De la Casa del Caminero, los eucaliptos y otros asuntos de la carretera de Teror (I)


En Aranjuez, el 10 de junio de 1761 se expedía un Real Decreto con el fin de “hacer caminos rectos y sólidos en España, que faciliten el comercio de unas provincias a otras, dando principio por los de Andalucía, Cataluña, Galicia y Valencia” y con el que se pretendía iniciar una recuperación de las vías de tránsito por los territorios españoles muy abandonados y deteriorados en los siglos anteriores.


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Los caminos ejecutados con dicho Decreto necesitaban componendas, arreglos de lo que el uso continuo de los mismos iba dejando en menester. Por ello, la Instrucción de Caminos de 1785 dejaba claro “en diez de Mayo, y veinte y seis de Agosto de mil setecientos ochenta y quatro, á su instancia, mandó V. Exc. por punto general se comunicásen ordenes á todas las Justicias del Reyno por los Corregidores de sus respectivos Partidos para la composición, y reparo de Caminos cada una en su Destrito, y Termino, executandolo por Quadrillas semanalmente, alternando todo el Vecindario á Pala, Pico, y Azadon, todo dirigido á la mayor comodidad de los Vecinos de los mismos Pueblos, seguridad de los Caminantes, Viageros, y Tragineros, y á facilitar la comunicación, y comercio; y aunque en un asunto tan importante han cumplido los Pueblos de la Jurisdiccion de aquellos Corregidores, y Alcaldes celosos, que lo consideraron con la justa atencion que se merecia, otros descuydados, y morosos enteramente, o en parte á lo menos, le han abandonado, con menosprecio de los saludables preceptos de V. Exc.”

camineros03Y así quedó sujeto a la voluntad de descuidados y morosos hasta que también en Aranjuez Carlos IV firmó el 12 de junio de 1799 la Real Orden que creaba la Inspección General de Caminos y en la que nuestro paisano Agustín de Betancourt tanto tuvo que ver y que desarrollaremos en otro escrito. La Orden decía en su artículo 9º que “para conseguir que se planteen bien los proyectos relativos al trazado y alineación de caminos y canales y las obras de mampostería, puentes y demás relativo a la Comisión, parece indispensable que el ramo de Caminos y Canales se componga de tres Comisarios de la Inspección, ocho facultativos sobresalientes en calidad de Aiudantes, de cuatro facultativos de los caminos de sitios Reales e Imperios, de un facultativo en calidad de celador para cada diez leguas de las comprendidas en las seis carreteras principales del Reino y de un peón caminero en cada legua…”

La medición se realizaba a través de leguarios en los que la legua equivalía a 5.572 metros.

El ingeniero murciano Eduardo Echegaray y Eizaguirre -de actividad incansable pero un tanto apagada por el brillo de su hermano, el premio Nobel José de Echegaray- afirmaba en uno de sus trabajos que “cuando todo pareció sonreír a las obras públicas en España, cruzó por la mente de Napoleón I la idea de uncir nuestra patria a su carro de triunfo, sus ejércitos no tardaron en entrar en ella y se empezó aquella terrible lucha entre los españoles y el coloso del siglo XIX, que duró seis años. Inútil es deciros que durante este tiempo las obras públicas quedaron abandonadas; uno y otro día sus puentes volaban a impulsos de la pólvora y el resto de sus construcciones desaparecía bajo las ruedas de los cañones y el paso de los ejércitos. La Escuela de Caminos, Canales y Puertos desapareció, porque los profesores y los alumnos, dejando el lápiz y el compás, corrieron a tomar la espada, y los peones camineros, abandonando los útiles del trabajo, empuñaron el fusil y se lanzaron por esos cerros de Dios a matar franceses…”

camineros02En Canarias y más en concreto en nuestra isla, tal como escribí en trabajo al respecto, todo ello debió esperar a mediados del XIX para comenzar poco a poco a ponernos al nivel del resto del territorio, que tampoco era gran cosa. Y se debió -también lo he repetido hasta la saciedad- al empeño y preparación de los hermanos teldenses Fernando y Juan León y Castillo; éste último el que, como Ingeniero Jefe de las islas trazó el recorrido de la carretera de Tamaraceite a Teror que inaugurada en 1898 es en estos momentos objeto de una ampliación y reforma.

Los capataces y peones camineros que tanto en esta carretera como en todas las demás ya construidas por entonces o las que se realizarían posteriormente hasta mediados del pasado siglo fueron figuras destacadas en todo este proceso y las nuevas carreteras se vieron rápidamente atendidas por estos funcionarios cuya figura y obra no ha sido a mi entender debidamente ponderada, recordada y hasta homenajeada.

caminero05Tenían, según la normativa, entre otras las siguientes funciones: “igualar las rodadas que hiciere el carruaje en el camino, allanándolas con azadón o rastro macizando antes las que fuesen profundas con piedra, guijo o material más sólido que haya a mano quebrantando las piedras si fuesen gordas con almádena y siendo menudas apisonándolas para que no queden en hueco y recebándolas con los bordes de las mismas rodadas; cuidando igualmente de limpiar y desembrazar el camino en la parte que haya mucho barro y señaladamente en los baches sacándole fuera de él antes de cubrirle con el material sólido que necesite para hacerle firme y de conservar el lomo y bombeo que es la parte más esencial del camino y la que más padece; donde esté el guijo descubierto por haberse llevado los aires la última capa, cubrirla nuevamente con arena, tierra o el material equivalente que halle a la mano; si sobre el camino hubiese rodando piedras movedizas demasiado gordas, sacarlas de él y recogiendo también todas las que se encuentren a las orillas hacer montones a trechos sobre los paseos para hacer uso de ellas en el tiempo más oportuno y cuando llueva; tener limpias las zanjas o cunetas de los lados, abriendo y recavando las que se hubiesen cegado recargando los paseos con la tierra que produzcan y echando sobre las tierras inmediatas la sobrante; tener limpias las entradas y salidas de las alcantarillas y su hueco para que las aguas no tengan detención en las zanjas de la parte superior del camino; tener cuidado con los daños que se hicieren en el camino, sus obras y árboles, para denunciarlos ante las justicias, con arreglo a la ordenanza; asistir todos los días al camino, aunque haga mal temporal, desde que salga el sol hasta ponerse y aun los festivos para estar a la mira de lo que ocurra, ausentándose solo de él para ir a cobrar su sueldo en fin de cada mes a la Tesorería donde se le pague porque de lo contrario no gozará sueldo alguno; si hallare alguna persona o personas en el camino con apariencia de gentes de mal vivir y delinquiendo, podía asegurarlas y conducirlas a los lugares de la jurisdicción dando parte a las justicias para que vinieran a encargarse de ellos…”

camineros04La carretera de Teror muestra ya en su último tramo los restos de una de las casillas que para estos peones camineros se ubicaban junto a las carreteras que debían limpiar, adornar, ajardinar y hasta de proteger como hemos visto, de ataques en su arbolado.

La casa del Caminero junto a la Vuelta de Arévalo -rebautizada también como del Caminero por la cercanía a la construcción- ha visto toda la historia de esta carretera; desde el detalle anecdótico y trágico de que junto a ella se produjo el primer accidente de automóvil allá por 1911 y que fue atendido con solicitud inmediata por el mismo caminero, las romerías, peregrinaciones, construcciones como la del Viaducto o la cercana Depuradora de Aguas Residuales del municipio o la actual ampliación y reforma.

caminero06Por mor de la inauguración del citado Viaducto sobre el Barranco de Teror hace nueve años, ha quedado un tanto olvidada en un nivel más bajo que el de la nueva carretera y ésa es la razón de estos escritos que hoy inicio.

Perfectamente cuidada en la estructura de sus “cuartos” -sus cuatro habitaciones- más su patio trasero, no tiene en la actualidad otro desperfecto que el de carecer de cubierta. Y otro que es para el que pido rápida y preventiva actuación: están creciendo (ahora lo harán con mayor lozanía por las recientes lluvias) dos eucaliptos, uno dentro y otro fuera que son la mayor amenaza para este inmueble merecedor de mejor trato.

Desde un lugar para recordar las especies que plantaban: los rosales ingleses, los geranios, etc., un pequeño museo para el recuerdo del trabajo y presencia en las carreteras isleñas de estos personajes, o la recepción a las tierras terorenses de esos otros “camineros” del siglo XXI (peregrinos, senderistas, turistas,…) que podrían allí mismo iniciar mil rutas sobre el territorio de Teror, cualquier uso que se le dé es preservar y respetar la figura insigne de los camineros y perpetuar conservando su memoria.

Otra cosa sería no respetar nuestro patrimonio, nuestra historia y sobre todo no respetar a nuestro pueblo.

José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de la Villa de Teror.

Actualizado el Miércoles, 20 Noviembre 2019 09:50 horas.

2 comentarios

  • Terorero Jueves, 21 Noviembre 2019 15:42 Enlace al Comentario

    Hay cada unos suelto con sindrome de diogenes.... Pa k lo kieren x favor?? Hagan un favor a los vecinos de teror cmo yo y dejen k arreglen esa carretera k tanto hemos luchado y dejense de guardar basuraa

  • Samuel Miércoles, 20 Noviembre 2019 23:13 Enlace al Comentario

    ¡Si señor! Que gasten el dinero en estas cosas que verdaderamente SI son necesarias y son cultura y tradición, raíces de nuestro pasado, del cual, NO NOS DEBEMOS JAMÁS DE OLVIDAR.
    Soy de Miraflor y con orgullo he vivido en este municipio de Teror durante gran parte de mi vida y con recelo he visto la ampliación de la vieja carretera... NO ME DEN MOTIVOS PARA PENSAR EN QUE NO ME EQUIVOCABA.

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