Noticias falsas

leonilojulio2017La nueva moda, ya la instauró el coloso de los Estados Unidos de Norteamérica, es tachar a los demás de embaucadores. Tal reacción responde, invariablemente, a una situación propiciada por él, sin que nadie medie ni ayude en su actuación. Cuando se hacen eco, los medios que no le son afines, poniendo en evidencia la gran metedura de patas (en el profundo charco del desconocimiento), responsabiliza a quienes se prestaron a divulgar con espíritu crítico su tontería. Se trata, no desvelo secreto alguno, del comportamiento del recién elegido presidente nacional del Partido Popular. La noticia que lo puso en el disparadero, la relativa a las adopciones de menores hijos de mujeres migrantes.

Como ya viene siendo habitual, cualquier ocasión y entorno es propicio para soltar la andanada. Tal que si se tratase de una nave corsaria persiguiendo a una posible presa, cuando el recientemente llegado a la presidencia de los populares dispara, lo hace con una potencia de tiro imparable. Siempre es buena cualquier circunstancia, y en esta ocasión sin que hubiese necesidad de ello, quizá en su afán por aportar propuestas favorecedoras de corregir la mermada natalidad patria, opta por las adopciones de hijos de foráneas. Ya algo aportó, en su línea de experto en cualquier cosa, con la cuestión de la introducción de cambios en la ley reguladora de la interrupción voluntaria del embarazo. Si en aquella ocasión hizo gala de su irrefutable conocimiento de obstetricia y ginecología, en esta ocasión nos mostró lo versado que está en las normas que regulan la adopción y la extranjería.

Nos comentaba el buen señor, sobre las ventajas que otorgaría a toda aquella mujer dispuesta a dar a su descendencia en adopción. A nadie se le esconde, que como no podría ser de otro modo, las normas reguladoras de la adopción son muy rigurosas. Sobre todo, en lo que al menor de edad se refiere, y los derechos que le asisten. De ahí, que cuando se busque adoptar, muchas personas opten por hacerlo en algún país extranjero. Quienes han pasado por tales circunstancias, cuando hablan del asunto, refieren la dificultad que supone el proceso en todo su devenir hasta lograr inscribir al nuevo hijo en el Registro Civil. De ahí, pienso que por tal motivo, la disponibilidad del Sr. Casado para, una vez en La Moncloa, facilitar las adopciones sin tener que abandonar el territorio español.

La oferta realizada, sobre la que ha echado un buen puñado de tierra para desdibujarla, consistía en facilitar la estancia en nuestro país a la madre donante. Eso sí, dejando claro que tal sería durante el periodo de tiempo que durase el proceso de adopción. La oferta realizada, como siempre la daba como una de sus aportaciones a España y su grandeza, no tenía en cuenta –quizá en su paso fugaz por Aravaca no tuviese oportunidad de conocerlo– que ya las normas contemplan tal situación. Que quien se encuentre en un proceso de adopción, lo hace con las garantías suficientes como para que, en caso de no tener permiso de residencia, no va a ser expulsada por los datos recabados en tal procedimiento.

Como quiera que la noticia fuese recibida con cierta sorna, que quienes la interpretaron lo hicieron en el sentido de ser una suerte de artimaña para forzar adopciones, los ecos de la misma activaron las alarmas del PP. Rápidamente, como no puede ser de otro modo, surgieron las declaraciones. Todas ellas en la línea de la defensa de jefe, que para eso estamos en periodo de formación de listas electorales. Pero la más singular, vino de nuevo del propio afectado. Sin encomendarse a nadie, teniendo en cuenta que la mejor defensa es una ataque, tildó la noticia de falsa, asignando su origen a los medios de comunicación leales al PSOE. En definitiva, que aquello dicho por él, corregido y corroborado por fuentes del propio partido, cuando resultó no alcanzar los logros pretendidos, fue tachado por una noticia falsa para deteriorar su imagen. Si alguna falsedad hubo en todo este lío, fue la de atribuirle falsedad a lo que él dijese. No solo, sino que como quien anda sobre arenas movedizas, para resolverlo acabó de hundirse aún más si fuese posible. Que cómo, pues actuando como un supremacista, al atribuir a otros políticos, de países en desarrollo, un papel subalterno. Para «mejorar» el asunto, se refirió a que ese tipo de noticias no serían atribuibles, por su parte, «a políticos del tercer mundo», quizá porque no hayan logrado, como él, un máster en el Harvard aravaqueño.

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