La plaga de la cigarra berberisca de 1954

“Si nos aflige la guerra;
si el campo se esteriliza;
si la hambre, la langosta
y el contagio nos castigan;
Miremos para esta Estrella,
invoquemos a María”

cigarraberberisca

Así se implora en los “Afectos Devotos” de la Novena a Nª Sª del Pino en Teror desde que en 1782 la compusiera el Prebendado de la Santa Iglesia Catedral de la Diócesis de Canarias, don Fernando Hernández Zumbado, dando a este insecto devorador de verde su categoría de tragedia en toda regla para las islas.

La cigarra berberisca, como aquí se le llamaba, fue siempre razón de temor para el campesinado del país porque en pocos días acababa por completo con toda la vegetación, asegurando una inequívoca hambruna para los siguientes meses.

Con la del año 1646 fueron varias las veces que los grancanarios llevamos la Imagen de Nª Sª del Pino en rogativa a la Ciudad (1659, 1758, 1779,…) cuando llegaba el azote bíblico de la langosta desde las tierras africanas. Las Canarias han sufrido 85 plagas de langosta desde el siglo XVI, siendo las más dañinas las de los años 1659, 1811, 1908, 1932 y 1954.

La cigarra berberisca, como aquí se le llamaba, fue siempre razón de temor para el campesinado del país porque en pocos días acababa por completo con toda la vegetación, asegurando una inequívoca hambruna para los siguientes meses.

Viera y Clavijo, en su “Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias”, nos detalla con exactitud cómo afectaban estas periódicas invasiones (cada 22 años si los ciclos repoductivos de la langosta no se alteraban) a nuestros campos y gentes:

“...aquella langosta colorada que ha solido hacer invasiones en nuestras islas, y vienen desde las costas fronterizas de África. La constancia de los vientos que soplan por sobre aquella región, unida quizá a la extraordinaria muchedumbre, y a la escasez de pastos, parece que suelen precisar la dicha langosta a meterse, en crecidos grupos y pelotones, en el mar, y transitando el golfo recalar sobre nuestras riberas. Esta es la ocasión de hacerle la guerra, sepultándola en zanjas, o quemándola; porque perdido el lance, se padecerán sin remedio los tristes estragos de que conservamos la memoria...”

langostamigratoriaY en octubre de 1954, hace sesenta y cinco años, nuevamente, “perdimos el lance” los grancanarios con la cigarra. El viernes 15 de aquel fatídico mes, desde la mañana, el cielo se enrojeció en el sur de la isla y se inició el infortunio. Por el Sur, con los tiempos africanos, desde Juan Grande comenzaron la invasión; poco tiempo después asolaban los tomateros de Sardina, la vega de Telde, Jinámar y las vegas de San José. Después del mediodía, llegó la primera pequeña bandada a la Villa de Teror, oscureciéndose la soleada tarde, pero dispersándose con rapidez; el sábado volvieron, pero ya en gran número, antecedida del ruido de un avión. Pocos momentos después -y tal como dejó constancia el terorense Manuel Sarmiento- desde el sur y con la dirección del barranco, comenzó la plaga de la cigarra de 1954 en la Villa. Las campanas de los dos conventos se echaron al aire inmediatamente, secundadas cinco minutos más tarde por las de la Torre Amarilla de la Basílica.

Comenzó entonces en los campos terorenses este “ritual de la cigarra” que en las dos semanas siguientes atronaron y ahumaron toda la isla con el ruido de cacharros, almireces, todos los objetos que pudieran producir espanto en los insectos ( y generalizado alborozo en la chiquillería), que, junto a las fogaleras, fueron una estridente recepción que no logró otra cosa que espantarlas de un lugar a otro; algo que fue generalizado en todos los campos de Gran Canaria. Los métodos utilizados por los campesinos no hacían más que mover a las cigarras de un cantero a otro, de un municipio al cercano…La intervención ministerial, de las Hermandades de Agricultores y de todo el equipo dependiente del Gobierno Civil –en el que habían avionetas que vertían insecticidas o lanzallamas que achicharraban a los insectos africanos- fueron más eficaces. También el pagar duros por kilos de cigarras vivas, lo cual fue un sobresueldo para muchos aquel otoño, pero que tuvieron que trabajar bastante para ganárselo…

La plaga de cigarra berberisca de 1954 fue un triste recordatorio de que, pese a muchos avances, el campesinado canario seguía tan atormentado por esta calamidad como cuando, miles de años atrás, se abatía sobre los cultivos del Egipto faraónico; pero a la vez sirvió para –tal como afirmó contundentemente por entonces don Bernardino Correa Viera- iniciar la solución del problema atacándolo en el lugar de origen: África.

Las lluvias de noviembre terminaron por acabar con la plaga y todo, aunque continúa en el recuerdo de muchos al día de hoy, fue poco a poco disolviéndose en el pasado.

Ese es el sino del campesinado.

Una gallina de San Mateo que ponía tres huevos de una sola vez y bebía cerveza y vino; junto al experimento de un galdense que conservó en una caja con agujeros un ejemplar del insecto durante 32 días sin comer para hacer la comprobación “científica” de tamaña resistencia, terminaron el año de la cigarra.


VER INTERESANTE DOCUMENTO SOBRE ESTA PLAGA DE 1954 EN ESTE ENLACE


José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de Teror

1 comentario

  • Juan Dávila-García Sábado, 16 Febrero 2019 20:49 Enlace al Comentario

    Una de las primeras plagas de la langosta sahariana que ocurrió en la comarca norte-noroeste tuvo lugar en el año 1811, de ahí se deriva la Fiesta Votiva en honor a la Santísima Virgen de Guía, conocida como la Fiestas de las Marías. Los vecinos de la zona imploraron con rezos y cánticos, a la Virgen, en el Lomo de Vergara, que la erradicara llovió y la cigarra huyó.

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