31 lemas para un diccionario sadalónico de literatura y libros [3/3]

victoriano santana sanjurjo 3BPasandojas. Actividad lectora que consiste en pasar las hojas de un libro mirando por encima su contenido, sin fijarnos en detalle alguno; así, hoja tras hoja hasta que aparece una palabra, un sintagma, una oración… o una señal física o tipográfica, o un no sé qué que nos impulsa a cesar el paseo suprimiendo la “e” de la voz para dar paso a la atención, a la curiosa exploración, a la profunda inmersión en el descubrimiento.

Poema. Composición literaria cuyo contenido se dispone en verso.

Poesía. Cualidad inherente a toda composición literaria, ya sea en verso, ya en prosa; y que se caracteriza por un uso embriagador y altamente estético del idioma.

Poetario. Por analogía con “poemario”, conjunto de piezas comunicativas, ya sean orales, escritas y/o visuales, ubicadas en un mismo espacio y determinadas por el predominio en ellas de la función poética del lenguaje. Este libro, por ejemplo, es un poetario compuesto por soltadas.

Poeticosa. Composición lírica, habitualmente en verso, que parece profunda en su simbolismo, intensa en sus formas, trascendente en su propósito y que no deja de ser una bagatela lingüística que hace perder el tiempo a los lectores y críticos literarios. Conceptualmente, el término viene ligado a la expresión horaciana «los montes se pondrán de parto y parirán un ridículo ratoncito».

Premios literarios. Actividad editorial y/o institucional consistente en varios reconocimientos: la organización reconoce la calidad literaria de alguien, una obra o una trayectoria; la persona premiada reconoce que los premiadores han acertado con su fallo; los participantes derrotados reconocen en el fallo un fallo y lo justifican apelando a los excelentes contactos que tiene quien ha vencido; los buenos lectores reconocen que sería un fallo desatender a alguien que, quizás, merece ser leído; los críticos literarios que se consideran amigos del distinguido reconocen el magnífico ojo que tienen a la hora de escoger sus afectos y el lustre que supone para ellos pertenecer al círculo personal de alguien que ha recibido un relevante fallo; los especialistas no proclives al ensalzado, en cambio, como los no premiados, reconocen el fallo del fallo y el más que evidente compadreo existente entre la organización y el individuo galardonado a tenor del producto tan deficiente que se ha elevado a los altares; los libreros reconocen en el fallo una oportunidad para un negocio que no falle; y el profesorado de literatura, para no fallar, reconoce la obligación de analizar si conviene o no actualizar la lista de lecturas que entrega anualmente a su alumnado.

Siribariby. Voz que puede ser cualquier categoría gramatical y que significa lo que quieres que signifique.

Soltadas. Sustantivo que procede del participio del verbo “soltar” y cuyo significado denotativo es: ‘reflexión de naturaleza improvisada y descontextualizada que se recoge en una porción de texto escrito en prosa y que suele atender, en su contenido, a las inquietudes creativas propias del género ensayístico y, en sus formas, evocadoras en ocasiones de la lengua oral, a la voluntad estética que anhela la expresión lírica’. Otras definiciones dispersas en volúmenes no escritos sobre teoría literaria y composición de textos son las siguientes:

A. «Texto breve e inevitablemente incompleto; emocional en su proyección como respuesta a un impulso expresivo ineludible; pretendidamente académico, profundamente ensayístico».

B. «Admirador del ensayo, deudor de la crónica, libre de ataduras genéricas. Comienza de cualquier manera; concluye como le parece. Es un corchete en medio de una línea de pensamiento en forma de existencia. Surge de repente y, de repente, desaparece. Multiforme. Heterogéneo. No deben reunirse clasificados por temas, aunque contengan asuntos que permitan el indexado».

C. «Una mutación morfológica sincrónica que aparece por la necesidad de una expresión lingüística que, por un lado, huya de las directrices exacerbadas del academicismo de los plurales mayestáticos, que usan con falsa modestia el “nosotros” cuando quieren declarar sus ampulosos “yoes”; y, por el otro, que acote la verborrea bibliográfica que aspira a demostrar que el autor ha leído, aunque sea imposible no pensar que de todo lo que exhala en realidad sea muy poco lo que ha pasado delante de sus ojos».

D. «Expresión que busca ser desenfadada, coloquial, cercana y ajena, como no puede ser de otro modo, a cualquier atisbo de chocarrerismo, vulgaridad o grosería; que aspira a ser poética en su exposición y expositiva cuando bebe del trasfondo de literario; y que se sujeta a una relación dialógica con quien lee».

E. «Un usuario de la lengua española con cierto dominio gramatical pensaría en el participio del verbo “soltar” que, actuando como adjetivo, recibe las marcas propias del género femenino y del número singular. Pero no, “soltada” no es un adjetivo. No necesita adherirse ni vincularse con ningún nombre para tener sentido propio. “Soltada” es un sustantivo que, como tal, designa una realidad».

Taller de creación literaria. Espacio de aprendizaje y convivencia entre los escritores y quienes aspiran a serlo. Repito: «entre los escritores». Insisto: los escritores. Hablamos de una iniciativa que se promueve para que los es-cri-to-res (y no los juntaletras) ofrezcan técnicas sobre cómo abordar un texto poético. Cuánta infamia y osadía la de quienes, sin ser nadie en el mundo de las letras, nos hemos atrevido en alguna ocasión a impartir un taller de creación literaria. ¿Quiénes somos para dar a entender que atesoramos el conocimiento elemental que permitirá convertir en grandes autores a los asistentes? ¿Cómo aceptamos que nos vean como maestros cuando en nada hemos contribuido al arte que pretendemos mostrarles? [Vid. “Mercachifles”]. Cualquier mindundi del tres al cuarto con uno o dos libros publicados gracias al trato mantenido con algún generoso editor ya se considera investido del crédito suficiente como para impartir un taller que solo debería estar reservado para los auténticos y verdaderos escritores.

Tunear. Adaptar un texto clásico de manera que, sin que pierda su esencia, ofrezca una versión del original diferente. La finalidad de este quehacer filológico-creativo no es otra que la de atraer a los lectores menos dispuestos hacia las grandes obras de la literatura universal por vaya uno a saber qué razones. No son se habla de negados para la lectura; no, les gusta y puede que sean incluso aficionados, pero ante títulos tan emblemáticos y representativos como El Quijote, Lázaro de Tormes o El asno de oro, por ejemplo, sienten una desconocida y particular aversión. Los editores-autores que tunean clásicos como los enumerados asumen en todo momento el carácter mediador de su trabajo de recreación; o sea, que las obras que editan no pueden prescindir de la condición que les caracteriza: ser medios, puentes singulares, que sirvan para lograr el establecimiento de un vínculo amable (generador de apetencias lectoras) entre el texto original y los destinatarios de la edición.

Vocación verdadera. Actitud de amor tan abnegado hacia la escritura que todo lo que no sea componer, leer, revisar y compartir carece de importancia para los vocacionales, quienes están siempre al margen de las cuestiones mercantiles. Jamás preguntan por lo que van a cobrar ni piden nada que no sea la posibilidad de disfrutar del placer de la escritura y del gozo de ver lo compuesto publicado.

Victoriano Santana Sanjurjo

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