Obituario: Celso Oliva Sosa, un león inteligente, intrépido e inspirador

joseluisjimenez2021Era un hombre amable y paciente con una gran inteligencia emocional y buenos modales a la antigua. Ha fallecido Celso Oliva Sosa. Su intelecto era extraordinariamente amplio -a veces era fácil creer que lo había leído todo- pero también completamente libre. La noticia de su muerte ha sido un foco de dolor colectivo después de una pandemia en la que decenas de familias de Gáldar, y de la zona en definitiva, también han sufrido la desgarradora pérdida de esposos y esposas, padres y abuelos. Después de tantos años de servicio, se sentirá como una despedida adecuada.

Aunque obstinadamente resistente a algunas comodidades del mundo moderno abrazó con entusiasmo el sistema educativo, formó a una buena tropa de profesionales que actualmente ya rozan y superan el medio siglo de edad. Sin embargo, a medida que se fue hartando de la falta de interés por sus clases, fue abandonando la cómoda trayectoria profesional asalariada porque nunca le atrajeron tanto como la independencia de tener su propio empleo.

Su carrera como maestro, el término profesor es una cuestión administrativa, nunca reflejó plenamente sus talentos: siempre estudiaba los temas que encontraba interesantes, en lugar de comprometerse con las oficiales corrientes historiográficas de la época surgidas en los pasillos de Magisterio. No simpatizaba con los enfoques dóciles de la historia de Canarias al ser una especie de marxismo diluido mezclado con prejuicios sobre la 'historia desde arriba'. Las personas individuales eran lo que realmente le importaba. Por eso, desde su conocimiento como nacionalista 'pata negra', no era para nada sectario.

A principios de la década de los 2000 dejó la enseñanza se comprometió plenamente con la vida de un autónomo en lugar de gandulear viviendo de los demás. Una decisión que marcó el comienzo de casi dos décadas de ingresos inciertos pero una productividad sorprendente. Con el apoyo de su familia y de algunos vecinos se hizo cargo de la asociación de vecinos Barranquillo del Vino y Caletón de la Cal. No tengo ni idea de dónde es eso pero sé que en agosto de 2020 llegó una patera a ese espacio costero del litoral norteño y salió el primero en atender a los inmigrantes que llegaban.

¿Anécdotas? Miles. Como cuando en la sala Cuasquías impuso un confinamiento a Javier Krahe porque se apostó con el cantautor que conocía mejor que él sus canciones. Y tuvo razón. Una vez, en mayo de 1997 (no existía el whatsapp), me llamó estando yo en medio de una rueda de prensa en Washington a grito pelado: "¿qué diantres hace un tipo de San Isidro en la Casa Blanca con los Clinton?, cuando regreses me explicas y trae de recuerdo un kilo de gofio de Texas del molino de Bush". El chillido del teléfono interrumpió el silencio de aquella sala y Helen Thomas, la decana, me echó una bronca del carajo con el correspondiente correctivo. Al regreso se lo dije, claro. La más graciosa que recuerdo fue la que contaba de cuando se licenció en Educación. Estaba pendiente de destino y se presentó en las oficinas del INEM a buscar la tarjeta del paro y la funcionaria le preguntó que qué profesión tenía y respondió que actor. La funcionaria, algo contrariada, le inquirió si era cómico o dramático. Y respondió que cómico. La conclusión más persuasiva es que Celso Oliva Sosa creía apasionadamente en la justicia y en el derecho de todos a tener un futuro más allá de conformarse con ser de clase media, por muy malos que fueran sus antecedentes o su terrible situación. Por eso se mezclaba con la gente y le importaba muy poco títulos y apellidos.

Atrajo y capacitó a muchos jóvenes, que fueron enormemente influidos por sus habilidades analíticas, pensamiento lógico y creatividad. A menudo sorprendía en reuniones al ofrecer una interpretación muy razonada pero completamente diferente de sus resultados, y casi siempre tenía razón. Adquirió por esta razón una reputación abrumadora, también porque no soportaba con gusto a los tontos y, en ocasiones, era áspero. Para quienes trabajaron o aprendieron con él, sin embargo, era un león: inteligente, intrépido e inspirador. En 2008, cuando su jubilación, Teodoro Sosa, que fue alumno suyo en el IES Saulo Torón, le recordaba su "deseo de enseñar y educar honestamente, al afán de perfeccionamiento profesional continuado, que ha permitido convertir a muchos jóvenes en grandes ciudadanos”.

 
José L. Jiménez
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