Contar los pasos

leonilomolina2021En la época en que las películas del oeste americano, fruto primero de las productoras de Hollywood para dejar paso más tarde a las hispano italianas (o italoespañolas), todo se resolvía contando los pasos. En cualquiera de ellas, para solaz de quienes estaban en la sala de proyección, surgía un conflicto entre el pistolero y alguien que pasaba por allí. Siempre, salvo que hubiese disparo previo, se sometían al contaje de los pasos para llevar a cabo los disparos. Alguno, en función de las querencias del guionista, era el afectado por el impacto del plomo. En ocasiones, por aquello de mantener la equidistancia (antes no estaba tan mal vista), salían perjudicados ambos. Todo quedaba sujeto al momento en que se producía el encontronazo.

Fuera de las salas de proyección, aprovechando la convocatoria de elecciones autonómicas, hemos vuelto a contemplar cómo se vuelven a contar los pasos. Ante de llevar a cabo la acción, moviendo a las huestes acompañantes, advierte de ello. No solo, sino que nos recuerdan el número de pasos contados una vez acometido el portento. Quizá también, con ello intentaba amedrentar, porque hizo el ímprobo esfuerzo de contarlos. Así nos relató el número de los pasos dados. Supimos (o supusimos), algo que no estaba tan claro, de su capacidad para contar. Me refiero a ello porque, no sé si alguien hizo tal con él, puede que nos haya contado una de las suyas. La duda no es baladí, bastará con recordar aquella mesa tan dispuesta para nada. Nada con visos de servir para algo. Salvo que tuviésemos interés en hacer un mojo, al pimentón me refiero claro está.

En el caso que nos ocupa, una de las actuaciones previas al inicio oficial de la campaña, la consecuencia ya venía cantada. Como suelen decir quienes andan en líos bursátiles: se descontó con antelación a que el suceso se produjese. Es cierto, otras ocasiones hubo en que nada aconteció. No se le dio protagonismo alguno al optar por ignorar su presencia en otros lugares. Algo que debió suceder en la primera de sus incursiones en un barrio obrero por antonomasia. Sabemos que el no aprecio es el mayor de los desprecios y, sobre todo por el tiempo en los medios, habría pasado sin pena ni gloria. O, por qué no, con más pena que gloria. A pesar de todo, hubo quienes cayeron en el cebo que les tendió, tenían meridianamente claro que nadie les iba a escuchar el discurso y necesitaban del conflicto. Quienes formaban parte del séquito, que no se piense en gente de la zona, eran de su cuerda. Toda la presencia fue el resultado de la asistencia de quienes conforman su comitiva electoral.

El que rompiese el cordón policial, sin que hubiese consecuencias más allá de las que se produjeron con quienes protestaban, resulta cuando menos extraño. En mi opinión, la mejor de las protestas es la propiciada por el rechazo de no dar importancia a sus actos, ignorándolos. Sé que no siempre sucede así; no obstante, si hubo en algún momento una incitación al desorden, no tengo dudas desde donde partió la misma. Insisto en lo de la ruptura del cordón policial, pues quienes protestaban por la presencia de la ultraderecha en un barrio obrero, en ningún momento lo hicieron. Fue el valeroso matón de película del oeste quien, sabiéndose protegido por la policía, optó por retar a quienes protestaban. Recuerden, en el lejano oeste —fuese mostrado por Hollywood o por su émulo hispano italiano— siempre hacía acto de presencia el pistolero retando a quien se le pusiese en su camino. En este caso, se interpusieron a sus intereses de sembrar el odio por los caminos, aprovechando que Díaz Ayuso convocó elecciones anticipadas.

Frente a un contador de pasos, que opta por mostrar el pimentón sobre la mesa de trabajo, la mejor solución es ignorarlo. Eso sí, poner en evidencia con pericia sus bulos para enviarlos fuera de las instituciones. En las que solo tienen cabida quienes defienden la democracia, no quienes mantienen añoranzas por pasados oscuros, los que nos llevaron al mayor de los atrasos.

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1 comentario

  • Balines en la calle Viernes, 30 Abril 2021 20:56 Enlace al Comentario

    Menos mal que después limpiaron con lejía, porque si no...

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