Teror en el Diccionario de Viera y Clavijo


José de Viera y Clavijo nació en Los Realejos, Tenerife, en 1731 y falleció en Las Palmas en 1813.


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En 1750 recibe las órdenes menores en La Laguna y poco más tarde las mayores en Las Palmas de Gran Canaria, siendo obispo Fray Valentín Morán y Estrada, el que iniciara la construcción del actual templo del Pino. Digno representante de la Ilustración isleña, llegó a ser canónigo de su Catedral, sus abundantes publicaciones son muestra de su permanente espíritu investigador y hasta novelesco: Noticias de la historia general de las Islas de Canaria; Elogio de don Alfonso Tostado, Obispo de Ávila; El nuevo Can Mayor o constelación canaria; La vida del noticioso Jorge Sargo, etc. En 1799 escribió el "Diccionario de historia natural de las Islas Canarias o Índice alfabetico decriptivo de sus tres reinos animal, vegetal y mineral", que no se publicaría hasta 1866, por lo que se cumple un siglo y medio de su primera edición y que tal como nos indica Nicolás González Lemus, es "una fuente inexcusable de información sobre la naturaleza y el medio ambiente del archipiélago canario, que a pesar del paso del tiempo mantiene toda su vigencia".

Y la mantiene también con respecto a la Villa Mariana a la que menciona en varios de los artículos y búsquedas que conforman el Diccionario. Así, por ejemplo, cuando se refiere a los diferentes tipos de arcilla de nuestras islas menciona que en Teror existe "una arcilla azulada, que es más pura....y otra cenicienta, untosa, y saponácea, que hace espuma en el agua...y puede servir para desengrasar lana, por lo que se llama tierra de batán..." Otro tipo de tierra fina y suave al tacto, saponácea, sólida pero tierna; que frotada se pone lustrosa, que se pega a la lengua, y se deshace con la saliva y en el agua y que se presta al trabajo del torno como la arcilla, y se endurece al fuego es el llamado "bolo"... En Teror, nos informa Viera "se encuentra el bolo rojo, y el blanco, de que usan los doradores; he visto también allí alguno ceniciento, o más bien, azul oscuro....". También nos habla del espejuelo, que es el más puro, terso y brillante de todos los yesos.... "...encuéntrasé este hermoso yeso de espejuelo en Canaria, señaladamente en el territorio que está entre Teror y Arucas...es blanquecino, con algunas vetas en que reflejan los colores del iris.....y es a propósito para los estucos más delicados. Los franceses lo suelen apellidar "espejo de asno".

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Con respecto al reino vegetal despliega Viera todo su amplísimo saber, con amplitud de referencias, usos, costumbres y hasta detalles anecdóticos de nuestras plantas. Habla, refiriéndose a Teror, del alazor o cardo-cristo, que los franceses llaman "cardo bendito" que se cría en los parajes incultos de Gran Canaria, señaladamente en Teror; la centaurea menor o genciana, planta inodora y amarga, pero muy medicinal, tónica, estomacal, febrífuga, vermífuga y que usada en infusión, "conviene principalmente en las fiebres intermitentes, en la intericia, obstrucciones, colores pálidos, etc.". También de la llamada cerraja arbórea, que se podía ver especialmente abundante en el por entonces pago terorense de Valleseco; o la conocida como "bolsa de pastor", vulneraria y astringente, por lo que se aplicaba con buen éxito en las hemorragias; aparecen la biznaga, cuyos tallos se solían usar como mondadientes del siglo XVII, aunque uno de sus usos más comunes es en los casos de asma para ayudar a mantener abiertas las vías respiratorias. Tambien están el cardillo, el fuego salvaje, el bromo, la doradilla o la bruñela; o las historias del porqué de los avellanos y de los castañeros de San Isidro y Osorio, lo que hace de este Diccionario un jugosísimo abrevadero de saberes.

Pero, obviamente, en nuestro pueblo se explaya con las fuentes y manantiales y sus múltiples cualidades. Nos informa de que a fines del XVII había en la jurisdicción terorense casi doscientas -contando las del municipio de Valleseco- que iban desde las que estaban en propio lugar de Teror: la Fuente Agria, Ortiz, Baseta (sic), de Santa María y de la Higuera; en el pago del Rincón hay doce; en el de los Llanos, ocho; en el del Álamo, otras ocho; en el de Pasitos, cinco; en el de Miraflor, doce; en el del Palmar, seis; en el de Guanchía, tres; en el de Osorio, cinco; .......en los Arvejales, veinte y nueve; en el Laurelal, nueve; y en el barranco de Teror, diez.

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Pero, sobre todas ellas estaba el "Agua Agria" a la que Viera y Clavijo dedica capítulo aparte. Es "agua mineral acídula como la de Telde, la de Guia, la de Agüimes, la de la Montaña del Rapador y la de Tinoca en la Costa de Lairaga". Por el examen analítico que realizó en la fuente agria de y en la del Valle de Casares en Telde, dedujo que ambas aguas están aciduladas por la mezcla y disolución en ellas de un "aire fijo" o "gas" de tierra caliza, llamado ahora "gas carbónico", algo ignorado hasta las investigaciones del canónigo Viera, que decía que por ello el agua se caracterizaba por "un agrio que por el picante y agujitas que se perciben sobre la lengua, pudiera compararse al de la sidra, o vino nuevo que no ha acabado de fermentar. Al salir de los manantiales se presentan acompañadas de innumerables ampollitas de aire, de suerte que una botella de cristal mediada de estas aguas, si se le agita con alguna viveza, y con el dedo se le tapa la boca, se llena al punto de una infinidad de burbujitas de gas, que desprendiéndose sucesivamente, suben a desvanecerse en la superficie, o se pegan como aljófares a las paredes del vaso, hasta que apartando el dedo salta aquel aire con mucho ímpetu, a manera de la espuma de la cerveza cuando se retira el tapón"

A este fin presentó una memoria a la Real Sociedad Económica sobre la Fuente Agria en el año de 1786. En ella manifestó que el agua de Teror no tiene en disolución sino pocas partículas de hierro y de sal común.

Tan poco condimento para tan buen sabor.

Interesante lectura la del Diccionario de Viera que, además de lo aquí expuesto, es un verdadero cofre de saberes sobre las cosas animales, vegetales y minerales de nuestra tierra como reza su título, lo que hace altamente recomendable su lectura y consulta.

José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de Teror.

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