San Isidro Labrador en los altos de Teror



(En recuerdo a Paco Grimón y celebración del IV Centenario de la canonización de San Isidro Labrador 1622-2022)



FAMILIA DE DON ANTONIO MASSIEU FEDACUn cronista en 1917 en un día de romería, asombrado ante la hermosura de San Isidro casi perdido entre las alturas que circundaban el valle terorense y la afluencia extraordinaria de gentes que de todos los lugares llegaban a él, describió cercano al éxtasis, lo que allí vio hace ya más de un siglo:

“Enclavado entre riscos, a doce kilómetros de la villa, entre San Mateo y Valleseco, encuéntrase erigida rústica ermita, sencilla en su aspecto externo, de una grandiosidad sin límites revestida, el día en que los sencillos y creyentes campesinos de aquellos pagos, celebran su acostumbrada romería al Santo titular, San Isidro de la Espiga (tal como se la denominaba por entonces)… abajo, saliendo de Teror, marchando por las veredas que la mano del hombre consiguió labrar para el fácil acceso a la ermita del Santo se nos recuerdan aquellos nacimientos que en la pascua de navidad se forman en las casas. Unos y otros tienen veredas tortuosas, regatos de agua cristalina, casas salpicadas en los escondrijos de la selva y sendas por las que afluyen a pié y a caballo centenares de individuos, que del Álamo, los Arbejales, Teror, Valleseco, Zumacal, San Mateo abandonan presurosos sus hogares, deseosos de rendir al Santo, el testimonio de su fe inquebrantable y de su acendrado catolicismo”

Ese fue siempre algo que este lugar, ubicado junto al camino Real, supo siempre conseguir desde los albores de la celebración de su fiesta en el siglo XVII, el que millares de campesinos, hombres y mujeres de toda la isla, curtidos por el sol y encorvados por los duros trabajos del labrantío se pusieran de rodillas ante la imagen del santo patrono pidiendo clemencia y protección para sus personas y sus tierras; hacía ver a muchos intelectuales, desde Viera y Clavijo a Francisco González Díaz, que comenzando el verano le fe de Gran Canaria buscaba refugio junto a la ermita del santo madrileño en estos altos campos. Muchos de ellos afirmaron que aquí el espíritu se levantaba al contemplar la inmensidad de Dios en estas pobres gentes (pero grandes, muy grandes en su fe), ir de rodillas sobre el enriscado suelo a implorar del Santo favores esperados o en compensación de otros recibidos, y se asombraban ante el hecho de que materialistas empedernidos no supieran comprender, porque su ignorancia se lo impedía por muy intelectuales que se pudieran llamar, que Dios estaba aquí en las eras, barranqueras, huertas y montes cuando se entonaba, se rezaba, se agradecía o se suplicaba a San Isidro Labrador.

LA FIESTA DE SAN ISIDRO EL 3 DE JULIO DE 1932. MI ABUELO SINESIO YÁNEZ CONCEJAL POR ENTONCES AL CENTRO CON PAJARITAFue así desde que el 20 de agosto de 1693 se abrió y protocoló, ante don Jerónimo del Toro y Noble, escribano público y mayor de Cabildo, el testamento que hiciera el doctor don Juan González Falcón, Canónigo Doctoral de la Catedral de Canarias, después de su viudedad; por el cual fundaba Mayorazgo de todos sus bienes, incluyendo en él el patronato de la ermita de San Isidro y su célebre Cortijo con la extraordinaria extensión de cincuenta y cinco fanegas.

Éste fue el inicio de lo que aquí ocurre y cuyo origen ya han sabido exponer años pasados mejores mentes que la mía en anteriores pregones.

En esta sucesión familiar, la propiedad, la ermita y sus obligaciones fue heredada por seis generaciones de los Falcón (apellido asentado en Teror tras la conquista) durante más de doscientos años.

Al doctoral Juan González le sucedería su hijo

Jacinto Falcón y Valdés, Regidor Perpetuo de Gran Canaria, Receptor, Ministro calificado y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición, Capitán de Milicias del Regimiento provincial de Las Palmas, y Alcaide del castillo principal de Nuestra Señora de la Luz; que casó en esta misma ermita, con doña Constanza María Navarro, y con quien fue padre del siguiente propietario

Ventura Isidro Falcón y Navarro, también Regidor Perpetuo de la Gran Canaria, Capitán del Regimiento de Milicias de Las Palmas y Alcaide del castillo de Santa Ana, y que casó en el Sagrario-Catedral, el 2 de febrero de 1719, con doña Teresa Antonia Ramos Bravo de Laguna Collado y Van Damme.

Jacinto Agustín Falcón y Bravo de Laguna

Agustín Falcón y Béthencourt, que casado con doña María Antonia del Castillo-Olivares y de la Barreda, hija primogénita del Coronel de los Reales Ejércitos y de Milicias provinciales don Juan Fernando del Castillo-Olivares, fueron uno de los matrimonios más destacados del archipiélago por su cuantiosa fortuna.

Antonio de Padua Falcón del Castillo-Olivares.

Agustín Falcón del Castillo. Falleció don Agustín Falcón, último poseedor del mayorazgo de San Isidro por herencia, en Tafira el día de Nª Sª del Pino de 1862.

Antonio Massieu y Falcón fue el siguiente propietario, no por herencia sino por compra a los herederos de su tío. Fue hijo de don Nicolás Massieu y Béthencourt, nacido en Las Palmas a 27 de abril de 1817, y de doña María de los Reyes Falcón (hermana del último propietario por vía de descendencia), nacida el 21 de abril de 1813.

Antonio Massieu nació el 2 de abril de 1849 y casó en el Sagrario Catedral de la Las Palmas el 17 de mayo de 1875 con doña María del Carmen de Matos y Moreno, hija de don Pedro de Matos y de Matos, Mayorazgo de esta Casa y Maestrante de Sevilla, y de doña María del Carmen Moreno Benítez de Lugo-Grimaldi, su primera mujer. Adquirió el Cortijo de San Isidro por compra a los herederos de su tío materno, don Agustín Falcón, y falleció en Las Palmas el 22 de marzo de 1920, dejando los siguientes hijos:

• Nicolás.
• Otilia Micaela María de los Dolores.
• María.
• Pedro.
• Juan y
• María del Carmen Massieu y Matos.

PROCESIÓN DEL DÍA DE SAN ISIDRO 1948 I

Pondría en venta años más tarde, por la entonces novedosa fórmula del anuncio en prensa, que decía así en 1902.

“Se venden fincas en Santa Brígida y otra en los Arbejales llamada San Isidro. Informará D. Antonio Massieu en la Angostura”

Tardó en venderse y en 1905 se anunciaba:

Se vende el cortijo llamado de San Isidro en la jurisdicción de Teror, plantado en su mayor parte de nogales, manzanos y castaños. Tiene también terrenos para ganado y de labranza. Informará don Antonio Massieu Falcón, Mayor de Triana 105”

En 1907, don Vicente Quintana Domínguez, su hijo del mismo nombre y su yerno don José Navarro Domínguez, vecinos del barrio de Arbejales, compraron a don Antonio Massieu el Cortijo de San Isidro, y sus descendientes son sus actuales propietarios. En 1912 don José Navarro compraría las partes de su suegro y cuñado, procediendo en 1915 a una profunda restauración tanto en la ermita como en la vivienda.

PROCESIÓN DEL DÍA DE SAN ISIDRO 1948 IIPor herencia llegaría a Francisco Grimón Navarro; que supo durante toda su vida dar a San Isidro el valor, la estima y el respeto por todo aquello que era en conjunto ermita, casa, historia, fiesta y tradición. En suma, valor de patrimonio de Canarias. Fallecido en diciembre de 2019; el pleno de la corporación terorense, atendiendo lo propuesto por la Asociación de Vecinos Trilla La Era, aprobó el 27 de agosto de 2020 nominar la plaza ubicada junto a la ermita como Plazoleta Francisco Grimón Navarro, considerando que éste dejó “su impronta en el municipio, así como en el barrio de San Isidro, a través de su colaboración desinteresada en pro del beneficio de todos y todas”.

La pertenencia familias de reconocido prestigio en el municipio y en de la isla, relacionada con las más altas instancias del poder en Canarias, haría que el Cortijo fuera conocido y visitado durante estos dos siglos, como ya he dicho, por multitud de artistas, periodistas, intelectuales y que, entre otras cosas, sirviera para que la Real Sociedad de Amigos del País utilizara sus tierras para introducir en el siglo XVIII el plantío masivo de castañeros y nogales para introducir en la isla la artesanía de la tonelería.

Este absentismo no sólo en lo físico sino algunas veces en lo espiritual no cuadraba bien con los pobladores campesinos de Teror y su entorno que jamás entendieron sucesos como el de que la ermita fuera utilizaba por don Antonio Massieu, finiquitando el siglo XIX, como almacén de la recolección de castañas, lo que trajo consigo una sanción por parte del obispo; que por esta muestra de indecorosa falta de respeto a lo santo del sitio prohibió la celebración de ritos religiosos en esta ermita durante casi una década.

Mientras, el pueblo llano luchaba por los avances de todo el lugar y progresos como el de la carretera se debieron al esfuerzo de los campesinos y los políticos terorenses. Ésta, la vía que acercó el pago al resto de la isla y permitió un más fácil acceso, fue incluida en el plan general según ley de 20 de julio de 1893 (aunque no se culminaría hasta mucho más tarde) con el trazado inicial de Teror a Valsequillo por San Isidro, Utiaca, San Mateo y Tenteniguada.

PROCESIÓN DEL DÍA DE SAN ISIDRO 1948 IIILA FIESTA

Por estas y otras razones, fue siempre festividad muy ligada al pueblo.

Ya en 1903, principiando el siglo XX, se decía de ella que era “una de las pocas fiestas típicamente regionales que nos quedan. En aquel lugar se ve a las romerías que discurren por entre montañas presentándonos a hermosas mujeres elegantemente ataviadas y descansando sobre sus cabalgaduras cubiertas con colchas multicolores tejidas en el país; y bajo aquel bosque de frondosos castañeros, las cajas de turrón, los tercios de vino, las cestas de fruta, los blancos ventorrillos, los bailes característicos del terruño”

En 1917, una crónica de un veraniego periplo de veraneantes nos dice de San Isidro que está enclavado entre riscos, a doce kilómetros de la villa, entre San Mateo y Valleseco, encuéntrase erigida rústica ermita, “sencilla en su aspecto externo, de una grandiosidad sin límites revestida, el día en que los sencillos y creyentes campesinos de aquellos pagos, celebran su acostumbrada romería al Santo titular, San Isidro de la Espiga. Seguramente para los que conocen las bellezas de la Suiza europea y son amigos de afirmar que todo lo extranjero es mejor que lo de España, pregonarán, a voz en grito, que no hay paisaje comparable con el que se vislumbra en aquel país, cuyas montañas nevadas parece que se elevan hacia el cielo, desde la inmensidad del océano que semejan los lagos que en él se encuentran. Pero al que haya recorrido Galicia, Asturias y Santander y escudriñando las reconditeces de sus montes y de sus valles primorosos haya analizado la belleza con que la madre Naturaleza dotó nuestro norte, no podrá menos de extrañar que nuestra Península encierra bellezas comparables en un todo, sin perjudicarse en la comparación, con las que atesoran algunas regiones europeas. Pues bien, a todos los que atentamente conozcan estos panoramas les invitamos a visitar el que se descubre, desde lo alto del castañal, en el pago de San Isidro, y terminarán afirmando que en nada desmerece de los anteriores. Desde abajo, saliendo de Teror, marchando por las tortuosas veredas, que la mano del hombre consiguió labrar, para el fácil acceso a la hermita del Santo se nos recuerdan aquellos nacimientos que en la pascua de navidad se forman en las casas. Unos y otros tienen veredas tortuosas, regatos de agua cristalina, casas salpicadas en los escondrijos de la selva y sendas por las que afluyen a pié y a caballo centenares de individuos que del Álamo, los Arbejales, Teror, Valleseco, Zumacal, San Mateo abandonan presurosos sus hogares, deseosos de rendir al Santo, el testimonio de su fé inquebrantable y de su acendrado catolicismo. El más descreído emocionase al ver millares de campesinos que, curtidos por el sol y encorvados por los rudos trabajos a que se dedican, póstranse de rodillas ante la imagen del santo patrono pidiendo clemencia y protección para sus personas y sus tierras; y el corazón se anonada y e! espíritu se levanta a contemplar la inmensidad de Dios, al ver a aquellas pobres gentes, grandes en su fé, ir de rodillas sobre el enriscado suelo a impetrar del Santo favores esperados o en compensación de otros recibidos, para los que, materialistas empedernidos no sepan comprender, porque su ignorancia les impida ver en la fé de los demás, la existencia de Dios, acudan a la fiesta de San Isidro de la Espiga a contemplar conjuntamente con la belleza de la Naturaleza, la de aquellas campesinas, con sus sueltos cabellos rizosos, sobre los hombros que permiten en ese día ser vistas en forma tal porque el cumplimiento de una promesa religiosa a ello les obliga. Y si después de admirarlas, piensan que jamás mujer alguna se presenta en público, a ciertas edades, con su pelo suelto y tendido sin exponerse a ser juzgada de un modo indigno, terminaran con nosotros afirmando que la fé solo salva. Al recuerdo de ese día irá asociado conjuntamente el nombre de D. Chano Medina, amigo de corazón a cuyos favores y el de sus convecinos debo tan gratos recuerdos los que unidos a ser ese el día en que tuve el honor de conocer e intimar con una de las glorias de nuestra literatura D. Francisco González Díaz hará que no se borre en mi memoria la fiesta de San Isidro de la Espiga”

FRANCISCO GRIMÓNUn tiempo después, en 1923, el programa de actos, organizado tradicionalmente por comisión al efecto, prometía estar aquel año más lucida que en los anteriores, con fuegos artificiales, función religiosa con panegírico a cargo de un buen orador sagrado, procesión acompañada de una banda de música, bailes regionales yo otros interesantes números.

O en 1931, en el que, por no haberse podido celebrar con la solemnidad de costumbre la fiesta del Santo agricultor, el primer domingo debido a la tormenta caída aquel día, las solemnidades se trasladaron al primer fin de semana de agosto

También en 1939, el programa de actos organizado por la comisión dejaba constancia de que, tras la misa rezada a las ocho de la mañana, se comenzaría a la bajada de rama y la colocación de banderas para adornar las calles y plazas por donde habría de pasar el santo en procesión.

En 1948, Juan Carló la describía así: “Se oye el rasguear de las guitarras. Enronquecidas gargantas entonan canciones nuestras, que tienen sabor de tierra recién labrada. Un grupo de mozas, tocadas con grandes pañuelos de abigarrados colores, penetran devotamente en la pequeña ermita. Hombres y mujeres, duros trabajadores del campo, gozando Ingenua e intensamente de aquella ligera interrupción en la labor diaria, deambulan por el reducido espacio del caserío engalanado. Los puestos de frutas y turrones se ven asediados por grandes, y chicos. El "retratista" no da abasto para atender a su clientela; la fiesta de San Isidro está en su apogeo. En las lomas vecinas, bajo la sombra acogedora de los castañeros, abundan los tenderetes y en la explanada, una desafinada orquesta ameniza el improvisado baile. Animación y sana alegría reina por todas partes, mientras en la casa del mayordomo, que se desvive para atender a sus invitados, la gente "principal" contempla el espectáculo. Las libaciones son frecuentes en el entoldado y las isas, folías y malagueñas se suceden sin interrupción. La damita rubia de pulidas uñas y la ruda labriega de tostada piel -auténtica democracia del corazón- forman delicioso y encantador contraste. Abajo, en la carretera, la interminable fila de coches se abre difícilmente paso por entre la multitud. Al caer la tarde, con pena, dejamos el lugar. Por sinuosa carretera el coche nos conduce hacia Teror, y desde un recodo contemplamos el soberbio espectáculo que presenta desde aquella altura la preciosa Villa de nuestra Santa Patrona. ¡Tierra de Gran Canaria, bendita seas!”

Todo ello fue creando un evento de un alto valor etnográfico que hizo que personas tan interesadas en la cultura de nuestra tierra como el periodista Luis Jorge Ramírez en 1968, propusieran la declaración de si interés y su inclusión en el calendario de las fiestas más importantes de España. Argumentaba Luis Jorge, como un detalle de valor singular el contar con una procesión de varias imágenes pequeñísimas de San Isidro, la Virgen del Rosario, San José y Santa María de la Cabeza, lo que hacía este acto distinto a todas las demás procesiones que en la isla de Gran Canaria se celebraban.

Además siempre contó con el apoyo y participación de grupos folclóricos, parrandas, rondallas, de toda la isla, que han apreciado estas peculiaridades de la Fiesta de San Isidro, participando, haciendo romería y creando canciones como la célebre Isa que el terorense Eduardo Vallejo Cabrera creara mediando el pasado siglo, y fuese interpretada por algunos de estos grupos, como el de Los Labradores de Valleseco, hasta que La Parranda de Teror la grabara en su primer disco de 1991 “Asómate a tu ventana” haciendo que sus sones y su letra tuvieran ya amplísima difusión:

Vamos pa San Isidro,
vámonos todos que ya es la fiesta.
Vamos a ver al santo
de las cosechas.
Que me gusta la fiesta
de San Isidro, junto a la era.
Que me gusta, Dios mío,
por parrandera.
San Isidro, labra, labra,
quita el sol y pon el agua.
San Isidro, labrador,
quita el agua y pon el sol”

PLAZOLETA FRANCISCO GRIMÓN NAVARRO 15 5 2021

A fines de la década de 1950, la secular fiesta de San Isidro seguía valorándose al igual que hoy por ese aspecto, ese olor, esa esencia de festejo valioso de mayores, de vestigio de tiempos en que las cosas se hacían de forma más sencilla y el resultado era siempre bueno.

Nada ha perdido aquel lugar de su tipismo y del encanto que tienen los rincones viejos. Es verdad que la carretera trae bocinazos y gasolina y claxons, pero la ermita está a espaldas y se encarama un poco arriba para conservarse y huir de todo esto. Hay que subir 20 escalones de piedra muy gastada ya, y avanza por una rambla empedrada para llegar a la casa del Santo. Eso es la ermita. Una casa más del grupo de viviendas que se cobijan bajo la arboleda. Tres altas palmeras, dos pinos esbeltos, muchos álamos negros, laureles y subiendo y bajando por los repechos y las laderas muchos castaños, nogales, higueras con toda la variedad de los frutos de la época, albaricoques, ciruelos, cerezos, guindos. Cuentan que ya aquello no es ni la sombra de lo que era en arboleda. Era San Isidro un bosque tupido de toda clase de árboles sobresaliendo el castaño que dio nombre a la fiesta en otro tiempo. “La fiesta del Palo”. Todos los líos entre los hombres y muchachada se arreglaban en San Isidro. “En San Isidro nos veremos. En San Isidro aclararemos esto”. Y la aclaración era un gajo de castaño que tremolaba implacable entre el grito de las mujeres y el afán de los mayores en separar a los contendientes… Nada impedía estas ingenuas algaradas de antaño para que el rasgueo dulce de la guitarra de los grupos parranderos quedara prendido bajo la sombra, donde se comía y se bailaba en intimidad familiar. Y aun hoy quitado el baile, las parrandas en grupos pintorescos de vida buena y sana alegría, ponen una íntima nota de encanto de auténtico canarismo… Se canta a la Virgen del Pino, se cantan folias ingenuas e isas y malagueñas. No pegan allí otros cantos…Tiene la pequeña y mona ermita 6,25 de fondo por 4 metros de ancho. Su puerta redonda y gacha. Hacia un lado una risueña espadaña con un viejo esquilón que suena cargado de herrumbre. A ambos lados de la puerta unos poyos o asientos de losas. La placetilla es como un patio interior con su muro carcomido de cerca y su empedrado y la vivienda del mayordomo de la ermita con su escalera exterior que arranca desde el patio y su balconada abierta al paisaje con la tea rezumando resina. Tiene la ermita un retablo sencillísimo pintado de blanco y con tres hornacinas y en lo alto otra pequeñita, llena de flores artificiales en torno a un Cristo. El altar es de mampostería y tiene la curiosidad de tener como frontal casi unos cien ladrillos pequeños con motives marinos. Unos mosaicos bonitos espejeantes de color azul y blanco. En la hornacina central está la Virgen del Rosario. Y a ambos lados San Isidro y Santa María la Cabeza. En un lateral está un hueco de ventana cerrado y en él la preciosa y pintoresca imagen de San Antonio con su Niñito Jesús. Un San Antonio muy simpático con un vestido cuajado de valioso dorado. Junto al santo franciscano está San José llevando del brazo al Niño. Estas imágenes tienen todas ellas la gracia de lo rústico y sencillo. Imágenes pequeñitas, casi, casi, como muñecas serias y formales. San Isidro es el mayor y sólo mide sesenta centímetros incluida la peana. Últimamente tiene la ermita la imagen de Santa Teresita del Niño Jesús y aunque es de fina hechura desentona porque tiene el aire y hasta el olor de los talleres catalanes. Y estas seis imágenes en andas pequeñas sin faldones en simpática y piadosa ringlera, van bajando entre el gentío, la pendiente empedrada buscando la carretera. Parece aquello como si un papiro o viejo pergamino siluetado de viñetas se fuera desenvolviendo bajo la arboleda. Allí anda en la fiesta el burrito con el cerón lleno de carga movediza y chillona que viene de Agüimes o Ingenio. Los mendigos que se van escalonando buscando puntos estratégicos. Los puestos de frutas. Los vendedores de cuadritos de santos con marcos de papel engomado. Los churros y los garapiñones. Hasta sonaba el cornetín la heladera, a pesar de la mollizna y del frío. Allí están los tiros al blanco, unas caras agujereadas por las escopetillas de balines. Allí en San Isidro todos los puestos de las miles baratijas que adquieren admiradas las gentes sencillas y los chiquillos que compran sus anillos. Todo esto tiene la fiesta de San Isidro de Arbejales en lo más alto del valle de Teror. Y flota en todo aquel ambiente un algo sano que atrae y encanta, aunque sea viendo las cachorras endomingadas de los pollotes y las faldas tiesas, almidonadas de las señoritas…Felicitaciones para el señor mayordomo, hoy don Manuel Navarro Quintana que va cada vez organizando los actos populares sin apartarse de la línea tradicional de los festejos populares canarios… Hasta las primeras horas de la noche allí están las gentes en torno a la ermita sobre todo a esas horas, la gente joven en busca de novias. Cuando todos se van marchando la copla queda agarrada a los picachos, a los árboles, o rodando por las veredas. El rasgueo de las guitarras .se va haciendo más suave y más tristón. Una moza, erguido el pecho, con voz potente cargada de tristeza porque acababa la fiesta, cantó a San Isidro dando un fondo espiritual a la parranda: En el huerto más florido de los campos del Señor labra un lugar pequeñito "pa " este pobre corazón”

ERMITA DE SAN ISIDRO HACE MEDIO SIGLO

La restauración llevada a cabo en la ermita y casa del Cortijo iniciando la década de 1990 con participación de la familia, el ayuntamiento terorense y otras instituciones políticas, ya implicadas en la protección de este lugar y su entorno, y su declaración como Bien de Interés Cultural, se entienden por completo como el reconocimiento de su alta apreciación como enclave cultural, festivo, y hasta simbólico de la isla de Gran Canaria.

Los que desde pequeños hemos venido en coche o caminando hasta este lugar hemos ido creando una imagen mental y apasionada de San Isidro que permanecerá hasta el final de nuestras vidas, indestructible, formando un paisaje de sentimientos donde la tienda, el molino, la fuente, la escuela, la ermita, la era y el barranco se ensamblan con la folía, la comida, la amistad, la conversación y el fervor formando un perfecto mosaico de lo que debe entenderse como el sustento de las emociones más profundas de nuestra canariedad.

Ya viene la romería
camino de San Isidro.
 
Ya se aventan en las eras
los haces de paja y trigo.
 
Y en La Era, el baile,
y en El Chorro, el agua,
y junto a la ermita
el hambre saciada.
 
De Arucas a San Mateo
de Firgas a Fontanales
arriban caminos llenos
de romeros a raudales”
José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror.
Actualizado el Martes, 17 Mayo 2022 09:35 horas.

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento