Investigadores

juanferreraCuando los veranos eran más largos y los cursos comenzaban en octubre, el país entero caminaba a otro ritmo.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, todo se ha reducido. Por ejemplo, los jóvenes investigadores, que viven con becas ministeriales o de gobiernos autónomo, solo disponen de 22 días libres anualmente. Y tengo para mí que para una buena y óptima labor de investigación los tiempos, y los descansos, han de ir acorde con la vida estudiantil. Si a los tres meses no se hace un descanso, el agobio se magnifica y la eficacia disminuye. Si a los tres meses no se establece un paréntesis para poder mirar para otro lado, esa mirada se resiente y la efectividad en la investigación no avanza. Debe haber un tiempo para todo. Y, sobre todo, un descanso real, donde el paso no se pierda y continúe, posteriormente, por el sendero de la becada eficacia. Contra la hiperconexión de hoy en día es difícil luchar; sin embargo, tengo para mí que los días de desconexión deben ser los justos y, así, cada tres o cuatro meses, sería muy efectivo establecer un paréntesis para que las neuronas no enloquezcan de tanta presión ambiental. Por eso, el hecho de considerar a los jóvenes investigadores becados casi como esclavos no es una buena política.

Aunque, como ustedes ya saben, en estos tiempos asirocados las injusticias laborales, que son demasiadas, están a la orden del día.

Y miramos, desgraciadamente, para otro lado.

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