Consultando con la almohada

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Como humanos que somos, estamos llenos de dudas, de indecisiones, de miedo a equivocarnos. La vida nos pone en encrucijadas a veces difíciles. Los más impacientes tiran “por la calle de enmedio” y que sea lo que Dios quiera, pero otros como yo se confían a la almohada y la consultan.

Ella, tan acogedora y blandita, oye tus dudas y tus retahílas una y otra vez hasta que te duermes y al día siguiente ves el problema más chiquito. Entonces tomas una decisión al respecto. A veces aciertas y si no aciertas no le das mucha importancia.

Yo tengo mucha confianza en mi almohada, me está ahorrando mucha pasta en asesoramiento sicológico y en otras de aspecto más mundano. Es mi confidente y amiga desde hace años; la lavo y la mimo mulléndola con frecuencia, aunque una vez le hice traición comprando otra nueva cuando mis hijos me dijeron “por Dios mamá, tira esa almohada, que la llevamos viendo desde chicos!.”

Compré una antialérgica, antiácaros, antinosequé. La mía no la tiré (le tenía mucho afecto) pero la puse en un cuarto que no se usa, y menos mal que no me deshice de ella ya que al día siguiente volvió a reinar a la cabecera de mi cama.

La noche que dormí con la “súperalmohada” no pude conciliar el sueño aunque fantaseara con dormir en una tienda de campaña cerca del mar, arrullada por las olas y rodeada con lo mínimo que una hippi necesita. Siempre me ha fascinado esa libertad. Es la fantasía más recurrente cuando no puedo dormir.

Con mi almohada de siempre da resultado pero con la nueva no. Por eso la cambié. Además… ¿qué sabría esta última de mis recuerdos, de mis sueños felices, de mis pesadillas, de mis amores... y de aquellas mañanas en la que amanecía mojada por mis lágrimas?

Seré una maniática, pero en mis viajes siempre la llevaba en la maleta, reducida a la mínima expresión. ¡Qué bien dormía con ella!, sin despreciar a las del hotel, tan pulcras e impersonales las pobres, como si estuvieran a sueldo.

Me quedo con mi almohada. Tengo muchas cosas pendientes que consultarle. Anoche le hice una muy importante con respecto a las inseguridades que sufrimos.
¿Saben qué me aconsejó?: que fluyera con los tiempos, con los acontecimientos, que sea como el galán del camino, derecho y esbelto, que quiebra el talle al paso del viento (me salió un pareado) pero que nunca se parte sino que vuelve a estar derecho.

Perdonen por humanizar tanto a un cabezal. En realidad somos nosotros que, en el sosiego y la comodidad que se presta al descanso, al día siguiente analizamos mejor cualquier problema.

Por eso yo seguiré confiando en mi vieja almohada.

Texto e ilustración: Juana Moreno Molina

Actualizado el Domingo, 18 Julio 2021 02:32 horas.
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