La trampa de la anticipación

juanferreraHace ya bastante tiempo que “la anticipación” vino para quedarse. Esta urgencia por adelantar los acontecimientos no es más que otra estratagema (¿neoliberal?) que obtiene sus frutos partiendo de amenazas disfrazadas y con intereses muy variados.

Aún no ha terminado el curso escolar y ya anuncian las novedades y el principio del siguiente; desde finales de noviembre “huele a Navidad”, con toda su amplia gama de propuestas consumistas; sin terminar de comer el último turrón, nos anuncian que “ya vienen los Carnavales por la punta de La Isleta”; ante las recurrentes crisis, el mismo trabajador, sin percatarse de ello, “asume” las propuestas neoliberales de “austericidio”, como si no hubiera otra forma de afrontar la crisis; todavía no hemos salido de la pandemia y nos anuncian irremediablemente la “segunda ola del coronavirus” como quien publicita las rebajas próximas; y el Fondo Monetario Internacional (FMI), el rey de la anticipación, ya habla de las nuevas dificultades económicas; compramos artilugios sabiendo de antemano que su duración está programada y que pagamos más de lo que vale; y, recuerden, nos cogieron en bragas comprando mascarillas y guantes a China porque aquí no se fabricaban: ricos que nos creíamos.

Anticipación

Esta economía de la anticipación, junto con la mentira convertida en argumento y estrella del disparate, no nos deja ni vivir ni respirar. Aún no se ha terminado de realizar una actividad y ya anuncian a los cuatro vientos cómo será la siguiente. Y, así, agachando la cabeza y con un plazo anunciado para no pensar ni reflexionar, nos desarman y, llegado el momento, “asumimos lo que sea”, incluso lo que va en nuestra contra. Y, en el camino, el criterio y el análisis han desaparecido del horizonte más inmediato. Que las Navidades se adelanten supone, en el mundo escolar, que los chiquillos creen que desde primeros de diciembre están de vacaciones y su natural comportamiento se dispara en sentido negativo: da igual que pongas una peli, o que utilices la pizarra digital o internet: las Navidades ya han llegado y no hay más que hablar: vacaciones a la vista y en el aula. Estamos convencidos de que si los períodos lectivos duraran tres meses, con su evaluación correspondiente, nos iría mucho mejor y con esperanzadores resultados: tres meses y parada. Las autoridades, todas, han asumido que los colegios e institutos son guarderías de ocho a dos de la tarde. Y eso no se cuestiona. Además, ya va siendo hora de que la Semana Santa mantenga una fijeza constante y se deje ya la Iglesia, con todo su poder, de cambiar las fechas año tras año por no sé qué cuestión religiosa: a veces, en marzo; otras, en abril. Y así los períodos lectivos se alargan o disminuyen, con la dificultad que ello entraña. Pero me temo que eso no sucederá nunca: “con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”. Ni el Senado tampoco desaparecerá, aunque sepamos que sus funciones sean tan débiles que para nada sirven.

En cualquier caso, esta mentira de la anticipación está acorde con la política, también mentirosa y mediocre, de los últimos tiempos, donde muchos dirigentes luchan más por un titular de prensa que por una política responsable en bien del interés general. Y repiten, así, la mentira hasta que parezca una verdad inalterable. Y, en el fondo, sobresalen sus almas dictatoriales. La trampa ha sido tendida: ya solo nos falta caer en ella. Como, efectivamente, así sucederá. Piensan los políticos que siempre tenemos que mirar para ellos. Y, en estos momentos de crispación, el rumor ya es una noticia. Tiempos raros.

Hasta la siguiente anticipación!!

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