Impuestos

leonilo2020Supongo que puedan recordarlo, a pesar de la fragilidad de nuestras memorias. Hagan un leve esfuerzo, escaso, no es necesario más. Me parece estar viéndolo, con esa manera única de expresarse, de enredar con las palabras —desconozco si intencionadamente— para no dejar claro el mensaje. Quizá, hayan adivinado que me refiero a M. Rajoy, irrepetible desde luego. Se refería, mostrando sentida consternación, a los impuestos indirectos. Concretamente al IVA. Para ello, poniendo en evidencia sus espurias intenciones, apelaba a quienes aún no tenían posibilidad de votar. Sí, se refería a las chuches. Lo que en el DRAE figura como chucherías, si bien él hizo uso del diminutivo: chuches. Según él, el gobierno malvado de Rodríguez Zapatero, iba a dejar diezmadas las posibilidades de su adquisición. Con las consiguientes frustraciones y, como deriva de ello, malestar de sus progenitores. Quizá el mensaje fuese dirigido a estos, que son quienes depositan los votos. Entre esas manifestaciones, contrarias al IVA, se puso en práctica la recogida de firmas. Muy elocuentes las mesas hasta las que se acercaban quienes iban a firmar, sobre todo por ver a quienes estaban al frente de las mismas. En una de ellas, por cierto, Esperanza Aguirre con una de sus ranas; por supuesto, no faltó M. Rajoy. Que una vez logró el poder, en las elecciones adelantadas que convocase Zapatero, elevó el tipo impositivo del IVA. Nada más evidente que los comportamientos hipócritas.

A propósito del ruido por los impuestos, Ferrán Martín, un humorista gráfico catalán lo concretó con la calidad y precisión que suele hacerlo, en una viñeta titulada «la voz de su amo». En la misma —a pesar de la importancia de la imagen voy a intentar describirla— aparece el líder de la oposición megáfono en mano, y siguiendo las instrucciones del tío Gilito, grita a los espacios siderales, para quienes quieran escucharle: nos van a freír a impuestos. Nada más claramente explicado, con respecto al comportamiento de quienes atienden permanentemente a los dogmas liberales, abominando de los impuestos. Lo mismo que hacen los líderes de las corporaciones empresariales, que nunca ven adecuado la revisión del actual sistema impositivo. Eso sí, a renglón seguido piden la prórroga de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleos, en siglas ERTE. Yo nunca dejo de preguntarme, cómo el Estado, sin el compromiso de toda la sociedad, considerando la imposición como un acto de solidaridad y redistribución de rentas, puede abordar dichas actuaciones. Situación, a la vista de los acontecimientos, que está lejos de reflejar dicho compromiso.

En estos días, con fines solidarios dicen, se puso en marcha una campaña destinada a recoger kilos de alimentos para donarlos a quienes, por las actuales circunstancias y por las que ya venían pasando penurias con anterioridad, no pueden acceder a ellos. Se hacía hincapié, durante la promoción de la misma, sobre los fines solidarios y no caritativos de tal acción. Quizá, no lo dudo, quienes pusieron en marcha la misma lo hicieran con esa finalidad. No hay motivo para dudar de sus buenas intenciones, aunque ya se sabe: de buenas intenciones está el infierno lleno. Sin embargo, cuando se debe adquirir tal costumbre muy usual en aquellos maratones televisivos de la época de dictador FF, pone en solfa tal comportamiento solidario. Habrá que recurrir de nuevo, sin querer ser reiterativo, a la redistribución de la riqueza. En otras palabras, a que llegue la misma a todas y cada una de las personas, tal y como se plantea con cierta aproximación con el IMV. En este caso, qué quieren, también se hace necesaria una adecuada aplicación del concepto de la imposición progresiva, que establece el artículo 31.1 de la tan traída y llevada Constitución Española: «Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio». Que para esto, también se habrá de ser constitucionalista, digo yo.

Abundan situaciones, tantas que se podría extender bastante más la presente reflexión. Para muestra, basta con acercarnos a alguna de las conclusiones, o aportaciones de los grupos políticos, de la comisión de la reconstrucción post COVID. En este caso surge la de Cs (la denominación dice mucho, parece que se arroga la representación de la totalidad). Se trata de establecer, de cara a futuros rebrotes, un voluntariado sanitario. La propuesta, que viene a ser algo así como los de Protección Civil, busca disponer de un número suficiente de personas dispuestas a responder frente a las eventualidades, sobre todo la surgida por la pandemia, que puso en evidencia la escasez de personal. En resumen, en lugar de solicitar una mayor contratación, que responda a las exigencias y necesidades de cada momento. Claro que ello supone una mayor inversión en sanidad pública, que en definitiva viene a requerir una mayor inversión en la salud de la población y, cómo no, de una mejora del sistema impositivo, donde las grandes fortunas respondan, como el resto, con una carga impositiva proporcional a capacidad económica. Seguramente, no es el momento.

Actualizado el Domingo, 12 Julio 2020 12:55 horas.
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