De gallinas violadas a cerebros secuestrados

josejuansosarodriguezTodos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.
Jean de La Fontaine (1621 –1695) Fabulista y poeta francés.

Si rascamos un poco la fina pátina de cachondeo con la que los medios de comunicación y las redes sociales han pintado la noticia de la asociación activista Almas Veganas sobre las gallinas violadas por los gallos, quizás podamos ver las consecuencias de la pérdida de los valores culturales de algunos grupos humanos que ha perdido el norte de sus existencias.

Como algunos de ustedes, amigos lectores, recordarán, con frecuencia y cuando el tema lo requiere, suelo encabezar mis artículos de opinión con la frase "La mejor forma de conquistar un pueblo es arrebatándole su cultura".

Y es que estoy convencido de que esto es así, de que un pueblo cuando pierde su cultura, las señas de identidad que lo identifica, deja de ser un pueblo libre, único y diferente del resto de los pueblos, con lo que es fácil someterlo a las normas de una cultura -anticultura diría yo- universal, donde el hombre pierde su capacidad de razonar, de reflexionar, en definitiva el pensamiento crítico, convirtiéndose en un ser gregario y sumiso que deambulan dentro del redil caprichoso de los grandes grupos de poder que dominan el mundo.

Así, grupos como Almas Veganas, acaso con pretensiones contestatarias a la artificiosa, nada adaptativa y alienante supra cultura universal, han llevado su activismo a un sin sentido que entra de lleno en la estupidez. Porque no hay mayor estupidez que renunciar a una cultura que la propia naturaleza se ha encargado de refrendar, y que desde tiempo inmemorial ha facilitado una mejor adaptación y supervivencia del hombre al entorno particular donde vive.

Estupidez, manda cataplines -no digo huevos por si se ofende algún alma vegana y me demanda-, que se me antoja debida a la falta de pensamiento crítico y reflexivo de estos grupos que, al renegar de su propia cultura, de forma implícita han aceptado ser sometidos por el proceso de globalización, al que de modo paradójico y estéril se oponen.

De esta forma, hemos pasando de la vanidad de creernos imagen de dios -sí un dios con minúscula- a la estupidez de humanizar a los animales. Algo que me preocupa, pues no tengo claro que los animales quieran ser "humanizados".

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