PHOTOTEX: "El regreso del pintor"

Rendijas

La imagen que ilustra este PHOTOTEX tiene su historia. Y sirvió para que recuperáramos la mirada de Jorge Oramas, que pintó los barrios de la capital grancanaria en el esplendor del mediodía, donde la luz se intensifica y los colores del paisaje se agolpan por todos los rincones, mestizándose con las sombras, y donde la soledad se verifica en la arquitectura de las casas terreras, alongadas en el risco. Y plasmó, además, el mar como si una mancha fuera: el mar vertical.

Todo surgió por casualidad. Cuando construían el tramo de la circunvalación entre Arucas y Tenoya, por ella caminábamos antes de que los coches se adueñaran de la nueva vía. Y, al pasear, intentamos descubrir paisajes distintos y puntos de vista hasta entonces desconocidos. Y alturas que jamás pensábamos alcanzar. Y nos tropezamos con unas enormes tuberías amontonadas y preparadas para su posterior instalación. Al ir con la inseparable amiga, que es la cámara fotográfica, sucede que la mirada se agiganta e intenta atrapar todo lo que a su lado se mueve, sobre todo, si es nuevo, como fue el caso que hoy comentamos. Se nos ocurrió mirar por uno de los huecos de los enormes tubos. Y lo que descubrimos al final fue el mar azul y una parte de Cardones; justo lo que muestra la imagen. No hay truco ni cartón: solo la visión de un fotógrafo aficionado. Jugamos un poco con el objetivo para encuadrar y nada más. Al ver la imagen en el ordenador, volvimos a recordar inmediatamente el paisaje luminoso que retratara Jorge Oramas de los riscos capitalinos desde su habitación en el Hospital de San Martín, donde convalecía.

El día tan intenso del momento sirvió para que unos simples conductos se convirtieran en los cauces casi perfectos en que la original perspectiva lograba centrarse y detenerse. Al agacharnos, introducirnos ligeramente y descubrir lo que al otro lado había, fue como entrar en un objetivo gigante, como si formáramos parte del engranaje de la cámara: dentro de él la inmediatez había desaparecido, el silencio se convertía en un suave y agradable eco y la imagen captada enmarcaba un lienzo perdido. Fue como atravesar otra dimensión, como si reviviéramos aquella serie de la infancia donde el tiempo se refugiaba en un túnel.

Y comprendimos, tiempo después, que la casualidad había elegido el día perfecto y el momento único.

¡Otro milagro cotidiano!

Actualizado el Jueves, 31 Diciembre 2020 01:53 horas.

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