Objetivo conseguido

leonilojulio2017Una vez más aparecen los resultados de las pruebas realizadas por la OCDE, lo que se materializa en el denominado informe PISA. En esta ocasión, tras un intento fallido, se publicaron los datos de las pruebas. Los motivos del retraso, unas respuestas que parecieron no encajar con las previsiones. En una primera aproximación, los defectos se atribuyen a unas pruebas novedosas de lectura, que según explican tuvieron respuestas escasamente asumibles y en apariencias sin dar demasiada trascendencia a las contestaciones efectuadas. Así las cosas, comprobado que en nada influía su no publicación en el resto de los indicadores, aparece y, como suele suceder, a nadie deja contento. Sobre todo a quienes cuando quedaban bien en el informe, y lo defendían sin titubeos, cuando no son tan beneficiados, disienten de los métodos empleados.

En cualquier caso, este informe PISA viene a ser un contraste sin discusión alguna de aspectos variados, relacionados unos con el sistema educativo, de modo directo, y otros, no tan relacionados, sí presentan alguna influencia indirecta. No se debe olvidar la tan tristemente famosa LOMCE, de la que estas generaciones, ahora valoradas en el susodicho informe, son el resultado. Ya sabemos, dime de qué presumes y te diré de lo que adoleces. Así sucede en este caso, no olvidemos las mejoras pregonadas por quien fue el padre ideológico de la referida norma. Por otro, también surge otro elemento devastador, la incidencia de la crisis que tiene su inicio aparente en el 2007. Con la crisis, no olvidemos, se incorporan los recortes presupuestarios. Lo primero, en cumplimiento del artículo 135 de la recientemente celebrada Constitución, pagar la deuda soberana. El resto ya podrá esperar, entre tales está la sanidad, la educación y el resto de lo invertido en asuntos sociales.

En estos momentos, si hacemos caso a los índices fruto del estudio, podríamos colegir que estamos en uno de los peores —si a resultados nos atenemos— del sistema educativo. Sin embargo, no parece ser una preocupación que alarme a nuestra clase dirigente. Ni siquiera, por lo que de quiebra supone para el país, esos partidos preocupados (por sus alharacas les conocerán) por la integridad del suelo patrio han dado muestras de querer enmendar los resultados. Bien poniendo los medios para hacerlo, allí donde apoyan gobiernos o forman parte de los mismos, bien aportando ideas para alcanzar el logro. Dicen, quienes han mantenido su mirada a lo largo del tiempo en tales datos, no son tan angustiosos. Solo detectan un mantenimiento en la tendencia de los mismos, un estancamiento si acaso, por la disminución de los índices. Aunque tal, según expresan, no resulta algo demasiado aterrador. Quizá tampoco sea para tanto, como exponen tales estudiosos del asunto.

Lo que sí parece claro, si de cifras comparativas hablamos, es la diferencia que se evidencia en lo que a la inversión se refiere. Si tomamos como referencia la media de la UE, nos quedamos dos décimas por debajo con respecto al PIB. Dos décimas puede que no sea tanto, si bien habida cuenta sobre qué valor se adopta tal cifra, sí que resulta notable; no solo por ello, sino por la diferencia que entre unos y otros países se detecta en cuanto al valor del mencionado indicador. Sin embargo, cuando de lo que se trata es la media de la OCDE, recordemos la organizadora de las pruebas, la diferencia se hace más notable, siete décimas en tal caso. Quizá ahí podría explicarse la diferencia no solo en esta ocasión, sino en las pasadas. Pues la tendencia, en este indicador tan transcendental, sí que ha sido una constante a lo largo del tiempo.

Ante tal estado de cosas, cabe preguntarse si quienes tienen la responsabilidad, voluntariamente adquirida, de gestionar la cosa pública, sienten algún tipo de sonrojo y preocupación —más allá de esas declaraciones altisonantes— por la situación. En otras palabras, si tiene interés alguno en introducir los elementos necesarios para solventar esta realidad del sistema educativo o, sin embargo, encuentran comodidad en la misma y, ante tales hechos, se congratulan por haber logrado el objetivo de ir generando una población carente de conocimientos, dedicada a tareas subalternas. Espero estar equivocado, que a partir de estos resultados tan aparentemente llamativos, surja un pacto de ámbito estatal que tenga como finalidad mejorar el nivel de formación de la población juvenil española, que aunque parezca una obviedad, serán los responsables futuros del país, y eso sí que es un enorme riesgo de ruptura, lo demás, ganas de desviar la atención desde los importante hacia lo supletorio.

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