La enhiesta espalda del señor Clavijo

nicolasguerra2018buenaCuando el pasado martes el señor Torres tomó posesión como presidente de Canarias (ya no es “del Gobierno de Canarias”), la infantil reacción del señor Clavijo -sentado por imperativos protocolarios junto a don Paulino Rivero, también expresidente- casi resta solemnidad al acto institucional y lo convierte en el epicentro de un movimiento sísmico. Mas no porque su aureolada personalidad dejara en segundo plano al nuevo regidor presidencial, en absoluto.

Muy al contrario: cuando ocupó sitial de honor dio la espalda a su colega de pArTIdo, el señor Rivero, por un quítame ahí comentarios rigurosamente políticos de este sobre “el desastre sufrido” por Coalición Canaria tras las elecciones. (Se trata de la misma espalda que colocó paralelamente al techo de un salón madrileño -Palacio Real- cuando en genuflexa reverencia al jefe del Estado le rindió vasallaje y pleitesía de sumiso fijosdalgo como façían los castellanos en Santa Gadea de Burgos.)Muy al contrario: cuando ocupó sitial de honor dio la espalda a su colega de pArTIdo, el señor Rivero

CC ganó votos tras las elecciones de mayo, es cierto; pero el PSOE la superó: obtuvo sesenta y dos mil más. Y esta vez de nada le valieron prepotencias, desprecios, línea directa con los dioses, entrañables amistades con Madrid, sede central del Partido Popular (por cierto: debo reconocer la valentía del señor Antona por su rebelión contra los dictados provenientes de la metrópoli, reminiscencia colonial). Por ambas razones CC perdió el Gobierno, los cabildos de El Hierro, La Palma y Lanzarote, las superfortalezas ideológicas que son los ayuntamientos de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife... y otros. Debe sumarse la previsible emancipación del Cabildo tinerfeño. Todo en tres meses.

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Muchos fracasos, pues, justifican el encochinamiento del señor Clavijo contra su antecesor en la presidencia del Gobierno, don Paulino, quien en horas cuarenta y ocho responsabilizó a la santa tríada tinerfeña (señores Alonso, Clavijo y señora Oramas) del caos político: “El número de votos demuestra que hay una base, pero lo que no existen son dirigentes leales que hagan posible la ejecución de los programas" (declaraciones a Diario de Avisos).Muchos fracasos, pues, justifican el encochinamiento del señor Clavijo contra su antecesor en la presidencia del Gobierno, don Paulino

El comportamiento del señor Clavijo el pasado martes, acaso consecuencia de su perreta infantiloide, fue de todo menos prudente, educado y cortés. Como persona individual puede dejarse llevar por pataletas, emputamientos, inquinas o desbordamientos de hiel, bilis y humores, es su derecho.

Pero el señor Clavijo no ocupaba sitio preferente y destacado en el edificio santacrucero de Presidencia del Gobierno por ser quien es, sino por otra razón: desde 2015 ejerció como presidente en sustitución, precisamente, del señor Rivero el cual, a la par, reclamaba un tercer mandato, ejem ejem. Y al último expresidente del Gobierno de Canarias y a todos los anteriores se les exigen educación, rigor, comportamientos, saber estar. A fin de cuentas representan al pueblo de Canarias, quien puede sentirse impactado por actitudes poco respetuosas… si no carentes de elemental sensibilidad social.Pero el señor Clavijo no ocupaba sitio preferente y destacado en el edificio santacrucero de Presidencia del Gobierno por ser quien es, sino por otra razón

El señor Clavijo es lagunero. Estudió el Bachiller en La Laguna y también la carrera universitaria. Fue, además, concejal y alcalde de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad. Por tanto, quizás desde la segunda juventud conoció personalmente o de oídas el bodegón La Oficina, muy cerca de Cruz Roja y la iglesia de La Concepción, carretera vieja al aeropuerto. Tal vez hasta mantuvo alguna conversación con don Ramón, inicial camarero y luego su dueño. A la entrada -lamentable pérdida de tan docente y sacrosanto lugar- alguien (¿Gutiérrez Albelo, Verdugo?: no recuerdo) había manuscrito un poema de cuatro versos alejandrinos: “Entra, pasa adelante, que no has de arrepentirte. / El lugar es sagrado y a más acogedor. / La guardia de barricas, dispuesta a recibirte, / puedes verla formada en columna de honor”.

Y como las paredes del bodegón se habían convertido en un abierto, valioso y antológico poemario, hubo un soneto (Gutiérrez Albelo) que viene justamente a cuento sobre el comportamiento (más bien la razón de ser) del señor Clavijo tal mediamañana del pasado martes. Dicen los dos iniciales cuartetos: “Mis versos, buen tabernero, / te dije ayer displicente, / mis versos para los libros / mas no para las paredes. / A mi soberbia de entonces / hoy opongo humildemente: / lo que importa es escribirlos / sin pensar en donde fuere [...]”. Y es en el sustantivo soberbia del verso quinto donde quiero detenerme.No sé si los principios han cambiado, pero en mi etapa infantil camino de la siguiente la soberbia era un pecado capital.

Esta voz proviene del latín superbia (“el que está por encima’). Sus dos significados se relacionan con personas: ‘1. Sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos. 2. Rabia o enfado que muestra una persona de manera exagerada ante una contrariedad’. ¿Cuál de ellos, me pregunto, identifica al señor Clavijo por su desacertado comportamiento de “Como me caes mal no me junto contigo, ¡anda, jeríngate!”? Quizás ambos, sospecho: “Trato despreciativo” y “rabia de manera exagerada” encajan perfectamente.

Cometió, además, un delito de los gravísimos, terriblemente peligrosos: el de soberbia. No sé si los principios han cambiado, pero en mi etapa infantil camino de la siguiente la soberbia era un pecado capital. Tan inconmensurable que iniciaba los siete recogidos en el catecismo: el primero, soberbia; el segundo, avaricia… La displicente pose del señor Clavijo fue, sobre todo, espectacular, de espectáculo público: llamó la atención pero…Pero cabía la posibilidad de salvación y perdón si se aplicaba de inmediato el antídoto de los “contra”, la virtud: contra soberbia, humildad; contra ira, templanza… (¡Angelitos de Dios! ¿Cómo íbamos a saber a nuestros ocho o diez añitos de pura inocencia pueblerina qué eran lujuria, gula, envidia…? ¿Y largueza, avaricia, castidad…?)

La displicente pose del señor Clavijo fue, sobre todo, espectacular, de espectáculo público: llamó la atención pero… no la admiración de sus paisanos, ni muchísimo menos. Mostró carencias: de honorabilidad, cualificada representatividad institucional, categoría política y respeto al más importante acontecimiento de una comunidad cual es la toma de posesión de su presidente.

El señor Clavijo es un hombre inteligente, docto, capacitado: sabe latín. Y como tal persona racional es consciente de su machangada, término definido en Gran Canaria como ‘Dicho o hecho de poca entidad o sustancia propio de niños’. Por tanto, estoy seguro de que se disculpará.

Actualizado el Sábado, 20 Julio 2019 09:05 horas.

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