Romance de La Naval (III)

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IX

Principiando el mes de octubre del año noventa y cinco
los cañones y campanas al tañer dieron aviso.
¡Que la mar ya no era mar! ¡Que era un bosque de navíos!
Que más que de galeones pareciera erial de pinos.
“Templanza tengan, señores, que el vagar es desatino!
Que al igual que aquí han llegado retornan mismo camino”

X

La voz que pide templanza en clamor no encuentra oído
y la nueva, en Gran Canaria, sube barrancos y riscos.
¡Dejen labranzas, milicias! ¡Oculten mujer e hijos!
Anden prestos, sin tardanzas, a ayuntar y hacer cabildo
para defender lo nuestro de bárbaros malnacidos
con espingarda, ballesta, fino puñal o taliscos. 

XI

Los caminos de la mar se llenan de agrestes gritos,
a Santiago o a San Juan, piden vigores y auxilio
o a la Virgen que en Terore apareció en alto pino;
una mano con destreza para dar muerte al bandido
si a nuestras costas se acerca a quitarme lo que es mío,
a quemar mis pobres campos que son el pan de mis hijos.

XII

Desde atalayas y cerros otean lo sucedido,
entre las nubes de octubre y oleaje embravecido
cómo las naos infames ponen babor al castillo
pues a batalla se aprestan, aparejos prevenidos,
los hombres de sangre guanche y ojos enfebrecidos
con piratas bravucones que a robar aquí han venido
José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de la villa de Teror
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