PHOTOTEX: Casa solariega: Ángeles Trinidad (II)

573. Casa solariega

Cuando Ángeles Trinidad convirtió la habitación del fondo, con su pequeño patio y puerta trasera que daba a la calle de arriba, en una especie de escuela para pobres, sus padres no solo pusieron el grito en el cielo sino que se preguntaban cada día qué habían hecho mal para merecer aquel castigo.

El enseñar a leer y a escribir a los niños más necesitados fue motivo de enfrentamiento: unos pensaban que por tradición y casta estaba fuera de lugar, y otros, tan asombrados se mostraban que ni articular palabra podían. Pero Ángeles Trinidad representaba un nuevo tipo de mujer en un tiempo donde todo debía encajar en su inalterable sitio y continuar en su engranaje: las cosas son como son, le decía su padre cada tarde de café con pastas en la habitación del piano.

Sin embargo, la terquedad de la hija fue la que la salvó de una vida sin matrimonio, sin hijos, sin descendencia y sin amor. Por eso derivó todas sus fuerzas: le encantaba enseñar.

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