Radio ECCA: 54 años de los inicios de un singular proyecto educativo en Canarias


En la cordobesa ciudad de Montilla nació en 1927, Francisco Villén Lucena, jesuita que con el paso de los años sería el germen en idea y ejecución de una experiencia pionera en todo el territorio español de la que hoy celebramos los cincuenta y tres años de su aparición en Canarias: una emisora educativa, radio ECCA.


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Si tal como afirmara Francisco Ruiz Pérez, provincial de los jesuitas en el 2015 durante la celebración del cincuentenario de la emisora, “los caminos largos no son el resultado de la suerte; si ECCA tiene 50 años hoy, es porque ha mantenido el espíritu de un visionario”.

Camino de visión y futuro que se había iniciado unos años antes. La utilización de la radiodifusión como fórmula de hacer llegar a todos los lugares de la Cristiandad, el mensaje evangélico y pastoral de la Iglesia Católica, apareció por primera vez en 1929 cuando Pío XI, tras la firma de los Pactos lateranenses, encargó a Guillermo Marconi la instalación de una estación de radio en el nuevo estado vaticano surgido tras los mismos. La concepción inicial de esta fórmula fue transformándose en las décadas siguientes, pareja a su extensión por distintos países. A la primitiva idea de difusión de la fe se añadieron nuevos conceptos que la sociedad católica exigía: reformas, difusión cultural, y ya mediando la pasada centuria, la educación de tantos hombres y mujeres que por mor de su situación económica, social y hasta geográfica iban quedando atrapados en un atroz analfabetismo que los atormentaba e impedía el avance de muchas familias hacia el estado de bienestar que, poco a poco, tras la guerra civil española y la segunda guerra mundial avanzaba por las mayoría de los países europeos.

En España, esta situación se consolidó con la firma del Concordato que reconocía en 1953 el derecho a la Conferencia Episcopal a disponer de emisoras propias y autorizaba la creación de emisoras parroquiales bajo el control de Acción Católica. Tuvo asimismo y previamente a su desarrollo imparable de la década de 1960, una reglamentación de la mano del por entonces Ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado; quien con la intención de recuperar el Plan Nacional de Radiodifusión de los años 30, aprobó el Plan de Radiodifusión en Onda Media por decreto de 14 de noviembre de 1952. Arias Salgado ofreció a esta labor social de la Iglesia Católica Española diez canales exclusivos y continuos de la II Banda de Radiodifusión Sonora. Los años siguientes demostraron las múltiples dificultades con que se encontraba la iglesia para desarrollar esta labor: económicas, mantenimiento, transformación de OM en FM,…

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Como respuesta a ello, el pedagogo y periodista Aníbal Arias Ruiz llevó en junio de 1959 una novedosa propuesta a la reunión de secretariados diocesanos, que fue aprobada sobre la marcha: la unificación de todas ellas en la Cadena de Ondas Populares de España, la COPE; que posteriormente, se constituiría como Sociedad Anónima bajo la Dirección General de José Luis Gago del Val en 1971.

A Canarias arribó todo este movimiento de radiodifusión social a inicios de la siguiente década. El mencionado jesuita Francisco Villén llegó a Gran Canaria con tal intención en 1962. No venía vacío de experiencias, todo lo contrario. Con el profesor mercantil Francisco Hidalgo Trillo llevaron adelante Radio Montilla, que después se trasladaría a la capital provincial y sería el origen de Radio Popular de Córdoba. No era Montilla lugar elegido al albur. El Colegio de la Encarnación fundado allí mismo el 19 de agosto de 1555 y recuperado para la Orden Jesuítica tras la desamortización decimonónica, era la base de movimientos de la misma para toda Andalucía. Radio Montilla fue un experimento que salió muy bien y sirvió al Padre Villén para aprender los pasos iniciales. Desde las ondas de esta emisora cordobesa, Villén comenzó unas ligeras clases de alfabetización dirigidas a campesinos andaluces. Listo y cauto como buen jesuita, el Padre Villén al llegar aquí y antes de lanzarse a aventuras en tierras extrañas, se reunió primero con políticos y luego con un grupo de siete maestros con los que, utilizando un magnetofón prestado, iniciaron unas experimentales primeras lecciones. Después de un año, emprendió la ardua tarea de conseguir los dineros con los que hacer posible su sueño. Con el entusiasmo puesto en el proyecto consiguió convencer a mucha gente bien situada social y políticamente, que dieron empuje a la ilusión.

Entre ellos destacó dando el primer paso y ya siempre hasta su fallecimiento en 1972, doña María del Carmen Fernández del Campo, Marquesa de Arucas, quien donó para los inicios de Radio ECCA -“la emisora cultural de Canarias”- la muy respetable cantidad, entonces y ahora, de dos millones trescientas mil pesetas y adoptó voluntaria y responsablemente una especie de madrinazgo de aquel hermoso propósito; le siguió la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria, que donó un millón de pesetas. Así se imprimieron las primeras lecciones. El Ministerio de Educación y Ciencia pagó al profesorado.

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La experiencia fue iniciada oficiosamente el jueves 15 de octubre de 1964 y oficialmente, cuatro meses más tarde, el lunes 15 de febrero del año siguiente. El Padre Villén y todas las instancias públicas y privadas que le apoyaron, afirmaron desde un primer momento la finalidad primordial de todo aquello que se iniciaba: “la enseñanza y la revolución cultural en todas las islas en los siguientes diez años”.

No tuvieron que esperar tanto.

El pueblo canario, ansioso de aprender y prosperar, hizo de Radio ECCA el mayor y más novedoso sistema educativo de aquellos años no sólo en nuestra tierra sino en todo el territorio español. En muy poco tiempo, ECCA se extendía por todas las islas, muchas provincias de España, África y Latinoamérica.

A Francisco Villén Lucena, que fallecería en Málaga el 21 de octubre de 1997, le fueron concedidas la Cruz de Alfonso X El Sabio, la Medalla de Plata en el Cincuentenario de la Radiodifusión Española y la Encomienda con Placa de Alfonso X El Sabio.

La Marquesa de Arucas fue estimada por toda la población de las islas durante la siguiente década y hasta la actualidad como una verdadera y bondadosa bienhechora hacia el pueblo de Canarias, al que adoraba con toda su alma.

Y la sociedad canaria de entonces, reconocida a escala internacional como introductora de una de las más modernas y eficaces fórmulas de hacer llegar la cultura a todos los rincones del planeta: la radiodifusión educativa.

José Luis Yánez Rodríguez Cronista Oficial de Teror

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