Sin techo, ladrón, desequilibrado… y negro

nicolasguerra2018buena“El pensamiento de un lobo basta para matar una oveja”.
(Proverbio de la tribu yoruba)

La imagen, estimado lector, es portada de varios medios de comunicación: un hombre, a pie, camina escoltado por dos policías equestres norteamericanos. Lleva las manos esposadas a la espalda y, a la vez, atadas a una soga cuyo extremo termina en laUn siglo atrás la cuerda hubiera hecho de corbata. mano izquierda del agente. Un siglo atrás la cuerda hubiera hecho de corbata.

Sus captores no le quitan la vista de encima. Acaso temen que se revuelva contra ellos: los delincuentes son así de irresponsables y faltones, no tienen vergüenza. Y más este, atracador de bancos nacionales, ladrón de museos obsesionado con la pintura flamenca o cúspide de clan mafioso. Ser dañino para la muy religiosa sociedad USA temerosa de Dios, siempre presente y a quien agradecen “estos alimentos que vamos a consumir” cuando se sientan a cenar el Día de Acción de Gracias.

negro

Excepcionalmente se trata de un negro, algo ajeno a las tradiciones norteamericanas. Y por casualidad y contraste son blancos quienes representan la ley y el orden: cada cosa en su sitio. El negro, por negro, en un nivel inferior. Los blancos, a caballo. Entre jinetes y presa hay holgado espacio para que escolares, conductores e hispanos -acaso atraídos por el silencioso tumulto- no pierdan la oportunidad de nítidas imágenes y contundentes mensajes enviados desde el poder: la pieza Excepcionalmente se trata de un negro, algo ajeno a las tradiciones norteamericanas. Y por casualidad y contraste son blancos quienes representan la ley y el orden: cada cosa en su sitio.capturada hoy “había invadido la propiedad privada” de un gringo. El sistema funciona.

Eso -en la norteamericana tierra regada con sangres, miserias, violaciones y esclavitudes de negros africanos- es la base de una sociedad libre: a fin de cuentas bisabuelos y tatarabuelos fueron también propiedad privada de blancos. Como este a quien exhiben, deshumanizan y muestran como el trofeo recuperado cuando cazaban a esclavos huidos de las plantaciones. (La voz de los yoruba lloró en América cuando los poetas descubrieron su condición de encadenados al amo...)

El negro protagonista, Donald Neely, no va camino de la pira o la cruz del KKK, esa ventaja lleva frente a sus ascendientes cuando la pureza de raza blanca se erigió en justiciera entre policías, políticos, jueces, fiscales…, gentes de bien temerosas de Dios ante el sepulcral silencio de las iglesias… salvo las de negros, claro: a fin de cuentas ellas ponían a las víctimas, así cualquiera.

El “jefe Hale”, responsable de la policía de Galveston, Texas, es buena gente: “Los agentes mostraron un juicio débil en este caso”. Si se tratara de un blanco habrían esperado la llegada del coche policial. Pero era un negro, y los negros están para eso: ¿a quién, si no, se dispara por la espalda, se apalea salvajemente o se descargan cuatrillones de voltios mientras el sospechoso está en el suelo con cinco hombres encima -algunos son negros- para esposarlo… o meterle un tiro entre ceja y ceja, cuello o sien? (¿¡Cuál es el mejor negro!?, El negro protagonista, Donald Neely, no va camino de la pira o la cruz del KKK, esa ventaja lleva frente a sus ascendientespreguntan algunos. Todos responden: “¡El negro cazado y muerto!”.)

Luego vendrán los antipatriotas con noticias y titulares extraterrestres: “Cada 28 horas un hombre negro es asesinado por la policía de los Estados Unidos” -Occupy.com-; comunistas como la Unión de Libertades Civiles de EE UU denuncian la brutalidad policial; profesores de Derecho (Universidad de Carolina del Sur) se refieren a la cultura del 'policía guerrero' que “pone en riesgo a los ciudadanos". O los defensores de derechos humanos, como si no fuera demostrado siglos atrás por la Iglesia que los negros no tienen alma y, por tanto, no son criaturas de Dios. (El fraile español Bartolomé de las Casas fue contundente: los indios americanos sí la tienen aunque... la cultura del 'policía guerrero' que “pone en riesgo a los ciudadanos".de poco les sirvió. ¡Pero un alma negra, que baje Dios y lo vea!)

El negro Neely anda atolondrado. No obstante lleva recio paso acompasado -es el ritmo marcial y sonoro de los fuertes caballos policiales- pues se ve como un héroe en medio de tal despliegue: siempre quiso parecerse a Rambo, a fin de cuentas su cabeza no da para más. Como si se tratara de un personaje galdosiano de La desheredada las gotas de mercurio que allí arriba se desplazan le impiden razonamientos, lógicas, conciencia de su situación: el negro Neely sufre problemas mentales, trastorno bipolar… y no toma medicación (no hay Seguridad Social para un paria). Por esa alteración no es consciente. Pero es negro, puñetera negritud.

Hace ya cuarenta y cinco años que compré Poesía africana. Viene a ser algo parecido a una antología de sentimientos arraigados en sectores de África, pero siempre del África Negra (amor, muerte, el hombre, fuerzas secretas...). Neely sufre problemas mentales, trastorno bipolar… y no toma medicación (no hay Seguridad Social para un paria).Es como si la tradición nos hubiera engañado o, al menos, disimulado la realidad: hablar de África, sesenta años atrás, era como pintar de negro la realidad de tan vasto continente.

Los blancos africanos -Marruecos, Argelia, Túnez…- por el color de su piel no son como los habitantes de Angola, Namibia, Congo…, subdesarrollados y paganos a causa de noches cerradas de sus cuerpos. Así, cuando pedíamos para el Dómund -subían puntos en la clase de Religión y ganábamos el cielo- siempre llevábamos huchas semejantes a pequeñas cabezas de chinos o negritos, y los padritos debían bautizarlos para su cristianización católica.

La relectura de un poema (“Lamento”, tribu azandé) me trajo a la memoria otro de Pedro Lezcano (“Edicto”) escrito para Antología cercada (1947) con un común denominadorPues bien: aunque los traductores no fueron muy sensibles ante rimas y elementales bellezas poéticas, tuve conocimiento de la cultura negra africana eminentemente popular y, por tanto, de trasmisión oral, como los romances españoles. Hoy, ante la foto, recordé el lugar donde se encontraba el libro. Y volví a él.

La relectura de un poema (“Lamento”, tribu azandé) me trajo a la memoria otro de Pedro Lezcano (“Edicto”) escrito para Antología cercada (1947) con un común denominador: “Los sueños han muerto; […] Quisiera llorar, / pero en esta aldea / está prohibida la tristeza” (texto africano). A la par, “Se prohíben los sueños a deshora; / para soñar ya hay decretadas fechas” (Lezcano).

Donald Neely, pues, no puede llorar: los blancos le mataron la tristeza. Tan blancos como quienes le prohibieron a Pedro Lezcano los sueños a deshora con formas de libertad...

Actualizado el Jueves, 15 Agosto 2019 03:04 horas.
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