Filomena se desmelena

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¡Vaya con Filomena! Llegó por Sardina tan campante, airada ella, y después de desmelenarse, empezó a soplar, a rugir, a bramar, agitando mar y cielo, y así lleva ya casi tres días, que no hay quien la aguante. ¡La madre que la parió!, que parece que el diablo anda suelto por estos andurriales.

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Tiemblan puertas y ventanas. Suenan, crujen, rechinan como si fueran a ceder al empuje del viento, que silba y aulla y retumba.

Vade retro, Filomena. Basta ya, caramba, que nadie te invitó a pasar por aquí, que es non grata tu visita.

Una visita que presintieron las gaviotas …

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… que danzaban en un cielo azul, planeando en el aire, dejándose llevar por las corrientes y por el placer de volar, y que cogieron rumbo a su guarida tan pronto intuyeron el temporal que se avecinaba. También las impulsó a marchar el cúmulo de nubes que vieron venir.

Una de ellas, amenazadora, cobró una forma parecida a un embudo y, por un instante, tuve la impresión de que aquel fonil gigante iba a succionar todo lo que pescara a su paso, yo incluido.

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El azul del cielo, al que las nubes habían cambiado de color, se vio poco después, como por ensalmo, presagiando la noche, teñido de negro, amarillo y malva.

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El Farallón me pareció más lejano que nunca y La Cola de Dragón se difuminaba entre el mar y el cielo, cuando empecé a notar que el mar se rizaba y que el viento me estaba empezando a azotar la cara.

Filomena se está poniendo brava, me dije. Ya la había notado y había pensado en ella, en lo que oí en las noticias, pero no le había dado mucha importancia, mientras paseaba y sacaba fotos, porque decían que afectaba sobre todo a las islas occidentales.

Así pues, después de hacerle una fotografía al Teide, iluminado por el sol puesto …,

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… arranqué para mi casa, perseguido y acosado por el viento, sus embates, sus aullidos.

Y casi tres días después, igual de airosa, si no más, cantante y sonante tras puertas y ventanas, Filomena parece haberse afincado en Sardina. No se ha ido, creo yo, porque no ha llovido prácticamente nada. Hace falta que llueva para que se vaya el viento, según me han dicho los mayores.

Esta mañana llovió un pisco y el viento amainó un ratito, el cual aproveché para subir a la terraza y sacar esta foto:

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Una foto que, como el viento no se ve, no expresa lo que yo percibía. El viento se escucha y a Filomena le gusta hacerse escuchar. Insiste en su empeño. Y sigue ahí todavía, persistente, molesta, machacona.

Yo creo que ya es hora de que Filomena se recoja la melena y de que cierre la boca de una vez. Amén.

Texto e imágenes: Quico Espino

Actualizado el Viernes, 08 Enero 2021 17:08 horas.
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