Agaete mi pasión: La bruja "Haulaga", natural de Agaete, procesada por la Inquisición en 1704

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Por casualidad en el archivo del Museo Canario descubrí un proceso de la Inquisición por brujería contra una mujer natural de Agaete, nacida a mediados del siglo XVII, llamada Juana Suárez, alias "la Haulaga", mulata, de unos 40 años de edad, "más o menos", sin  más  oficio que hilar y coser, según sus propias  declaraciones al Santo Oficio, penitenciada  por "sortílega embustera".

Los más  de 250  folios  del sumario  iniciado en  agosto de 1704, y finalizado en  junio 1706, son todo un manual de la brujería de la época.

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Este artículo es un breve resumen de lo que se cuenta en el amplio proceso:

Al Santo Oficio las prácticas fuera de los rituales de la iglesia, ya fueran sanadoras, conjuros y supersticiones, les preocupaban poco, al contrario de lo que sucedía en el resto de Europa donde quienes las practicaban iban directamente a la hoguera, aquí lo normal era condenarlos a penas menores. Eran conscientes de que esas costumbres estaban muy arraigadas en la población española en general y la canaria en particular, no obstante son numerosos los procesos contra hechiceros, sanadoras, sortílegas o brujas. De 2.319 personas  juzgadas por  la Inquisición en Canarias, diez fueron quemadas vivas.

Juana Suárez, natural y criada en Agaete, nació sobre 1664, "más o menos", mulata, hija ilegítima de una esclava negra llamada Catalina Suárez, natural de Agaete y según le había contado su madre, su padre era un agricultor llamado Cosme Hernández, que nunca le dio su apellido, vecino de Agaete y de procedencia del lugar llamado Haría de la isla de Lanzarote, tenía dos hermanos de padre, Lucas y María Francisca Hernández, naturales de Agaete.

Preguntada por el Santo Oficio "si es casada"; contestó que no, pero que tenía una hija de nombre muy agaetense, María de la Concepción.

Como buena culeta era conocida por el nombrete de "la Haulaga", supongo que por su gran melena  rizada tipo negroide, en su juventud había sido esclava.

Sus comienzos, en los conjuros de amor y desamor, rituales sanadores y demás sortilegios que efectuaba, los ejerció en Agaete y los pueblos de la comarca, si bien el tribunal de la Inquisición recabó testimonios y denuncias de prácticas sortílegas en Galdar, Guía, Telde, Tenerife y en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, donde se encontraba en el momento en que la denunciaron y fue presa.

El proceso comenzó el 18 de Agosto de 1704, por denuncia ante los inquisidores D. Francisco Álvarez de Lugo y D. Bartolomé Benítez de Lugo, del vecino natural de Fuerteventura, con domicilio en Las Palmas, Juan de las Casas, que compareció sin ser llamado, alegando que lo hacía "en descargo de su conciencia".

Denunciando que había visto a la Haulaga en casa de una vendedora del barrio de Los Reyes, cerca de una lumbre, que escuchó un fuerte estallido procedente del fuego. Al preguntar por el origen del estruendo, le contestó que había quemado cosa perjudicial, que estaba realizando una "suerte para tener fortuna, como también se hace con naipes y estaño". Que la Haulaga le había dado un pedazo de piedra de altar para que tuviera fortuna, piedra que entregó a su confesor. Bajo juramento, prometiendo ante el inquisidor el secreto de lo denunciado.

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El dos de abril de 1705, el fiscal del Santo Oficio Don Diego Francisco de Carvajal, una vez y tuvo conocimiento de la denuncia, se querella contra Juana Suárez, "la Haulaga", por "haber hecho cosas contrarias a la santa fe católica", los inquisidores habían  llegado a la conclusión de que la Haulaga, a pesar de estar bautizada y confirmada "era seguidora de las locuras y vanidades del demonio, haciendo ostentación de su amistad y pacto", ordenando su detención e ingreso en las cárceles secretas de la inquisición en Las Palmas de Gran Canaria.

Durante los dos años que duró el procedimiento por el tribunal del Santo Oficio y por sus comisarios de Galdar, Guía y Telde, pasaron decenas de personas denunciando las practicas y sortilegios que había realizado la Haulaga, la mayoría para sanar enfermedades, sacar "maleficios" de las viviendas y personas, atraer la fortuna o el amor, etc., casi todos previo pago de entre dos y diez reales, aunque hay un caso que pidió 300 reales.

En cuanto al ceremonial que usaba la Haulaga, primero para averiguar si había maleficio y si tenía arreglo, se repite en la mayoría de los más de setenta sortilegios denunciados.

Consistían en una serie de "suertes" en las que mezclaba las cosas sagradas con profanas.

Cuando era requerida para sanar a un enfermo desahuciado, preparaba en un gánigo o un lebrillo (pequeños recipientes de barro), una mezcla de agua bendita, romero, palma bendecida y vino, hacía una pequeña cruz con la palma y el romero y la colocaba dentro de los recipientes, normalmente derretía estaño, en alguna ocasión utilizó plomo, y lo derramaba dentro del gánigo tras apartar a un lado la cruz, si el estaño una vez vuelto a solidificar formaba una sola placa y salía limpio no había maleficio, había enfermedad. La Haulaga hacia una lectura de la forma de la placa de estaño al solidificarse y buscaba el remedio adecuado, si el estaño se quebraba, se descomponía en trozos pequeños que es lo normal, gusanos los  llamaba la mulata, o si s alía sucio, había  maleficio y había que hacer otras ceremonias en días sucesivos. 
 La siguiente ceremonia consistía en compartir el contenido del gánigo en otro, poner uno  en  las  manos de  la  enferma  y otro sobre la cabeza, en  una  ocasión  después  de  la ceremonia vació el contenido del gánigo sobre la cabeza de la enferma.

El siguiente ceremonial era sacar el maleficio de la casa, se hacía de noche, alumbrada por un farol, según contaba una de las denunciantes, se colocaba en la puerta de la vivienda con un hilo carreto, una de las puntas lo agarraba la dueña de la casa y la otra la Haulaga que lo llevaba hasta la ventana de otra casa vecina, allí excavaba en la tierra hasta encontrar lo que estaba ocasionando el maleficio, un cordel con cinco nudos y atado a una bolsa con sal y cenizas. Preguntada, dijo que la sal y la ceniza era para que la persona y la casa maloficiada fuera a menos y el cordel era la medida del cuerpo de la enferma. Seguidamente se quemaba todo y las cenizas echadas en una acequia para que el agua se las llevase y con ella el maleficio.

Las mujeres de la casa tenían que hacer un brebaje machacando apio, berros y cebolla blanca, escurrir el zumo, mezclarlo con miel, aceite, ponerlo al sereno y dárselo al enfermo.

También usaba "unturas" (pomadas) para aliviar los sufrimientos, con los mismos ingredientes antes referidos, que extendía por las "coyunturas" del enfermo (articulaciones).

En otras ocasiones a la palma bendita y romero, se le unía cebo de carnero, los callos de pezuña de caballo (los restos que le quitan cuando le ponen las herraduras), oro, coral, perlas, ruda, beleño, caldo de aceitunas, sangre de drago, etc. Si había maleficio en la casa, en algunas ocasiones, echaba agua bendita por toda la vivienda y en la puerta de entrada.

Era costumbre tener en las viviendas agua bendecida por un sacerdote, las palmas y romeros se solían bendecir el Domingo de Ramos y se guardaba en las casas de un año para otro.

Los rituales terminaban normalmente santiguando, rezando el credo y haciendo la señal de la cruz a la entrada de la casa.

En una ocasión llevó a una enferma a la orilla del mar, metiéndola desnuda en un charco, lavándola con sus manos y haciendo rezados que no se le entendían, según los testimonios de los testigos al tribunal. La Haulaga tenía una colaboradora que le ayudaba en los sortilegios, llamada Francisca la manca.Para tratar de que una persona se enamorara de otra o que volviese si la había dejado, usaba unos anillos de plata con azogue (mercurio).

También fue denunciada por echar maleficio a personas. Un esclavo declaró contra ella por echar maleficio a su amo, que lo tenía en las piernas y que había encontrado un muñeco con un alfiler clavado, debajo de la cama.

La Haulaga tenía el don de averiguar de dónde venía el maleficio y mediante rituales lo buscaba hasta encontrarlo, normalmente un pequeño muñeco con alfileres clavados, cordeles con nudos, envoltorios con sal, cenizas, un clavo clavado, trenzas de hilo y cabello, etc., normalmente enterrados junto a la vivienda del maleficiado o en alguna parte de la casa. Una vez descubierto, lo quemaba en una lumbre y las cenizas echadas a una acequia para que el maleficio se alejara de la persona. En ocasiones la ceremonia era tan simple como que pedía dos reales, se los ponía uno en cada muslo y sabía si había maleficio o no, a partir de ahí, durante varios días, visitaba al enfermo y la casa, aplicando todo el ceremonial anteriormente descrito.

Juana Suárez siempre declaró que "no era amiga del demonio" y que no había estafado a nadie, ni usado muñecos, reconoció la mayoría de las denuncias y las más complicadas para ella decía que no las recordaba, que nunca hizo sortilegios por venganza, que lo que sabía se lo había enseñado una mujer ya juzgada por el Santo Oficio. 

La Haulaga en sus descargos declaró que "iba a misa todos los días y que confesaba y comulgaba cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia", el tribunal le hizo recitar el Credo, el Ave María, la Salve Regina, rezos que a falta de algunas palabras más o menos recitó, pero no supo contestar a los mandamientos de la Santa Iglesia cuando fue requerida.

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El tribunal finaliza el sumario condenando a Juana Suárez, alias la Haulaga con la siguiente sentencia:

"Christi nomine invocato.

...., ante mi está la señal de la Santa Cruz, con mis manos toco corporalmente los cuatro evangelios, si el rigor del derecho hubiésemos de seguir, le pudiéramos condenar a muchas y graves penas, más queriéndolas modelar con equidad y misericordia hace que valoremos los hechos...., debemos mandar y mandamos que esta rea salga en auto público de fe en la iglesia de San Pedro Mártir, el primer día de fiesta, en forma de penitente con coraza y soga al cuello y se lea su sentencia. Al siguiente día salga a la vergüenza por las calles acostumbradas, sobre un asno y con pregonero (ritual de humillación pública).

05 HaulagaSe le destierra de esta isla por tiempo de seis años que los cumplirá en la isla de la Gomera yde la villa de Madrid, corte de Su Majestad y ocho leguas en su contorno", además de otras penitencias y advertencias.

 Firma la sentencia; el inquisidor D. Diego Bartolomé Nicolás Benítez de Lugo y Xuárez, la confirma el fiscal D. Diego Francisco de Carvajal.

 La sentencia fue comunicada para su cumplimiento, a D. Pedro Ahuera de Orellana, alguacil mayor de Las Palmas de Gran Canaria. 

En mayo de 1706, la Haulaga salió en barco desde el Puerto de Las Palmas para Tenerife, dirigiéndose a la prisión del Santo Oficio en Garachico, situada en el convento de San Francisco de dicha localidad a la espera de barco para la Gomera.

En junio el capellán de la isla de la Gomera comunica al Santo Oficio que el comisario de Garachico le había participado que debido al incendio provocado por la erupción del volcán Arenas Negras, Juana Suárez, alías la Haulaga, "aprovechando la confusión y la turbación por los incendios" que el volcán había provocado en parte del convento, se había fugado de la cárcel.

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El fuego que ella usaba en la mayoría de sus sortilegios y que le llevaron a la condena del Tribunal de la Inquisición y a la cárcel, esta vez convertido en llama salida de la madre tierra, fue su redentora.

La historia de la Haulaga y de tantas brujas canarias, quedó inmortalizada en la letra de la canción del folclore isleño llamada "San Juanito", esa que dice; "noche de San Juan bendito..."

....La bruja por esta noche
no tendrá en qué cabalgar,
que le quemaron la escoba
que barría en el pajar.
 
Tres duraznos peladitos
bajo la cama haz de echar,
los quereres de tu novio
los duraznos te dirán.
 
Plomo al fuego derretido
en el agua lo echarás
con lo figura que forme
lo que haz de ser te dirá......

Nunca más se supo de Juana Suárez, la Haulaga, especulando, quiero pensar que volvió a su Agaete donde nació y se crió, que vivió en las cuevas de Tirma o el Risco, tierra de brujas y de historias de brujería que me contaba mi abuelo Pedro Suárez cuando era niño, natural de dicho lugar, historias que a su vez escuchó a sus antepasados, quizás Juana Suárez fue una de ellos...


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Actualizado el Lunes, 11 Febrero 2019 19:04 horas.

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