Las Nieves en Agaete

Puertodelasnievesvieja

La primera ermita levantada en honor a la advocación de las Nieves en Gran Canaria fue mandada construir, en medio de la neblina de la leyenda y la realidad, por el entonces Alcaide de la Torre de Agaete y luego Adelantado de las islas de Tenerife y La Palma, Alonso Fernández de Lugo en la hacienda de noventa fanegadas que los Reyes Católicos le habían concedido, y donde construyó a fines de la décima quinta centuria un ingenio azucarero. La imagen que ocupara este santuario inicial junto a la construcción militar sería una de tantas de corte bajomedieval que los conquistadores llevaban consigo para ponerse bajo su protección en los avatares bélicos o, tal como afirma Marín y Cubas, fue encontrada en las primeras correrías por las tierras de Agaete como recuerdo de la presencia de frailes mallorquines en años anteriores: “...en el Gaete se halló entre las piedras una Imagen de Nuestra Señora quebrada y despegada la cabeza del Niño, de barro colorado muy fino, está en La Palma y primero en Canaria, Nuestra Señora de las Nieves, todo el tiempo que duró la conquista desde que se fabricó el fuerte”

vnievesjoselAlonso Fernández de Lugo, con intención de continuar las aventuras de conquista de las islas que aún no estaban sometidas ni a los señores de Canarias ni a la Corona, y fallecida su mujer doña Beatriz de Fonseca, abandonó las tierras de Agaete y comenzó como capitán de las tropas castellanas la campaña bélica de La Palma en primer lugar. Una vez conquistada esta isla y para financiar la de Tenerife, Lugo se vio obligado a vender su hacienda de Agaete al genovés Francisco Palomares, hermano del también propietario de tierras en el lugar, Antón Cerezo. La venta fue realizada por el futuro Adelantado en escritura pública otorgada en Las Palmas el 19 de agosto de 1494 ante el escribano Gonzalo de Burgos a “Francisco Palomares, mercadero ginovés, vecino de la cibdad de Valencia”, y el traspaso fue confirmado por los Reyes Católicos por cédula especial en Tortosa el 28 de febrero de 1496. La hacienda de Agaete estaba gravada a favor de otro genovés, Francisco de Riberol, con un censo anual de doscientas arrobas de azúcar blanco y cuatro de confites por haber cofinanciado éste la conquista de la mencionada isla.

Esta primera imagen de las Nieves casi con toda seguridad abandonó las tierras agaetenses con Lugo cuando marchó a la conquista. Aunque varias hipótesis aventuran que aquella sería la misma que años más tarde implantaría la veneración por la Virgen de las Nieves en la isla de La Palma, no existe rigor histórico para afirmarlo.

Lo que sí es cierto y resulta la primera datación fiable de la presencia de la advocación en la villa, es que entre los conquistadores y pobladores que quedaron cultivando las tierras del valle de Agaete quedó también el recuerdo de la veneración por Nuestra Señora de las Nieves y que uno de sus más potentados vecinos, el ya mencionado Antón Cerezo “El Viejo”, y su esposa Sancha Díaz de Zurita firmaron en marzo de 1532 con el provincial de la orden de la Merced, Fray Alonso de Sorita, una escritura de compromiso de fabricar un monasterio de tal orden junto a la ermita de las Nieves: “Primeramente que nos vos damos para hacer y fabricar el dicho monasterio de dicha iglesia y capilla de Nuestra Señora de las Nieves, con sus puertas, herraduras y llaves, con los ornamentos siguientes: el retablo grande que está en el altar de la dicha Capilla de Nuestra Señora la Virgen María, de pincel, con Señor San Antón e San Cristóbal en la una puerta e en la peana del dicho retablo los doce apóstoles con Nuestro Señor Jesucristo en medio; en el puesto e pintado yo el dicho Antonio Cerezo e mi mujer Sancha Díaz de Sorita, bajo Nuestra Señora...Item, con condición que los ornamentos que al presente la dicha iglesia tiene e los que tuviere de aquí en adelante, para siempre jamás. Están en la dicha iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, e que no se pueden llevar a otra parte o monasterio de la dicha religión, ni para pasar a otro convento ni iglesia alguna; e si de otra manera fuese hecho, que nos como patronos lo podemos resistir, e después de nos, nuestros herederos e sucesores en manera que lo contenido en este capítulo o condición haga efecto”

Pero tal como nos informa Julio Sánchez, la fundación no se llevó a cabo ni se persistió en la intención, ya que este compromiso de fábrica del convento no aparece en el testamento de don Antón ni en el de su hijo Francisco Palomares. Sí se construyó la ermita a inicios del siglo XVI, que cuando en noviembre de 1515 el licenciado Bartolomé López de Tribaldos primer inquisidor y visitador por el obispo Vázquez de Arce visitó el lugar de Laguete, hacÍa unos años que se había construido, de una sola nave y con graves imperfecciones que provocaron las quejas constantes del vecindario en los años posteriores. Ésta fue con posterioridad nuevamente ampliada por Palomares; ampliación de la que sólo resta en la actualidad el arco apuntado que separa el presbiterio del resto de las naves, la cubierta de éste y gran parte de las paredes.

Sí aparece en el testamento de Antón Cerezo otorgado ante el escribano de Gáldar y Guía Alonso de San Clemente el 11 de octubre de 1535, la declaración de la procedencia de la pintura que representa a la Virgen y las otras que le acompañan y el deseo del genovés al hacer la donación: “Item declaro que yo mandé traer de Flandes, para la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de este Agaete, un retablo de pincel, del mejor maestro que se hallare, de la advocación de Nuestra Señora de la Concepción; mando que luego que sea llegado se dé e ponga en el altar mayor de la dicha iglesia sin por el llevar cosa alguna, sino porque haga memoria de mi ánima en la dicha iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, e sea mi abogada”

El políptico en el que se encuentra está considerado como una de las obras de arte flamenco más importante de Canarias. Las tres tablas centrales son rectangulares con remate conopial, y representan a San Antonio Abad con San Cristóbal en el fondo, a San Francisco ante el Crucificado, y a la Virgen con el Niño en el centro. Los otros dos cuadros tienen forma oval y en ellos se encuentran el donante Antón Cerezo y su hijo Galeoto, y en el otro a Sancha Díaz de Zurita, su mujer.

Esta obra ha recibido diversas atribuciones, sin embargo, la más acertada parece ser la del profesor Hernández Perera, quien se la asigna al pintor de la Escuela de Amberes del segundo tercio del siglo XVI, Joos Van Cleve. Atribución originada por la postura diagonal del Niño; el plegado de las faldas de la Virgen; el dosel de brocado sobre fondo de oro; la guirnalda de flores; la minuciosidad en el detalle, etc...”

Obviamente, el elemento más importante del políptico es su tabla central, la que representa a la Virgen. De una delicadeza sin igual, es una de las representaciones marianas de mayor relevancia en el archipiélago. A principios del siglo XVIII la ermita construida por Palomares estaba: “tan indecente que sólo servía de acorralar ganados y sólo la capilla, sin ninguna dotación ni otra cosa más que una imposición de una misa y procesión con sus vísperas que el día de Ntra. Sra. de las Nieves se dice por el Venerable de dicho Lugar”

Así la encontraron el Capitán y Sargento Mayor de Guía, Cristóbal García del Castillo, casado con Francisca Javiera de Bethéncourt Franchi y Pineda, que con su propio caudal fabricaron nuevamente el cuerpo de dicha iglesia y la dotaron de un cercado, casa y cueva canaria inmediata.

El patronato de la ermita de Nuestra Señora de las Nieves de Agaete quedó unido al vínculo fundado por Fernando Olivares, y posteriormente a su descendencia hasta llegar al último poseedor en el siglo XIX, José María de la Asunción Domingo del Castillo-Olivares y Falcón, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 23 de mayo de 1805. Casó en Telde en 1828 con su prima hermana María de la Asunción Falcón y Quintana, hija de don Antonio Jacinto Falcón del Castillo-Olivares y de María del Rosario de Quintana y Llerena. Don José María fue el primer Alcalde Constitucional del Ayuntamiento de Las Palmas por elección. Su hijo primogénito, Fernando Antonio Cristóbal del Castillo-Olivares sería el último sucesor en la mitad reservable del mayorazgo, a la muerte de su padre.

En esta ermita del siglo XVI fue ordenado Bartolomé Cairasco de Figueroa; y a la ermita, la Virgen y el puerto de las Nieves se refiere en la “Presentación” de su obra “El Templo Militante”. La actual es el resultado de las obras de ampliación llevadas a cabo en el siglo XVII, y por último en 1870 cuando el mayordomo Antonio de Armas construyó la singular fachada que hoy se nos presenta.

El acto más importante de las fiestas que en la actualidad se celebran en honor a la Virgen de las Nieves es el que tiene lugar en la madrugada del tres al cuatro de agosto. Sus reminiscencias aborígenes, su amplísima participación popular, su profunda esencia etnográfica, han hecho de “La Rama” una cita obligada de todos los que en Canarias sienten el ser de nuestra tierra y sus raíces. Sin olvidar, por supuesto, su profundo carácter religioso, y que tan acertadamente han estudiado muchos investigadores de la isla desde Sebastián Jiménez a Sergio Aguiar y, recientemente, Javier Gil.

José Luis Yánez Rodríguez, cronista oficial de la villa de Teror

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