio del Interior ya ha reconocido a 130 asesinados como víctimas del terror [...]”. (Tengo una laguna: ¿reconoce a los ciento treinta asesinados como víctimas del Polisario?)

Don Francisco Jiménez, trabajador canario en el Sájara, resultó herido (1977) tras una fuerte explosión cerca de la cinta transportadora. El trabajador, ajeno a intereses empresariales y políticos -hoy “víctima oficial del terrorismo”- quedó ciego y sordo hasta su muerte. Para su hija el impacto emocional fue terrible, tanto como su desazón ante el comportamiento de todos los gobiernos de la democracia por “haber practicado un negacionismo sistemático de los atentados cometidos contra ciudadanos españoles por los saharahuis” (EC). La asociación canaria presentó en el Congreso un escrito (1910): solicitaba “reconocimiento público para los españoles afectados por atentados terroristas cometidos [...] por el Frente Polisario”. Le fue reconocido en 2014.

La asociación y algunos medios sostienen, pues, que el Polisario asesinó a españoles. Muertes, mutilaciones y secuelas que son condenables y echan por tierra cualquier pretendida justificación de su violencia. Pero sospecho que no se le puede adjudicar al Polisario el monopolio de tales barbaries.

En conclusión: el legítimo derecho de países colonizados a sabotear estructuras materiales de sus invasores queda invalidado sin excusa alguna tras las primeras gotas de sangre inocente. Pero tampoco puede negarse que las naciones colonizadoras usaron indiscriminadamente la fuerza de las armas para repeler. Y de eso saben España, Reino Unido, Francia, Bélgica, Portugal, Alemania, Italia… Y este país nuestro también sabe del terrorismo de Estado. ¿Y de sus víctimas?

Actualizado el Sábado, 16 Febrero 2019 04:22 horas.

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