El Palo para las fiestas de san Roque cumple cuarenta años

sanroquefirgasEn 1981, la prensa publicaba los días 5 y 6 de agosto un trabajo de investigación del historiador terorense Vicente Suárez Grimón que bajo el título de “Apuntes para la historia de Firgas. El convento de San Juan de Ortega y la fiesta de San Roque”, exploraba, documentaba y explicaba con una precisión magnífica de detalles varios aspectos de la historia municipal y religiosa de la Villa de Firgas; entre otros el de la celebración de fiestas a San Roque desde tiempos anteriores a su patronazgo oficial de la parroquia que se creó a partir de 1845.

Vicente Suárez detallaba que la existencia de las mismas se podía documentar desde tiempoos anteriores al siglo XVIII, ya que en documentación de 1778 aportada en su investigación, el vecindario de Firgas, “se hallaba desde tiempo inmemorial con «la carga, pensión y obligación de hazer todos los años la función de Nuestro Padre San Roque, nuestro muy amado Patrono, en este Convento de San Juan de Ortega, orden de predicadores, en el día dies y seis deste mes de agosto que es el mismo en que la Iglesia celebra dicho Santo… (aunque reconocían que en los últimos años se había experimentado) mucha tiviesa en los corazones deste vesindario sin hazer memoria del fabor que los antiguos tenían a dicho Santo, y considerando que en lo subsesivo tal ves llegara el caso que olbidándose totalmente desta obligación dejaran de continuar con ella”

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A partir de esta publicación, el ayuntamiento de la Villa, presidido por entonces por Manuel Perdomo y las vecinas y vecinos de Firgas conocieron y fueron conscientes de que a partir de aquel 15 de agosto de 1778, el alcalde Juan Antonio Domínguez, los diputados Domingo Ponce y Miguel de Acosta, el síndico Francisco Rodríguez y otros vecinos del lugar hasta un total de 41 decidieron mediante escritura pública, obligarse cada año a cumplir una serie de condiciones que sirvieran para dar honroso y justo realce a las fiestas en honor a San Roque.

sanroquefirgas03Entre esas obligaciones destacaba y originó gran interés la de que todos los vecinos del lugar de Firgas estaban obligados cada año a “traher toda la rama que fuese nesesaria y se huviese menester para dicha función y contribuir cada uno con sus personas y animales que tengan para traherla, y así mismo con sus yuntas para condusir desde la Montaña a la Plaza de dicho Convento el palo que desde tiempo inmemorial se enarbola con una bandera en dicha Plaza lo que deberán cumplir sin alegar de que el que fue un año no vaya en otro, pues sin escusa cumplirán los nombrados”

Tal acuerdo y obligación suscitaría posteriormente, tal como señalara Suárez Grimón, la protesta de Arucas porque los vecinos de Firgas no querían colaborar en la fiesta de San Juan; parroquia a la que por entonces pertenecía el territorio firguense.

Los posteriores litigios se detallan el trabajo mencionado; pero lo que realmente movió conciencia y creó interés entre la clase política y el vecindario de Firgas fue la posibilidad de recuperar la tradición de traer desde la cercana montaña el palo para la bandera de San Roque, aunque ya el arbolado de la misma hubiese mermado bastante desde el siglo XVIII.

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Suárez Grimón terminaba su escrito afirmando que en aquellos años en que se “reviven otras tradiciones festeras como la rama en Agaete o la traída del agua en Telde, Firgas podría encontrar la suya propia con la Traída del Palo”

La corporación recogió el reto y al año siguiente, dentro del marco de la celebración de las fiestas de San Roque de 1982, el domingo 8 de agosto a las 8 de la tarde, en un acto en el que participaron el propio Suárez Grimón, el alcalde Perdomo y Fernando Giménez, presidente del Cabildo Insular, se procedió a la subida de la bandera de San Roque en el palo traído para tal fin y ubicado en la Plaza de Firgas.

En las fiestas de San Roque de 2022 se cumplen pues cuarenta años desde que Firgas recuperara una parte de las obligaciones contraídas por sus antepasados con la firma del documento de 1778, y se generara con ello uno de los actos más festivos y populares sobre todo entre la juventud no sólo del propio municipio sino de toda Gran Canaria; que con cambios y adaptaciones en las siguientes décadas, ha llegado a nosotros como una prueba palpable y viva de que tradición y modernidad no están para nada en rencilla y como uno de los eventos que más echaron de menos muchas personas en estos dos últimos años: la Traída del Palo de las Fiestas de San Roque.

sanroquefirgas04En 1982, participaron el historiador; las bandas de Música de Guía y Firgas; el alcalde y pueblo de la Villa y el presidente del Cabildo que fue el encargado de izar la bandera del santo.

Además, las fiestas de 1982 vieron las procesiones de San Roque y la Virgen del Rosario, acompañadas por los romeros y la Banda Juvenil de Música de Firgas; la misa a cuatro voces del Maestro Sagastizábal por la Coral Polifónica La Salle de Arucas; el teatro con la compañía Profetas del Mueble Bar; la Lucha Canaria; el Trial; la Romería con carretas engalanadas y labradores con su atuendo típico; la Feria de Ganado; el Día de la Madrina; el Encuentro Folklórico; la Semana de la Cultura; la Verbena Canaria; el VII Rally del Norte; la Carreras de Caballos o la actuación de Los Gofiones. Pero lo que más atrajo de todo aquello fue la posibilidad de crear en la Villa un acto entretenido, moderno, convocador y muy alegre, a través de volver a darle vida a una perdida tradición de más de 200 años.

sanroquefirgas05Y se consiguió.

En 1990, cuando no llevaba ni una década de recreado y ya se parecía mucho a lo que ha conocido esta última generación de festivos acarreadores, Antonio Cardona decía que el palo bajaba aquel año para ser paseado y bailado por todo el casco firguense “desde Las Canales a un kilómetro del centro…, un poste de la luz, no cortado como antiguamente, de unos 8 metros y sobre los 100 kilos portado por un número de personas que oscila en unas cuarenta que se Iban renovando. El madero se movía como barco sin lastre en mar brava, arriba, abajo, p'alante y p'átrás, haciendo círculos como una ruleta o dejándolo en el suelo para seguir bailando y refrescando el gaznate. Sudor, cánticos, ¡ole, ole, ole!, catorce agaeteños metiendo sones hasta el campanario y el palo de un lado para otro, por viejos callejones o amplias calles, invadidas por gente alegre, con algún que otro pizco por medio, pero amigos, el tremendo tolete aquél no se podía mover flaqueando las piernas. Así, durante unas dos horas, bajada por las pendientes callejas hasta ser colocado en la calle, entre el Liceo y la Iglesia, enarbolando una gran bandera con el cayado y la calabaza, convertido a poco de asegurarse en el hoyo previamente realizado, en un lúdico reto para los jóvenes que trepaban tratando de subir lo máximo alentados por los aplausos de los demás que seguían bailando manos en alto y cinturas bamboleantes. Pese al zangoloteo que se le dio al palo no hubo accidentes ni contratiempo alguno”

La Traída del Palo ya es tradición en Firgas; tan sólo cuatro décadas después de recuperarse por la decisión de un pueblo.

Así son las cosas. Lo que está bien asentado en la tradición, se explica, se contextualiza, se recupera y se mantiene.

Desde la profundidad secular y antigua de la savia que alimenta a la verdadera cultura popular a las divertidas y verdes ramas donde se manifiesta la fiesta.

Porque una fiesta debe ser divertida; si no, no es fiesta.

José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror.
Actualizado el Domingo, 31 Julio 2022 02:41 horas.

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