(Im)posturas

leonilojulio2017Como estaba previsto, la reciente exhumación y posterior inhumación (sin solución de continuidad) de los restos de quien diese el golpe de Estado en el año 1936, con el posterior sometimiento a su capricho de toda la población española hasta su muerte en 1975, trajo múltiples y variadas situaciones. Todo el mundo tuvo algo que comentar, sobre todo desde el lado de la política profesional. A nadie habrá de escondérsele la cercanía de las urnas, y por ende el rédito electoral que se busca en cualquier situación, por distante de aquellas que parezca. Esta ocasión no iba a ser diferente, y todas y cada una de las organizaciones políticas que se presentarán el 10N a las generales, tuvieron algo que decir, ya en un sentido ya en otro, pero dijeron algo. En ningún caso aportaron cosa nueva a la situación, si acaso se reafirmaron en el dominio de la majadería, algo habitual entre aquellas.

Quienes ahora andan en La Moncloa, con todos los apelativos que les han asignados por las organizaciones que optan por ello, nos vendieron el traslado de los restos como un éxito de la democracia. El no va más y la resolución de todas las desgracias que nos acucian. Una suerte de solución de todos aquellos conflictos no cerrados, en la modélica transición que nos dijeron, con un cierre definitivo del asunto. Nada más alejado de la realidad, tanto como el execrable número de cadáveres que aún permanecen en las cunetas, lejos de ser devueltos a un lugar donde se les devuelva la dignidad hurtada por el dictador y sus palmeros.

En el PP, como son aficionados a la tauromaquia —dicen defenderla con ahínco— optaron por la división de opiniones. Si ya en su momento mostraron su abstención al acuerdo parlamentario que pedía al gobierno su exhumación, en esta ocasión según de quién se tratase, se podía escuchar una opinión neutra al asunto, como que no iba el asunto con ellos, hasta las manifestaciones conocidas de la Presidenta de la CAM, que opto por la exageración, inherente a su modo de proceder, al referirse a la exhumación. Nada nuevo, o utilizando la terminología del momento, ningún hito innovador en sus intervenciones, más allá del torpe guiño a un posible electorado proclive a las tesis del dictador y sus secuaces, que los tuvo sin lugar a dudas.

No se quedó atrás en esta trifulca el líder de UP, pues desaprovechó la ocasión de no dar motivos a Sánchez para pavonear con el asunto. Su intervención, proponiendo que se pospusiese a después de las elecciones, no fue de lo más acertado de sus declaraciones, y miren que no para de errar con las mismas. Cuando no sabes bien cómo va a sentar tu intervención, quizá habría que optar por el silencio. Sobre todo, porque aguardar al periodo poselectoral para la operación, que ya vimos el escaso tiempo que duró, podría volver a dilatarse en el tiempo. De un lado, porque nada nos indica que la celeridad a posteriori sea idéntica a la que se dio a priori. Por otro, si se dilata demasiado la cosa, sin que el investido sea el representante del PSOE, partiríamos de la línea de salida de nuevo. Con lo que eso supondría.

Nada se puede esperar de quienes, bandera en mano, insultaban a los organizadores de un encuentro de comics. Así, el hecho de que tildaran la exhumación de profanación y no sé cuántas maldades más, no debe cogernos de sorpresa. Seguramente, quienes así se expresan carecen de conocimientos en lo que al término se refiere, de no ser de ese modo, no se explica el porqué de tal salida de pata de banco. Porque según el DRAE, el término profanar viene a significar, en su acepción segunda: «Deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables». Nada de ello ocurrió. Y si bien, cualquier persona es susceptible de respeto, no era el individuo en vida digno de ello, al menos por su proceder. Menos aún durante el acto de exhumación, que si hubo algún momento de desdoro fue el protagonizado por los herederos del dictador. Me refiero tanto a los de sangre como a los ideológicos. Si bien, en honor a la verdad, habría que atribuir un éxito —al menos por el tiempo en los medios— de quienes actuaban como herederos directos de su legado, que no ideología, pues sería mucho atribuir a su comportamiento.

Otros que también participaron de la fiesta, no iban a perder la oportunidad —a esa que pintan calva—, fueron los de Cs. Como siempre que no interviene Arrimadas, fue Rivera quien volvió a dar muestras de su total incoherencia. A actuar de un modo y del contrario. Quienes votaron en el Congreso a favor de la exhumación, resueltos los inconvenientes y traspiés impuestos por los familiares, de sangre y políticos, ya no lo tenían tan claro. No desaprovechó para entrar en su discurso favorito, contraponer dictadores vivos a dictadores muertos y afear conductas a quien, de salirle bien las cosas, podría ser su próximo socio de gobierno.

En conclusión, que una vez más se ha vuelto a evidenciar la afición de nuestra clase política por la impostura, esa que no aclara nada y sí emborrona todo, para hacerlo incomprensible y buscar materializar el refrán de: «a río revuelto, ganancia de pescadores». Lo peor, que pueden ser los pescadores equivocados quienes llenes sus cestas de pescado.

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