Coronaciones canónicas en Canarias (I)


La coronación canónica de las imágenes Marianas es una de las formas más solemnes del culto a la Madre del Señor. Las primeras coronaciones canónicas se remontan al siglo XVII y no fueron incorporadas definitivamente al conjunto de las celebraciones litúrgicas católicas hasta el siglo XIX.


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Con ellas se pretende subrayar la devoción por una determinada advocación de la Virgen María, y consiste en la imposición de una corona –o coronas, si la imagen de la Virgen lleva también la del Niño–. Este rito tenía sus orígenes, como he dicho, en el siglo XVII y se utilizaba para las imágenes que eran coronadas en nombre del Cabildo de San Pedro de Roma. Santa María la Mayor de Roma y la Virgen de Oropa, en 1620, fueron las primeras imágenes coronadas; pero no fue hasta el siglo XIX cuando la costumbre se extendió como una forma de destacar la especial devoción que los pueblos de la Cristiandad tenían hacia ciertas imágenes de Nuestra Señora. En España, la primera coronada canónicamente fue la Virgen de Monserrat de Cataluña en 1881 y ocho años más tarde lo fue Nuestra Señora de la Candelaria, primera en el Archipiélago Canario.

Posteriormente, las imágenes que han sido coronadas canónicamente en la Diócesis de Canarias son las siguientes:

Nuestra Señora del Pino (Teror): 7 de septiembre de 1905.
Nuestra Señora del Rosario (Agüimes): 4 de octubre de 1959.
Nuestra Señora de la Soledad de la Portería (Las Palmas de Gran Canaria): 19 de marzo de 1964
Nuestra Señora de los Dolores de Vegueta(Las Palmas de Gran Canaria): 24 de mayo de 2012
Nuestra Señora de Guía (Santa María de Guía): 15 de julio de 2012.

En este primer apunte sobre este tipo de ceremonia tan peculiar y tan ligada al fervor mariano de los pueblos tratará (unido a la celebración del día de hoy) a la primera en el tiempo de estas cinco imágenes, la de la Virgen del Pino en 1905.

Un año antes, los paises católicos, sobre todo aquellos como España, en los que el hecho de que la Virgen fue concebida sin pecado original era verdad incuestionable y defendida con todo el fervor posible, visiblemente por las clases más populares que veían en la Virgen una figura maternal indigna de considerar pecadora en ningún momento de su vida; celebraban el cincuentenario de la proclamación por el Papa Pío IX del Dogma de la Concepción Inmaculada de María el 8 de diciembre de 1854 en la Epístola Apostólica "Ineffabilis Deus".

A raíz de esta efeméride surge la propuesta de que no podría haber mejor celebración de la misma que solicitar la Coronación de la Imagen más destacada en devoción de la Diócesis: Nuestra Señora del Pino.

Así, podemos ver como ejemplo la sesión plenaria del Ayuntamiento de Las Palmas del 27 de julio de 1904 en la que se tomó el acuerdo de “acceder a la solicitud del canónigo de esta Basílica D. Andrés Rodríguez para que la Corporación se dirija al señor Obispo para que recabe del Papa autorización para celebrar el quincuagenario con la Coronación apostólica de la Virgen del Pino, cuya imagen se traerá en procesión a Las Palmas como en remotos tiempos”. Lo último no se llevó adelante pero la propuesta de coronar a la Imagen del Pino continuó recabando apoyos hasta que el obispo José Cueto y Díez de la Maza en mayo de 1904 la elevó al Vaticano. El 24 de julio de aquel año, el Papa Pío X otorgaba a Nuestra Señora del Pino los honores de su Coronación Canónica.

Pero tuvo que esperar hasta 1905, ya que aún estando prevista como culminación de los festejos del Cincuentenario, el Obispado consideró que la Coronación y las peregrinaciones de los distintos pueblos de la Diócesis al Santuario de Teror debían “por la inseguridad del tiempo durante el invierno en aquella localidad tener lugar en la próxima primavera o en la fecha que oportunamente se señalará y que de seguro será una prueba más del amor que la isla de Gran Canaria profesa a su bendita Patrona la Santísima Virgen del Pino”. Uno de los detalles más emotivos, celebrados y recordados por el pueblo de Gran Canaria fue el éxito de la campaña de recogida de donativos y de joyas con las que realizar las coronas y sus aureolas nimbadas de doce estrellas, tal como las describe el Apocalipsis, que fue otra de las causas para retardarla hasta 1905.

Ni la visita del ministro Eduardo Cobian y Roffignac, en mayo de 1905, para preparar la que Alfonso XIII tenía previsto realizar el siguiente año; ni los distintos actos con que en toda España, por iniciativa del periodista Mariano de Cavia, se celebraba el tercer centenario de la publicación del Quijote, lograron menoscabar ni un ápice el entusiasmo que todos pusieron en la Coronación de la Virgen del Pino.

La Villa comenzó a prepararse con mucha antelación en todo tipo de cuestiones, como el de que la gran afluencia prevista hizo necesario que muchas familias preparasen en casas de su propiedad “fondas donde poder dar de comer y alojar a tantos forasteros” o los farolillos de cristal remitidos desde Las Palmas para iluminar las calles terorenses durantes las fiestas de aquel septiembre.

Durante más de un año se estuvieron recogiendo aportaciones para realizar las coronas y cientos de mujeres canarias donaron joyas para que formaran parte de las mismas; un aspecto que daba un valor sentimental añadido a las mismas. El orfebre Casimiro Márquez realizó una filigrana digna del fin a que se destinaba: 800 gramos de oro de 18 quilates, 56 esmeraldas, 34 brillantes, 180 granates y zafiros y 700 perlas ornamentaron unas piezas sin igual que fueron el resultado del empeño de un pueblo que, en su mayoría, estaba formado por personas que sufrían la penuria económica de las islas pero a las que no importó desprenderse de las pocas joyas que tenían.

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Una semana antes de la Coronación, el Sol sufrió un eclipse total, quizás como un preludio de la magnífica y luminosa mañana con que, tal como nos describen las crónicas, el 7 de septiembre de 1905, víspera de la Natividad de Nuestra Señora, anunció a la Gran Canaria que el día tan esperado había llegado. Y al mediodía, la voz del Obispo don José Cueto y Díez de la Maza revestido de pontifical anunció, después de mostrar las coronas al pueblo, con tono solemne y desde la puerta principal del templo de Teror donde se había ubicado el Trono, a los más de treinta mil canarios que aquel día asistieron a la ceremonia, las palabras establecidas según la formula del Ritual, y repetidas según coronaba a al Niño y a la Virgen: “Así como eres coronado en la tierra por nuestras manos, así merezcamos ser coronados por Ti en los cielos de gloria y honor. Así como eres coronada por nuestras manos en la tierra, del mismo modo merezcamos ser coronados de gloria y honor por Cristo en los cielos”. El entusiasmo se desbordó durante todo el resto del día: “La llegada de forasteros, enorme. De todas partes entraban enla villa peregrinaciones a pié, numerosas, inacabables, presididas por párrocos de los pueblos llevando estandartes. Los carruajes llegaban atestados. Por las calles y los próximos bosquecillos de castaños la multitud se desparramaba formando grupos pintorescos. De los rincones más apartados de la isla acudieron familias enteras. Las ofrendas depositadas á los pies del trono de la Virgen incalculables…”

Las imágenes de la Virgen del Pino y el Niño lucieron las Coronas de 1905 durante gran parte del siglo XX y cientos de fotografías y postales perpetuaron aquella maravilla de la orfebrería isleña. Pero cuando este acto de fervor sin igual y de entrega de la diócesis de Canarias a su Patrona estaba a punto de cumplir siete décadas; un hecho extraño en estas tierras, un robo sacrílego, vino a modificar la historia del Pino y de la Iglesia en el archipiélago. Las coronas que con tanto amor forjaron las voluntades de nuestros abuelos, desaparecieron en el robo perpetrado en el Camarín de la Virgen del Pino la noche del 15 al 16 de enero de 1975; y el valor espiritual y sentimental que representaban quedó entonces remarcado y significado muy por encima de su valor material, ya de por sí bastante alto.El asombro dejó paso a la desolación y a la incredulidad; multitud de hipótesis se barajaron y llegó a atisbarse algún intento de rebelión contra los que se suponían inductores de la profanación. Pero, por encima de todas estas circunstancias, y tal como lo describiera el cronista Néstor Álamo, al pueblo de Canarias “se le cayó el alma a los pies mientras sobre Teror se esparcía una tristeza densa, espesa, desganada”

Pero como de flaquezas,nacen fuerzas, no había pasado un mes cuando en la Villa, y bajo la presidencia del ex alcalde José Hernández Jiménez,se constituyó una comisión denominada de Desagravio a la Virgen del Pino encargada de recaudar los fondos necesarios para realizar unas nuevas coronas que sustituyeran las sustraídas. Aunque el entusiasmo fue mucho, los donativos no lo fueron tanto, y estas coronas fueron restituidas no ya en oro sino en plata de ley y piedras semipreciosas y realizadas por la Fábrica de Artículos Religiosos Roses de Castellón, siendo su costo cercano al cuarto de millón de pesetas. La intención de los integrantes de la Comisión de sustituirlas en un plazo de tiempo por otras de mayor mérito y valor ahí quedó, ya que los vientos (hasta dentro de la misma Iglesia) empujaban hacia otros derroteros. La ceremonia, no obstante, fue, si no tan brillante como la primera, sí de un alto valor sentimental ya que la sensación generalizada era la de devolver a la Imagen una pequeña parte de lo que, donado por generaciones de gentes de nuestra tierra, se le había sustraído. Desde la llamada Casa de los Patronos partieron el día 6 de Septiembre de 1975 -casi justamente setenta años después de aquélla otra ocasión- Teresita Arencibia y Luisa Dalmau como integrantes de la Comisión portando las Coronas y ese mismo día, después de realizar la Bajada de la Imagen para las fiestasde aquel año, fueron nuevamente y por segunda vez coronadas Nuestra Señora del Pino y el Niño.

En 1980, los 75 años de la Coronación se celebraron con un nuevo manto de raso de seda natural de París de color verde y bordado en oro y plata que donado por la Camarera de la Virgen, Carmen Bravo de Laguna, y se realizó en la misma Basílica por Francisco Herrera (excelente artífice de verdaderas maravillas en este arte) y Juan Carrasco Lezcano. La camarera pretendía una réplica del que la Imagen llevaba en 1905, pero a propuesta de Paco Herrera, ella consintió y aprobó una pequeña innovación: dentro de cada hoja se bordó la figura de un pino plateado; con lo que el patrimonio textil de la Virgen del Pino se acrecentó con una nueva obra de arte, muy parecida pero a la vez diferente de la que luciera en 1905.

Este acto de la coronación de la Virgen a inicios del pasado siglo hizo que la voluntad social y hasta política de la isla se unificara en torno al Pino para convertirla aún más en el símbolo emocional del corazón de Gran Canaria; y en las décadas siguientes se fueron colocando muchos pilares para conseguirlo. Su declaración en 1914 como Patrona Principal de la Diócesis de Canarias; la investidura de su Iglesia Santuario como Basílica Menor y tres años más tarde, en 1919 -se cumple un siglo- el restablecimiento de su fiesta como solemnidad religiosa en Gran Canaria; la concesión de honores de Capitán General a la Imagen y la representación de la Casa Real en 1929; la visita en 1934 del cardenal y legado pontificio Eugenio Pacelli (futuro Papa Pío XII); la recuperación de las Bajadas a la Ciudad en 1936 después de más de un siglo sin realizarse; el Patronazgo de las fiestas asumido por el Cabildo Insular conjuntamente con la aparición en las mismas del acto de la Romería Ofrenda en 1952; las creaciones musicales de tantos artistas como Néstor Álamo o Herminia Naranjo; las visitas de ministros, embajadores, del general Franco, presidentes de gobiernos, de los anteriores Reyes de España cuando eran aún príncipes de España, o del actual siendo Príncipe de Asturias; son la muestra de que lo pretendido se consiguió y que hoy por hoy, la Virgen del Pino se ha convertido en uno de los principales referentes de la identidad cultural y social de Gran Canaria y que, junto a su evidente poder como aglutinadora de la fe católica en la isla, nunca debe obviarse la capacidad de convocatoria que esta advocación y lo que en torno a ella se genera día a día, son en la actualidad un elemento consustancial de la cultura de Canarias.

José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de Teror

1 comentario

  • Lectora Sábado, 12 Enero 2019 09:17 Enlace al Comentario

    Porque el título del artículo es "Coronaciones canónicas en Canarias" cuando solo habla el artículo de las Coronaciones de la provincia de Las Palmas?

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