PHOTOTEX: "Mirador natural"

605. Mirador natural

Es preciso subir a otra azotea para disfrutar de otros vecinos miradores y captar un instante que ni sospechábamos que existía. Claro que la visión óptica de la imagen hace que su resultado sea engañoso; pero es un engaño sin mala fe que invita a pensar y a disfrutar de la Naturaleza más cercana.

Estimado lector: colóquese en posición, en la barandilla de la azotea, y mire lo que enfrente tiene: parte de la Naturaleza: como un manantial que brota incesantemente, donde los distintos tonos de verde hablan de sentimientos y emociones de diferentes hechuras, como si estuvieran atrapados en el lienzo del acuarelista. Sí, ya sé que es mucho imaginar. Pero no se resista y deje volar la imaginación, que se enredará entre las hojas de las palmeras y, después, saltará a las de los árboles cercanos. Entonces sentirá lo agradable que resulta proteger la Naturaleza.

Si le da por mirar a la calle que no vemos, podrá disfrutar de la vecindad, del ajetreo de carros, calesas y de los primeros autos, que esporádicamente transitaban para asombro de los parroquianos, y las voces de sus conciudadanos le devolverán risas y alegrías, bromas de café y alguna que otra angustia. El Mercado le regalará la calidad y variedad de sus productos y el carácter peculiar de sus vendedores, donde de todo hay, que diría el señor párroco. Y volverán los ojos a la verde Naturaleza: refugio de anhelos donde el paso del tiempo se tiñe de otoño en el día gris. 

Es este mirador recién descubierto un paso más en el devenir cotidiano donde la esperanza deja de ser una simple palabra. Con el transcurrir de los años, el verde de enfrente se intensificará más en el corazón de quien mira y con cada rama, con cada hoja, irá añadiendo un episodio más a su vida, donde los recuerdos tratarán de intensificarse en las tardes grises y lluviosas del invierno, en el que el intenso frío se esconderá tras las ventanas que miran a la calle.

Por entonces la azotea quedará sola hasta que con los primeros días de la primavera volvamos a sentirla para que la mirada se recomponga y regrese a su sitio: mirada que camina al lado de cada estación, renovándose continuamente; acaso como la vida misma.

Pues eso: alongarse está bien.

Juan FERRERA GIL

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