Virulencia política

juanantoniosanchez2014buenaNunca creí que la clase política fuese tan indigna en momentos tan dolorosos e inciertos para la ciudadanía en circunstancias extrañas, situaciones que claman respeto y se hace necesaria la plena colaboración sin tapujos para resultar ser eficaces; pero en lugar de remar todos juntos, optan por maniobras susceptibles de partidismo desproporcionado. En un Parlamento, lugar de respeto a la sociedad del país que lideran, someten a argumentos inconexos y faltos de valor la razón por la cual fueron congregados, se saltan los eufemismos para abochornar a quienes los escuchan con escepticismo, preguntándose que ha hecho la sociedad española para tener semejantes personajes como representantes políticos.

Cuando la nación se encuentra confinada en sus hogares desde hace ya casi dos semanas, obedeciendo la llamada del Gobierno y concentrado todo su compromiso en poder expulsar la pandemia de nuestras calles, los hay que aun dedican sus discursos banales en atizar a diestro y siniestro con sus obscenidades verbales. Si ya es demasiado patético que los CDR en Catalunya increpen a las fuerzas armadas que fueron destinadas allí para ayudar contra la epidemia, cuando el Presidente de la autonomía es presuntamente un delincuente político y una amenaza a la libertad de la sociedad catalana, cuando el que maneja los hilos de sus vergüenzas se apoltrona en un país al que no representa en una clara mentira de declararse preso para confundir a sus votantes, todo se arrincona en un lugar distinto al que debería ser su afán de colaborar sin más, en dejar las increpaciones para más tarde. Una postura que les pasará factura una vez conseguida la extinción del virus.

Dice el independentismo catalán que su abstención es por pura ética política pero no deja títere con cabeza alentando a sus votantes a seguir con la decisión de saltarse las normas de la solidaridad y retar al Ministerio del Interior a que los militares no puedan hacer nada en Cataluña que el líder no acepte de plena conformidad; mal va aquel que pone en riesgo la vida de la gente por puro sentimiento onírico y ya vendrán las papeletas a ponerles en su sitio en las próximas elecciones.

Pero la obcecación de uno se pone sin querer en la de su acérrimo contrincante, una derecha que genera oposición a cambio de palabras banales exentas de verdad en la lucha contra el coronavirus; se da muy bien colgarse medallas sin riesgo alguno, tal vez por decir algo medianamente diferente de lo que sus colaboradores ultraderechistas abogan. Estos si tienen claro que un discurso de improperios agotador, vulgar y sin argumento, utilizando el patriotismo en favor de su ideología y protegiendo el populismo de sus palabras bajo el sello de la honestidad manifiesta. No duda esta gente en querer mancillar los Derechos Humanos existentes en un país que piensan gobernar algún día, espero que nunca con semejante postura e intenta quitar el favor de la sanidad a los inmigrantes residentes e incluso ilegales sin mirar más allá de su bandera, la de enseñar pecho nacional limpio de coherencia.

Vamos que un Gobierno debe saber como salir de una pandemia porque así lo manda la Constitución, si no sabes te vas lean dicho al actual presidente que ya iremos nosotros a salpicar de imprudencias el camino del fracaso; algo que en estos momentos no se creen ni ellos mismos.

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