No, no coincidimos, señor Woyming

nicolasguerraaguiar06112021Sirva como introducción: si tengo la oportunidad procuro sentarme frente al televisor para ver de cuando en cuando algunas partes de El Intermedio, espacio casi diario del Gran Woyming en La Sexta. Es un programa ágil, inteligente, de fina ironía... pero mucho más crítico (no digo críticamente apasionado) con algunos partidos políticos que con otros.

Puede hacerlo, claro: la empresa es privada. Y como tal se imponen sus legítimos intereses como a veces le ocurre -pero en contraria sensibilización anímica- a una eclesial sociedad televisiva con sus programas informativos, de tertulia o seleccionados invitados. (Las influencias de todas las televisiones son notorias: “Lo vi / oí en la tele” se vuelve verdad absoluta, certeza indiscutible, credo contundente aunque su argumentación haga aguas por doquier. Lo cual, por otra parte, produce desazón e inquietud: una sola fuente informativa limita la racionalización, el imprescindible contraste.)

Las influencias de todas las televisiones son notorias: “Lo vi / oí en la tele” se vuelve verdad absoluta, certeza indiscutible, credo contundente aunque su argumentación haga aguas por doquier.

Por tanto, procuro conocer los acontecimientos más importantes a través de varios medios de comunicación (fundamentalmente radio, prensa…), pues ya se sabe: a veces noticias, declaraciones o actuaciones tienen distintos enfoques e incluso antagónicos puntos de vista (es el caso, por ejemplo, de la vacunación anticovid) o, acaso, absolutas falsedades, tan frecuentes hoy entre mezquinos polítiquillos y gabinetes. (¿Ponemos nombres, apellidos, siglas?) Otros esconden su identidad en el anonimato para agredir, insultar, despreciar o amenazar. Aprovechan con desfachatez la excesiva permisividad para intentar desestabilizar concretos planteamientos.

Tal investigación de hechos, noticias… me parece absolutamente imprescindible para hacerme una idea más o menos aproximada. Exhaustivo examen, pues tanto de una parte como de otra a veces se imponen los planteamientos ideológicos sobre la información propiamente dicha, pura y encendida como la “rosa émula [‘imitadora’] de la llama” cantada por Francisco de Rioja, siglo XVII. Pasiones, intolerancias, partidismos y radicalismos a la manera yijadista echan por tierra precisiones, objetividades y rigor informativo o de opinión. (No olvidemos, claro, algo básico: son personas.)

Así pues busco en El Intermedio distracción, agudos comentarios, sarcasmo.

Así pues busco en El Intermedio distracción, agudos comentarios, sarcasmo. Mas no -con todos mis respetos- información complementaria a las noticias a pesar de su muy inteligente lema inicial del programa (“Ya conocen las noticias. Ahora, les contaremos la verdad"). Aunque, también es cierto, algunas veces la espera de tal verdad no solo es interminable, se vuelve contra uno mismo o le sucede como al público en Esperando a Godot, inmortal obra teatral de Samuel Beckett: Estragon y Vladimir esperan junto a un árbol su llegada, cuya cancelación les es comunicada por un niño. Ya al final de la obra el mismo (?) mensajero les informa de que Godot no aparecerá. (Su no arribada es algo así como el paralelismo con las promesas de muchos políticos españoles tan pródigos en la izquierda.)

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Viene a cuento lo anterior, estimado lector, porque en mi recorrido por distintos periódicos desde la del alba leo la queja del señor López (digital HISPANIDAD, con Ñ cabalgando sobre la A y la N) en torno a cómo el “blasfemo imbécil” señor Monzón Navarro (“autodenominado el Gran Woyming”) se burla en un programa (hipotéticamente). Investido de obispo y ataviado con alba, mitra, palio… casi a semejanza de tal autoridad católica, parodia al señor Aznar (“¿Qué puñetas tendrá que ver Aznar con la religión? Ni que fuera un modelo cristiano...”. ¡Curiosa observación del articulista, pues yo suponía que el expresidente del Gobierno y todopoderoso en el PP era algo así como la conciencia espiritual y cuasisobrenatural bendecida por abades, deanes, obispos y arzobispos tan a su lado cuando Él gobernaba. Solo faltaron recibimientos a las puertas de las catedrales y traslados bajo generalísimos palios.)

Pero la indignación del señor López llega a su máximo nivel cuando el acompañante de Woyming en la teatralización, vestido de monaguillo, “se hace caca”, el “obispo” se tapa la nariz y dice “En el nombre del padre, y del pijo...”. Con lo cual, pregona, “ofende a Dios, a los cristianos y al buen gusto”. Pero Woyming “solo conseguirá el título de profanador oficial cuando blasfeme de Alá, o de Mahoma, su profeta”.

Con lo cual, pregona, “ofende a Dios, a los cristianos y al buen gusto”.

Consecuentemente me planteo si fue casual el artículo - crónica del mismo día en el mismo periódico en torno a presuntas persecuciones a los cristianos, la “cristofobia” desarrollada en India a través de “episodios violentos” contra la religión, afirma. ¿Acaso premonición, augurio o presagio “las futuras matanzas de cristianos” africanos a manos del “fanatismo islámico de ISIS”? (¿Pregunta usted, interesado lector, sobre la fuente de información que le permite aseverar tal imaginado panorama? Proviene de La United Christian Forum citada por Infocatólica, digital con muy numerosa participación de religiosos católicos.)

Obviamente no voy a entrar en el reto lanzado al Gran Woyming para que blasfeme sobre Alá o Mahoma: mantengo absoluto respeto a quienes creen en la religión mahometana y practican sus ritos y ceremonias en la intimidad de hogares y mezquitas, así como a cualquier manifestación o pensamiento religioso en nombre de Alá, Dios, Confucio, Yahweh, Brahman o Buda.

Por tanto, en el ejercicio de su indiscutible libertad el señor Woyming pudo haber sido más prudente, recatado

Pero los católicos españoles procesionan sus imágenes y nadie dice nada, muy al contrario: los encuentros de Semana Santa son nobles sentimientos de muchos, sí. Pero también son atractivos turísticos ajenos a contenidos religiosos. (¿Convendría, acaso, aplicar a todos el apartado 27 de la Constitución de 1931, “Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser autorizadas por el Gobierno”?)

Y como soy respetuoso, mantengo por convicción y principios que el Estado y la sociedad tienen la obligación constitucional y personal de respetar la libertad ideológica, religiosa y de culto de individuos y comunidades tal como recoge el artículo 16.1. de la actual Constitución, casi reproducción de la citada republicana: “[…] derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión”.

Por tanto, en el ejercicio de su indiscutible libertad el señor Woyming pudo haber sido más prudente, recatado: le sobran recursos y capacidad. A fin de cuentas la secuencia “En el nombre del padre, y del hijo [pijo]” es nomenclatura lingüística relacionada con la Iglesia católica. Y esta, a pesar de inquisitoriales posicionamientos a lo largo de la Historia, tiene sus fieles.

Actualizado el Sábado, 15 Enero 2022 02:25 horas.

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