La nueva normalidad

leonilo2020«Pienso, luego estorbo». Dicha expresión aparece en una de las tantas viñetas que nos dejó Forges. Quizá se trate de eso, de imbuir el desapego al pensamiento. No digo que él lo hiciese, al contrario. Sí que estuvo siempre al quite, con esa mordaz denuncia tan propia de su estilo, quizá sin encontrar quién le sustituya. Al menos en su singular modo de hacer. Se echa en falta su sagacidad en una situación como la actual. En la que, con el escaso rigor que ha venido caracterizando el desarrollo y seguimiento de la pandemia, se viene a denominar «nueva normalidad». Si atendemos a tales expresiones, con serena dilección, habríamos de entendernos en un ambiente que nada iba a tener que ver con la pasada. Dicho de otro modo, lo anterior y lo actual, se iban a parecer lo que un huevo a una castaña, o así. Me temo, una vez más, que la realidad y su tozudez lo pone en entredicho.

Si nos atenemos a lo acontecido, con un mero guiño al rigor, vamos comprobando hechos. Tales se contradicen con los vaticinios, los gurúes andan —como siempre sucedió— haciendo lo que más saben: errar en sus predicciones. Basta, para acercarnos a los referidos hechos, con revisar algunas cifras. Una de ellas, en torno a las nueve mil personas (según informa la policía), las detenidas por violencia de género durante el confinamiento. Si nos atenemos a aquellas, a pesar de la importancia del hecho en cuestión, podríamos referirnos a unas tres mil personas por mes de confinamiento. Quizá, si algo tuviese de novedoso la situación que surge tras el confinamiento, puede que sea la resolución —al menos en un futuro— de unas circunstancias que condujeron a ello, me refiero a esa obligada coincidencia, que no convivencia. Eso sí, dando por descontado que nos encontremos con terraplanistas. Quienes, vociferando desaforadamente, aprovechan el eco que les da el hemiciclo del Congreso para arremeter contra hechos contrastados. Vamos, tal como con la esfericidad de la Tierra se pronuncian algunas personas.

Esa «nueva normalidad», a tenor de lo escuchado en donde reside la soberanía popular, que tiene mucho de la anterior. Cuando utilizan, en las sesiones de control al gobierno, a las personas fallecidas como arma arrojadiza. Sobre todo, porque manifiestan una total falta de escrúpulos. Maniobra que viene a representar su marchamo. No es esta la primera ocasión en que lo hacen, no en el desarrollo de la pandemia —de donde se supone brota esa «nueva normalidad»—, sino a lo largo y ancho de nuestra ya adulta democracia. No se nos olvidan las víctimas de atentados terroristas, que fueron utilizadas, y continúan siéndolo, con fines espurios. Eso, a pesar de las palabras del líder de la oposición al referirse al asunto, hueras a tenor de lo expuesto por la portavoz de su grupo político.

Porque, en esta «nueva normalidad», las personas fallecidas vuelven a formar parte de distintas categorías. Estas responden, cómo no, a los criterios previamente establecidos de modo interesado. En esta ocasión, como si con la muerte se pudiese jugar, se trató de quienes han fallecido por causa de la COVID-19. Según la referida persona, de verbo florido y por ende poseedora de la verdad, se ocultan cifras. En esa maniobra de ocultación, según su criterio, se dejarán personas sin homenajear en el acto del próximo 16 de julio. Quizá, las cifras y los datos son susceptibles de incorporar errores, algunas personas quedaran —aparentemente— fuera de tal. Sin duda, sin intención ni interés en ello. Sin embargo, quien es la portavoz de un partido que dejó sin identificar a militares fallecidos en acto de servicio, arenga a las masas refiriéndose a la víctima desconocida. Se apoya, para llegar a tal majadería, en lo acontecido a raíz de la primera guerra mundial. Su erudición sin límites, nos deja atónitos al resto de los mortales. Aún habremos de estarle agradecidos, por abrirnos la mente de tal modo. Recuerda, hagamos uso de la memoria, a aquella apelación a la imperdonable acción de la anterior alcaldesa de la villa y corte. Todo por no reservar los asientos a la nobleza, de la que ella forma parte, no en vano sucedió en la sede de la corte.

Podríamos continuar la relación de similitudes entre la anterior y la «nueva normalidad», porque salvo el ir con la mascarilla en lugares en los que no se pueda mantener la distancia de seguridad, en el resto de las situaciones se dan aquellas. Mantenemos, en esta «nueva normalidad», los mismos comportamientos. De ahí, volvemos a la tozudez de los hechos, las reiteradas recaídas en algunos territorios. Las vueltas a las fases previas a aquella, con el consiguiente deterioro de esa normalidad encontrada tras el confinamiento. Porque, como iniciamos la reflexión, pensar es un estorbo.

Actualizado el Lunes, 29 Junio 2020 19:13 horas.

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