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Volveremos a echarnos un potaje juntos

                               A veces una frase puede ser muy significativa. La que encabeza este texto me resultó tan entrañable y emotiva como a uno de mis grandes amigos, el cual me sugirió que la utilizara como título de un relato.

Me la dijo por whatsapp, confinada en su casa, una buena amiga mía que, con sus más de setenta años, se propuso empezar a aprender inglés. Hace poco más de dos meses, con cierta inseguridad en el tono de voz, me llamó para preguntarme si yo le podía echar una mano. Claro que sí, le respondí, y entonces ella, ya más resuelta, me habló de un sistema de pago que me hizo recordar tiempos pasados, un sistema de trueque:

-Yo te invito a almorzar y tú me enseñas inglés. ¿Te gustan los potajes?
-Todos. Especialmente el de berros, con gofio amasado con caldo bien caliente, por supuesto –le respondí encantado.
-¿Y el queso tierno?
-Me chifla.
-¿Y la ensalada?
-Uno de mis platos favoritos.
-Entonces… ¿trato hecho?
-Sí, señora. Trato hecho.

Nos veíamos dos veces en semana. Almorzábamos, nos tomábamos el café y nos poníamos manos a la obra con el inglés. Primero el alfabeto, la fonética, el deletreo y un poco de vocabulario antes de empezar con la gramática. Al cabo de un mes ya me mandaba mensajes en inglés por el móvil, me llamaba para preguntarme dudas y me demostraba un interés inusual en aprender a hablar el idioma de Shakespeare, que era lo que más le importaba.

Yo le decía que hablara sin miedo a equivocarse, que lo elemental, de entrada, es hacerse entender, aunque la pronunciación no sea del todo correcta, y ya estaba ella empezando a perder el sentido del ridículo que se tiene al expresarse en un idioma que se está aprendiendo cuando se nos vino encima esta cuarentena ocasionada por un virus.

Casi todos los días de la primera semana de confinamiento nos comunicamos por Whatsapp, para repasar un poco los contenidos aprendidos, y hoy, empezando la segunda semana, me mandó una canción un tanto sensiblera, con la cuarentena como tema, en la que la cantante, también confinada, le dice al hombre que quiere que está deseando volver a verlo, volver a estar juntos de nuevo.

Yo le contesté entonces que echaba de menos a mi gente, mi familia, mis amigos, bañarme en la playa, salir por ahí, entre otras cosas, pero que esto tiene que acabarse más tarde o más temprano; añadí que seguramente aprenderemos algo de la situación tan surrealista que vivimos, porque siempre se aprende de todo, y ella replicó que también echaba en falta a los suyos, que yo llevaba razón en que esto tiene que llegar a su fin, y terminó asegurando que el día menos pensado volveremos a echarnos un potaje juntos.

Y yo, emocionado, dije amén.

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