Los Arbejales y sus historias

arbejales01Arbejales, Los Arbejales, lugar poblado desde momentos inmediatos a la conquista y asiento de familias y linajes enraizados profundamente en Canarias desde entonces. Sobre la planta que bautiza y da nombre a este paraje hablara, hace ya algunas décadas, Antonio de la Nuez, abogado, periodista y profesor de Castellano y Literatura, Latín y Griego.

Dijo así: “En los jardines de Gran Canaria; -jardines de luz y tarosada- se cultivan con mucha frecuencia las chícharas, colegias, arbejas, conejos reales, guisantes de olor,…. que los suecos, hablando en latín para botánicos, llaman lathyrus odoratus. Viera y Clavijo también prefería llamar a las colegias lathyrus odoratus, aunque nosotros, por la secular permanencia en Canarias y no en Sicilia podríamos llamarlas arbejales de Canarias como Arbejales de Teror, porque es Arbejales el pago de esta villa donde surge la idea más aproximada a Holanda que tenemos en el Archipiélago …Casi nada se puede decir de las flores que no esté dicho ya, pero de las colegias vale la pena intentarlo; tan bellas son, que su estandarte tiene forma de corazón. En él podrían quedar grabadas las firmas de los amantes sin tener necesidad de dibujarlas pesadamente sobre el tronco de un árbol…Las alas obtusas de la flor de las colegias contrastan frecuentemente con su color purpúreo, con el encamado venoso del estandarte y la barqueta en forma de media luna, …Las flores de los lazirios son como si en figuras de cera se hubiesen posado insectos olorosos…Son un reposo cimbreante que repta por escalas de color… Cuando atardece despiden ese olor a azahar que sólo pueden tener las mujeres jóvenes cuando hacen de mariposas gigantescas, blancas de nieve, para morir muy pronto. Pero estas mariposas purpúreas ya están clavadas por Dios a tallos estriados, vellosos, sin esa brillantez cadavérica del acero que tienen los alfileres bajo las vidrieras de cristal en los escaparates de colecciones de insectos…Los velos que la luna tiene cuando los lazirios son movidos por el viento junto a las paredes blancas de la casa, son velos de pudor, pues estas flores son como reinas enseñando su corazón al púrpura vivo. Estás colegias son flores colegiadas, congregantes de un sagrado corazón vegetal, monjas de un convento verde siempre bordando algo que no nos atrevemos siquiera a imaginar…”

arbejales02Tras la bellísima disertación floral, traigo otro fragmento de un libro, publicado el mismo año que se inauguró este templo. Francisco González Díaz, incluyó en su libro Teror unas palabras sobre el único personaje sobre el que quiero profundizar: el párroco que quiso alcanzar el cielo con las manos desde las alturas de Arbejales, con la construcción de este santuario: don Juan González. Mi abuela materna, aunque bautizada por don Judas Dávila y casada por Monseñor Socorro, recordaba perfectamente a don Juan González y mucho me habló de él durante mi infancia , y me habló también de las alegres juntas que ella y sus amigas hacían los domingos para entre risas y músicas dirigirse desde El Palmar hasta Arbejales a ayudar a construir este templo. González Díaz así lo describió:

Quísolo el cura de la parroquia, y el cura todo lo puede, porque ha sabido hacerse amar y respetar. Es en su ministerio un obrero perseverante, un ardiente apóstol. Se ha dejado la vida entre las zarzas de su misión evangélica, de cara al cielo, sin un desmayo ni un olvido…..

El párroco convocó a sus fieles,… una multitud de obreros voluntarios, sobre todo obreras, venidas desde todos los pagos y caseríos de los contornos…ha acometido la faena.

Del fondo del barranco,…las mujeres suben la tierra en sacos que cargan sobre la cabeza; los hombres se los llenan, y los reciben y descargan en el sitio donde los carros la recogen….Había niños que podían apenas con sus manos débiles portar la carga, y ancianas decrépitas que se arrastraban sobre sus báculos solicitando apoyo para vencer con la suya la áspera pendiente. Era una fiebre de actividad constructiva, un loco afán, un ir y venir fatigosísimo, por el estrecho sendero; subían y bajaban jadeando las humanas hormigas, movidas de la fuerza esencial de la Fe. Reconocida esta fuerza, señalada su presencia prodigiosa, como una mina de oro, y su poder incalculable, hay que admirarla.

arbejales03De un modo semejante los antepasados levantaron, piedra tras piedra, el santuario de la Patrona, arca santa, mágica urna. Este pueblo es un buen sujeto. Cuando, al descender la noche, dulce y serena, la multitud tornó a la villa, mis ojos contemplaron un cuadro de otros tiempos. En primer término, la caballería; es decir, los arrieros montados en sus mulas, una quíntuple fila de rústicos jinetes, la herramienta al hombro, una pintoresca vanguardia; detrás, en tropel, en apiñamiento compacto, en masas apretadas y oscilantes, las mujeres con sus taleguillas a la testa”

Fue importante la figura y el empeño de don Juan González Hernández, que sustituyó en la parroquia terorense a don Judas, natural de Agüimes, y precedió a don Antonio Socorro, que naciera en Tafira. Una de las mejores semblanzas que de él he leído la hizo un poeta y periodista terorense, don Ignacio Quintana Marrero, hace ya cuarenta años:

Arbejales forma parte del riñón de la isla. Casi cumbrera, agrícola y pastoril, vive de la tierra y en la tierra, madre nutricia de aquellas soledades rupestres, de rica vegetación. A pocos kilómetros de la administración municipal de Teror, pero con jurisdicción parroquial independiente, actualmente se ha hecho transportista y comerciante, una vieja querencia nacida de cuando traficaba con las mercaderías del ganado y sus productos. Un día de mayo de 1913 se empezó a levantar, en Llano Roque, un templo que sería dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. El celo del párroco de Teror, don Juan González Hernández, desde 1908 a 1927, alentó y consolidó la empresa. Quien esto escribe recuerda, muy niño, aquellas peregrinaciones dominicales de las gentes de Teror y Arbejales transportando a hombros los costales de arena Y al señor cura, con una gran caña de bastón, arengando a las muchedumbres, como un patriarca bíblico. La obra se remató en 5 años gracias al tesón de aquel varón excepcional.

Yo hubiera querido estar presente en el traslado de sus restos desde el cementerio de Teror a la iglesia de Arbejales, cuya memoria agradecida es digna de alabanza. Al regresar de una breve ausencia, me encontré una carta del actual párroco de Arbejales rogándome significara el acontecimiento -que creemos debió haberse producido hace muchos años y no a los 46 de su fallecimiento-, encargo que gustosamente cumplo ahora, cuando ya las cenizas del inolvidable sacerdote reposan en el templo que él levantara.

¿Cómo era don Juan González Hernández? Ya en otra ocasión hacía una breve semblanza suya, cuando fue colocada la lápida que perpetuará su nombre en el frontis de la iglesia del Sagrado Corazón. ¿Cómo era aquel cura alto, fuerte, de mirada penetrante y facie austera?

arbejales04No es cierto que don Juan González tuviera un carácter cerrado, casi hosco. Como suele decirse, un hombre de pocos amigos Lo que suceda es que don Juan González fue muy poco comprendido. Me refiero, claro está, a la comprensión del común de las gentes. Era un hombre singular, de una extraordinaria vida interior, más reflexivo que amigo de la conversación, justo, íntegro. De su carácter puede decirse lo que San Buenaventura tenía como máxima sacerdotal: «Benigno para todos, blando para nadie (nulli blandos), con pocos familiares, para todos justo...». Acaso el «nulll blandus» lo interpretaran muchos como razón suficiente de su carácter.

Mas en medio de esta aparente adustez de carácter había un ancho fondo de humor que se traducía frecuentemente en la sal de una conversación jovial.

-Señor cura -le preguntó alguien-. ¿besarse es pecado?

-Yo no digo que los besos hagan chiquillos, pero sí tocas a vísperas.

El comentario del señor cura -todos le decíamos así, olvidándonos muchas veces de su nombre- era la sentencia acabada, la máxima exacta, la aguda observación.

La casa del señor cura tenía la severa idiosincrasia de las antiguas mansiones rectorales. Era, con él y sin él, el silencioso caserón adonde se entraba con un profundo respeto. Es más: pasar simplemente junto a la casa parroquial entrañaba ya una natural veneración que hacía bajar la voz. Se pasaba por allí con respeto. Y es que se sabía que el señor cura vivía allí. Ese mismo respetó conservó la casa parroquial durante el rectorado de don Antonio Socorro. Recuerdo haberle oído a don Juan González repetir lo que San Jerónimo escribía al obispo Heliodoro sobre este asunto: «Los ojos de todos se fijan en ti: tu casa y tu conversación son como espejos, como maestros de pública disciplina...».

Donde se descubría, empero, más intensamente al párroco -con aparecer en todas las manifestaciones de su vida-, fue en el púlpito. Orador notabilísimo, de fama extrainsular, siempre ponía el dedo en la llaga. Conocía a su pueblo como el pastor debe conocer a sus ovejas. No halagaba nunca: urgía y amonestaba con ardido celo. Tal vez se le achacara el ser un poco duro en la predicación. El predicó la verdad. Y la repetía, incansablemente, basta la persución, de acuerdo con el Crisóstomo: «Hablaste una vez y no se oyó; habla dos, tres y todas las veces que fueren precisas hasta que persuadas». Los sermones de don Juan González eran de una solidez infrangible como un diamante. Horros de hojarasca y de falsa retórica, se sujetaban al consejo ambrosiano: «Ni excesivamente prolijos ni que produzcan fastidio». Era San Pablo la fuente principal de su predicación, a quien citaba y parafraseaba. No había en él latiguillos ni cajoncitos en lugares comunes. Muy lejos de su oratoria la improvisación ni el «llenar el tiempo». Este santo varón -tan inteligente como santo- sabía del alto valor de la palabra divina.

arbejales05Así como del cristiano se dice, con palabras de la Escritura, que se acuerde de sus postrimerías para no pecar, don Juan González tenía siempre presentes las palabras de San Juan Crisóstomo: «Miror an fieri possit ut quis ex rectoribus salvus fíat» (Me pregunto si es posible que uno de los guías se salven): Se admiraba de que pudiera acontecer que algunos pastores de almas se salvaran. Estas palabras fueron santo y seña de su conducta. Por eso vivió tan dentro de su misión parroquial, de su responsabilidad de párroco.

Un religioso secular de la Compañía de Jesús era don Juan González. Toda su estampa era la de un jesuíta de arriba abajo. Parece que lo estoy viendo: sotana abierta, sin botonadura, ceñida por la clásica faja ignaciana; sin alzacuello; bonete sin borla; medias de lana y zapatos de elástico; el manteo caído, como el del San Ignacio del cuadro de Echevarría; teja lisa y mate. Gastaba rapé que conservaba en una cajita de plata y llamaban grandemente la atención sus amplios pañuelos de hierbas. Sólo por la noche, cuando salía de la Iglesia, se embozaba en su amplio manteo. Tal era por fuera. ¿Y por dentro? También jesuíta. Quien esto escribe fue sacado de la pila con el nombre que don Juan González se empeñó en que llevara.

Su devoción al Corazón de Jesús era, pues, natural que se manifestara constantemente, siendo el centro de toda su vida parroquial. Hoy predican elocuentemente sus más hondos amores: la basílica del Pino -cuya obra, mejoramiento y hermoseamiento continuó admirablemente monseñor Socorro- y la Iglesia de Arbejales, empresa ésta no de un párroco, sino de todo un prelado”

El 18 de mayo de 1913, bajo el lugar que ocupa el marmóreo altar y tras las previas obras de preparación del cimentaje realizadas los meses anteriores, se bendijo por don Alejandro Ponce Arias, profesor por entonces el Seminario y con raíces aruquenses. No hay crónica periodística de lo sucedido aquel día pero sí la hay, y muy interesante, del aniversario celebrado al año siguiente, el 18 de mayo de 1914, que, por lazos de la fortuna, se vio enriquecido con un hecho significativo para toda la diócesis y que el próximo año, tendrá que tener en Arbejales, uno de sus lugares de conmemoración.

Dice así la crónica: “Ayer se celebró en Teror, en lo alto de los Arbejales, una hermosa fiesta en aniversario de la colocación de la primera piedra del templo que en aquel lugar la piedad del digno párroco Sr. González y de los vecinos, levanta al Sagrado Corazón. Enorme concurrencia asistió al acto religioso en el que el venerable Obispo Doctor Marquina dio la Comunión a innumerables personas. Al regreso a la Villa, el Prelado recibió un telegrama en el que se le daba la noticia de que el Papa había designado como Patrona de la Diócesis de Canarias a la Virgen del Pino.

arbejales06Las campanas del santuario y del convento fueron echadas a vuelo y en el acto todas las casas de la Villa se engalanaron con banderas y colgaduras…. En las calles siguió toda la noche el regocijo popular. Las músicas, las campanas y los cohetes voladores no cesaron de sonar en medio de las aclamaciones y los vítores luciendo toda la Villa espléndidas iluminaciones. Este acontecimiento religioso será celebrado por toda la Diócesis con gran solemnidad”

Otro terorense, don José Bethéncourt Montesdeoca, allí estuvo cinco años más tarde, para dejar constancia de la fe, el empeño y el entusiasmo de los habitantes de esta tierra. Escribía también en 1918:

Se ha consagrado el nuevo templo del Sagrado Corazón recientemente construido en este pago de los Arbejales. La ceremonia ha sida un derroche, porque no ha faltado el menor detalle; como si el Pontifical se hubiese celebrado en la más suntuosa Basílica. Suntuosidad religiosa jamás vista en los pueblos; por lo que ha merecido no solo el aplauso sino la admiración de todos los concurrentes. Esta consagración significa algo más que la corona del triunfo, por lo realizado bajo los auspicios de nuestro digno Prelado, el Dr. Marquina y la constancia verdaderamente heroica de un párroco como D. Juan González.

Significa la abnegación de un pueblo, sin ejemplo en esta isla que con delirante entusiasmo aceptó con fe y con patriotismo una obra muy superior a sus fuerzas; habiendo coronado con los laureles da la victoria a su párroco y realizando una vez más el glorioso nombre de nuestro Teror; llevando hasta el final, y en cinco años, la construcción de un templo en esta villa pobre, pero de espíritu grande como independiente, porque cada cual vive elaborando sus pequeñas propiedades, tiene que fructificar cuanto siembre; pues lo hace con el amor del que trabaja por lo que quiere, porque le pertenece. Por esto es que nos llama la atención, de que sin subvenciones extrañas ni más amparo que el entusiasmo de sus hijos…que, con sacrificio espartano, imprimen todas los actos públicos como privados de la vida…Y cuanto noble sentimiento ha querido mover a este pueblo lo ha coronado siempre con el triunfo; como ahora lo ha llevado su párroco a la coronación del templo del Pago de los Arbejales. Obra que la inmortalizará a este barrio, dando la pauta a las venideras generaciones, con que ánimo y patriotismo luchaban por la Patria, la Idea y el Hogar los vecinos de Arbejales de esta época”

Pero los de Arbejales, animados por lo hecho, no quisieron pararse y aquel mismo año, el cronista de los sucesos de la bendición del templo, afirmaba rotundamente que desde entonces: “Porque así como el pueblo construyó una Iglesia, ese mismo pueblo le dotará de cementerio; por la obligación entrañable y cariñosa que tiene todo padre de ayudar al hijo, que anhela a la vida”

Y así siguieron las décadas siguientes; entendieron que siglos de casi abandono habían terminado, y la presencia del Sagrado Corazón les daba fuerzas para exigir con justicia todo lo que el barrio necesitaba para el bienestar, la educación, la cultura y el progreso de sus habitantes, y que gobernantes anteriores les habían negado. Así, por ejemplo, el 8 de junio de 1934 se remitía solicitud al Sr. Alcalde de Teror para que facilitara casa-habitación o la indemnización correspondiente al Maestro Nacional de Arbejales, lo que a final del mismo año hacía que el consistorio de la Villa tuviera en cuenta oportunamente la casa que ofrecía en arrendamiento don Juan Pedro Montesdeoca Déniz, para local Escuela y casa habitación de la Nacional de niños de Arbejales.

Y no paraban. El 12 de junio de 1935, el vecindario de Arbejales manifestaba al Sr. Alcalde su deseo de que se adquiriera por el Ayuntamiento una parcela o pequeño trozo de terreno para ensanchar la plaza del Sagrado Corazón de Jesús en aquel pago, evitando las irregularidades que ofrecía a dicha plaza. El Ayuntamiento lo tomó inmediatamente en consideración y designó a don Pedro Reyes Gil, que habitaba en el mencionado pago, para la medida y justiprecio del trozo de terreno mencionado, invitando al dueño del mismo para que designara el suyo por su parte si lo creyere conveniente, y que se diera cuenta de todo ello al Ayuntamiento para el acuerdo que proceda.

arbejales07Mientras tanto, los actos religiosos en el único santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús en la Diócesis se veían honrados de personalidades como el Obispo Pildain o el canónigo don José Feo Ramos, que hacían llegar hasta los últimos rincones de Canarias las excelencias de Arbejales, sus paisajes, su fervor y tradiciones.

No obstante, peticiones seculares, como arreglos de caminos, cementerio, etc,…tuvieron que esperar mucho más, y es justo reconocer que en su solución posterior tuvo mucha participación la Iglesia de Arbejales.

Y pese a ello, el fervor, la religiosidad, el aumento de la importancia del Santuario se iba acrecentando año tras año. En las fiestas de 1944, novenario con intenciones, con la intervención de los predicadores: el Rvdo. don Francisco Espino y Espino y el Rvdo. don Simeón Caballero Sánchez. El 15 de junio, Comunión de los niños de las escuelas y Catequesis. El 18, solemne función en la que oficiaría el Muy Iltre. Dr. D. Alejandro Ponce Arias y ejecutó la misa del Santísimo Sacramento, a tres voces, del maestro Rivera, una afamada orquesta de Las Palmas, bajo la dirección del maestro don Luis Prieto. El panegírico estuvo a cargo del Sr. Magistral, don Juan Alonso Vega, y la función fue subvencionada por doña María Paz, Inspectora Jefe de Primera Enseñanza, por entonces.

Casi veinte años después de su muerte, en julio de 1946, llegó el merecido homenaje al párroco que apoyó y llevó al pueblo de Arbejales a las cimas de su fe. En julio de 1946, terminada la procesión de Corazón de Jesús en Teror, se dirigieron las autoridades, seguidas por la banda municipal, a una de las nuevas

Calles recién abiertas y que por acuerdo del Ilustre Ayuntamiento recibió el nombre del fallecido cura párroco de Teror, don Juan González. Una vez descubierta la lápida, don Antonio Socorro, en cortas y sentidas frases agradeció al alcalde, don José Hernández, y concejales presentes el acuerdo tomado por el ayuntamiento, que hacía justicia a la memoria de don Juan González, al que se le debía, entre otras cosas, la construcción del templo al Sagrado Corazón de Jesús y la fundación del Apostolado de la Oración.

Años más tarde, el 20 de septiembre de 1958, Arbejales vivió uno de los momentos más solemnes y emocionantes de su historia religiosa, por haber elegido el Excmo. y Rvdmo. señor obispo su parroquia para conferir en ella Ordenes Sagradas, en la que se ordenaron cinco presbíteros: Rvdo. don Juan Artiles Sánchez, de Agüimes; Rvdo. don Manuel Hernández Morales, de Macher, Lanzarote; Rvdo. don Andrés Macías García, de Arucas y los Rvdos, don Manuel Déniz y Déniz y don Santiago Rodríguez Domínguez, de Arbejales. Con estos dos hijos de Arbejales eran ya seis los sacerdotes hijos de la parroquia en el corto plazo de quince años. Además, recibió el subdiaconado el Rvdo. don Luis García Delgado, de Firgas y la Tonsura y Ordenes Menores, don José Domínguez Pérez, de Ingenio.

Toda esta larga secuela de eventos importantes que el Sagrado Corazón regaló al barrio de Arbejales tuvieron en 1956 el culmen en la grandiosa peregrinación al barrio desde toda la isla con el fin de celebrar el centenario de la fiesta universal del Deífico Corazón, y dos años más tarde, en 1958, las fiestas al Divino Corazón que con esplendor empezaron el domingo 1 de Junio con el apoteósico traslado a Teror de la imagen del Sagrado Corazón, con motivo de los 50 años de la fundación del Apostolado de la Oración en la Villa mariana, y de la inauguración del propio templo.

Pero la vida cotidiana y sus diarias necesidades seguían y con ella los requerimientos del barrio El 21 de octubre de 1963 se trasladaba al barrio el Gobernador civil, don Antonio Avendaño Porrúa que pasó al templo, donde se cantó una Salve oficiada por el párroco, don Faustino Alonso Rodríguez. En la puerta del Templo, don Faustino dio las gracias a S. E. y le expuso las necesidades del lugar en orden a alumbrado eléctrico, teléfonos, caminos vecinales y especialmente la reparación del templo. El señor Avendáño Porrúa afirmó que el servicio telefónico, en realidad, sólo está pendiente de su instalación por la compañía Telefónica. En cuanto al alumbrado público, dijo nuestra primera autoridad civil que se tiene en estudio y que se llevaría a cabo próximamente junto con la electrificación de otros pueblos.

El año 1965 trajo dos noticias singulares e importantes para Los Arbejales, aunque de muy distinta índole. De una parte, el 2 de abril de este año, en el Teatro Pérez Galdós se estrenó una de las más destacadas obras representativas de nuestro teatro costumbrista, original del autor natural de Agüimes Orlando Hernández, “Y llovió en Los Arbejales”. La otra llegó con la Bajada de la Virgen del Pino a Las Palmas de Gran Canaria por la Cruzada del Padre Peyton a favor del Santo Rosario que vino en llamarse “La familia que reza unida permanece unida”, y en la que sería precisamente la familia del labrador de Arbejales, don Juan Déniz Rivero, quien intervendría para rezar uno de los Misterios, dentro de la extraordinaria concentración que para ello se celebró el 12 de diciembre de 1965.

arbejales08Un año más tarde, otro Gobernador Civil, Fernández Galar, visitó nuevamente el barrio, donde inauguró una escuela de niños y una vivienda para maestros, realizada por el Ayuntamiento y la Junta Provincial de Construcciones Escolares.

Pero todo seguía costando mucho esfuerzo y gestiones interminables, por lo que en 1967, el párroco, don Diego Ortiz se atrevió a hacer pública en la prensa, algo casi inconcebible por entonces, la siguiente queja:

Estimado señor director de La Provincia: En dos veces consecutivas y con intervalos de tres meses, me he dirigido al Ayuntamiento de Teror y al Cabildo Insular de Las Palmas y al Excmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia. Estos dos últimos organismos oficiales me han remitido al Ayuntamiento de Teror, pero al no recabar nada positivo del Ayuntamiento me he vuelto a dirigir a los Organismos oficiales antes citados. A su vez estos me han remitido de nuevo al Ayuntamiento, molestos de mi reiteración. Ante este círculo de negaciones y ante la proximidad del invierno quiero hacer constar en prevención y descargo de responsabilidad en un posible siniestro de graves consecuencias, el estado actual de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Arbejales, con sus grietas y su peligro que no oculta la gravedad del caso. Acompaño fotografías e informe técnicos para su publicación, que obran igualmente en los organismos oficiales, presentadas por mí en octubre del pasado año. Agradecido en nombre de los vecinos de este pueblo, que confían que alguien salga al paso a librarles su Iglesia de un derrumbamiento trágico, le saluda muy atté. s. affmo. Diego Ortiz Sarmiento.”

Unos días más tarde, y éste es un detalle casi anecdótico, don Joaquín Galarza, representante de un jabón por entonces muy usado, "Detespum", entregó a la parroquia las 80.000 pesetas que precisaba para la reparación del templo y que no conseguía de las instancias públicas.

Acabo este rosario de peticiones y esfuerzos para conseguir lo justo, que duró muchos años más. Reitero mi promesa de escribir e investigar más profundamente sobre ello. Como quiero dejar un buen regusto de boca, cierro con una hermosa descripción de hace medio siglo que escribiera alguien enamorado de estas altas y bellas tierras:

Arriba, en lo más alto del hermoso Valle de Teror, está la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Arriba, entre verdes quebradas, entre barrancas y con el perenne murmullo del agua que corre. Entre castaños y nogales, entre ciruelos y cercados y el gracioso cimbreo de los floridos cañaverales en los linderos o a las orillas de las barranqueras. Varios pintorescos caseríos constituyen la Parroquia de Arbejales.

Corrales junto a la carretera, con sus árboles, que bajan entre viviendas hacia el Quebradero-Ojero, bajo las montañas con sus enormes peñascales, farallones y sus huertas, Sus casitas acurrucadas al socaire de los higuerales. El caserío de Ojero, sosegado y manso, los recodos y revueltas de la carretera. Después está el caserío de Los Monteros, agrupación de viviendas apretujadas unas contra otras como encariñadas, allá en una débil prominencia junto a la carretera de San Isidro.

Este barrio de Los Monteros, de estampa simpática por su aspecto belemita, auténtica visión de portal al natural, entre castaños, higueras, nogales y albaricoqueros. Más arriba está la Majadilla. Un reguero de casas sencillas que suben y bajan por los riscos, entre la arboleda y a la linde de las tierras.

arbejales09Lo más alto de la Parroquia es el típico barrio de San Isidro. Y allí está la viejísima ermita del santo labrador. Una ermita pequeña, muy mona como una casita más, con su espadaña rústica y sencilla, guareciendo el esquilón. Un esquilón que suena muy dulce con reciedumbre de años en la paz de aquel silencio. Una campanita que desde el año 1684 gorjea entre la enramada y que ha ido aprendiendo a fuerza de años, el trino melodioso de los pájaros y el rumor dulce de las fuentes. Tres siglos tiene la pequeña ermita y junto a ella la vivienda que fuera de un señor canónigo doctoral, llamado don Juan González Falcón que tenía tierras en aquellos parajes. Pasaba sus temporadas allí y consigue permiso para construir una pequeña ermita “Junto al camino real que conduce a Tejeda y al Señor Santiago de las Tiraxanas, para que los peregrinos oigan la Santa Misa” Aquel rincón de San Isidro es una postal de las más bellas y auténticas de Canarias. Se sube a la ermita por una hilera de escalones y arriba están las casas, con sus balconadas de tea sobre el camino que guía a las cumbres. En tomo a las casas, dando sombra a los empedrados patios, una espesa arboleda sobresaliendo varias palmeras hermanadas con los castaños, los pinos y los nogales. Bonito y acogedor es aquel rincón de San Isidro en lo más alto del Valle de Teror, metido en una hondura, bajo las cumbres.

Y aún tiene otros caseríos la Parroquia de Arbejales, como la empinada Cuesta de Falcón, la Molineta y cientos de casitas agarradas al amor de la tierra. Casas bonitas, soleadas, encaladas y con sus jambas y zócalos de chillones colores. Casas desperdigadas en los riscos y a la vera de los cercadillos y junto a los alpendes donde las vacas mugen soñadoras, y allí frente y en torno a ella, la tierra donde se cultiva el millo y la papa. Y árboles por todas partes. Y flores. Muchas flores, cultivadas en los patios en cacharros y macetas, en la huerta cercana, a lo largo de las carreteras y la gama de las florecillas silvestres, desde la roja amapola al pálido amarillo de las margaritas del campo o el morado tristón de las teheras.

En el centro, donde llaman “Llano Roque” está el Santuario del Sagrado Corazón de Jesús. Un grupo de viviendas de traza nueva, se han ido levantando en su tomo y hoy constituye el centro de la Parroquia de Arbejales. Una parroquia nueva, pero una Parroquia vieja, es decir hecha, avezada en la piedad y en lo más recio de nuestro cristianismo canario. Aún está allí limpia la fe. Intacta, y ello debido sin duda a tres factores. Primero al especial Patronazgo del Sagrado Corazón de Jesús, pues es la única parroquia de la Diócesis cuyo titular es el Sagrado Corazón y esto evidentemente es venero de especiales bendiciones espirituales. Segundo, porque la Parroquia de Arbejales es hija de la Virgen del Pino, es una desmembrada de Teror y todas sus raíces espirituales son algo importante en la conservación de las buenas costumbres. El tercer motivo está en los distintos sacerdotes, primero Capellanes y después párrocos, que han pasado por la Parroquia de Arbejales, que con el mejor celo apostólico han laborado sobre la base firme de la devoción al Sagrado Corazón, por la mejoración espiritual de aquella feligresía”

Termino haciéndoles una firma llamada a que protejan y conserven lo que les hace únicos y singulares. Protejan su fiesta, sus arcos que hoy iniciaban tradición y cultura, su Rancho de Ánimas, sus creencias y fe; protejan su sano apego a la tierra y al agua, sus usos y costumbres; para cuando en otros lugares se hayan perdido y necesitemos beber de las fuentes primigenias de lo verdadero, podamos venir a este lugar a recuperar nuestras esencias más profundas.

Un canónigo terorense, sano y divertido, a la par que culto y erudito, recorriendo estos caminos, don Miguel Suárez Miranda, dicen que decía, mirando la Villa desde estas alturas, las palabras siguientes, con las que yo quiero terminar esta disertación.

Montes y valles, fuentes y flores,
luz y belleza, eso es Teror.
Desde Arbejales a los Laureles
de Las Rosadas a Miraflor.
Y al ver que en medio de estos encantos
brilla en un Pino, célica Flor,
¡Oh terorenses!, con fe y aliento
digamos siempre, ¡Viva Teror!”
José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de la Villa de Teror.

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento