Las casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal: "Casa-Museo de Rosalía de Castro"

Josefa Molina 2020literaaratosPresentación  

Siempre he pensado que visitar la casa donde nació, vivió o falleció una persona a la que admiras por su trayectoria literaria o intelectual, responde no tanto al deseo de conocer más en profundidad su obra sino más bien al íntimo anhelo de poder admirar en persona la libreta donde escribió sus primeros versos, la máquina de escribir donde tecleó su novela más renombrada o curiosear en las estanterías de los libros que le inspiraron.

Durante los últimos años, la elección de mis destinos vacacionales ha estado íntimamente vinculada a aquellas ciudades que acogen las antiguas residencias de mis escritoras y escritores preferidos, muchas convertidas en casas-museos, en las que se ofrece al visitante la oportunidad de adentrarse en la vida y obra del ilustre personaje que la habitó en su momento.

Lo reconozco: siempre me han fascinado las casas-museos y no solo por lo que sin duda constituye una dosis de cierta idolatría hacia el personaje en cuestión, sino porque me ofrece la oportunidad de respirar a través de mi propia piel los espacios que ellas y ellos habitaron en algún momento de sus vidas; de hacer esos espacios, en definitiva, un poco míos.

En mi adolescencia nunca fui una gran fan de grupos musicales como muchos de mis amigos y, sin embargo, con la edad, me he ido transformado en una auténtica entusiasta de esas personas que han logrado hacer de la palabra un sendero a través del cual acercarse a la permanencia, rozar la inmortalidad.

Desde luego, no soy ajena al hecho de que algunas de estas instalaciones no corresponden en absoluto al espacio original en el que la escritora o el escritor en cuestión residió, ya que, con frecuencia, los inmuebles se han visto sometidos a todo tipo de transformaciones, bien por haber sido víctimas del más irresponsable abandono o de extrañas reestructuraciones con el fin de hacerlas visitables al público, en ocasiones con tan variadas mutaciones que han perdido cualquier parecido al espacio que viviera su célebre habitante.

Y, sin embargo, para mí suelen ser estancias igualmente evocadoras, ya que poco me importan las paredes que dan cobijo a la casa-museo; lo que de verdad me atrapa es el conjunto de elementos que los convierten en espacios únicos y entrañables: los libros, las plumas, las máquinas de escribir, las fotos, las libretas, los folios manuscritos,… todos esos pequeños detalles que logran transportarte suavemente de la mano para llevarte hacia un instructivo recorrido por su vida.

Como podrán imaginar tampoco soy ajena al interés comercial y turístico que para cualquier ciudad supone contar con una casa-museo de un vecino ilustre, una iniciativa que no solo comparto, sino que aplaudo con vehemencia porque soy de la opinión de que el pueblo que reconoce a los suyos se engrandece como tal.

El caso es que de esta personal fascinación por las moradas de mis literatas y literatos preferidos nace esta sección en Infonortedigital en forma de pequeñas crónicas, en las que iré exponiendo lo que han supuesto para mí las visitas a las diferentes casas-museos de autoras y autores literarios a los que admiro y, en algunos casos, venero con auténtica devoción.

A lo que aspiro con la sección ‘Las casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal’ es precisamente a eso: a plasmar lo que han supuesto para mí las visitas a estos espacios, a la vez que pretendo animar a los lectores a recorrer las distintas casas-museos para que puedan vivir en primera persona la maravillosa experiencia de adentrarse en la intimidad de estos y estas grandes de la literatura.

Por suerte aún me quedan muchas casas-museos por visitar; una agradable labor que continuaré realizando, en la medida de lo posible aprovechando mis periodos vacacionales, con el único fin de continuar descubriendo lo que las casas-museos de mis más admirados literatos me quieran mostrar. Esa será mi particular forma de hacerlos a todas y a todos trascendentes para mí y para el público lector de estas líneas.

Espero que les agrade el paseo que realizaremos juntos por las distintas casas-museos. Pasen y lean. Quedan todos y todas invitados.

Rosalía de Castro: “Abrid esa ventana que quiero ver el mar”

Cuando una se acerca a la Casa-Museo de cualquier escritora o escritor lo hace con el anhelo de poder ‘rozar’ la intimidad de sus antiguos moradores, de conocer algún detalle más de la vida personal de la autora o autor en concreto, algo que haya escapado a las biografías. Mi escasa experiencia como visitante de casas-museos me ha arrojado la certeza de que nunca sabes lo que realmente te vas a llevar de la visita.

La visita a la casa-museo dedicada a la poeta y novelista gallega Rosalía de Castro fue, en mi caso, el ejemplo emblemático de cómo una visita que esperaba de lo más habitual se transformara en todo un descubrimiento personal en relación no solo a su obra literaria sino en otros aspectos por mí desconocidos.

foto 1La Casa-Museo Rosalía de Castro se encuentra ubicada en Padrón, localidad en la que la autora gallega pasó parte de su infancia y adolescencia y donde falleció en 1885. Esta pequeña población de la provincia de La Coruña, con apenas 8.000 habitantes, tiene la fortuna de contar entre sus personajes ilustres nada menos que con dos grandes de las letras españolas: Rosalía de Castro y Camilo José Cela.

Castro, considerada una de las grandes poetas de la literatura española del siglo XIX, es una de las figuras clave del denominado Rexurdimento gallego. Nació en febrero de 1837 en Santiago de Compostela, hija natural del sacerdote José Martínez Viojo (1798-1871) y una hidalga soltera venida a menos, María Teresa de la Cruz Castro y Abadía (1804-1862). Al ser bautizada fue registrada como hija de padres desconocidos. La niña fue acogida por una tía paterna en una aldea de la Galicia profunda hasta que, siendo ya una adolescente, la madre se hizo cargo de ella y se fue a vivir a Santiago.

Sin embargo, la Casa-Museo que recuerda la obra y figura de la poeta gallega se ubica en Padrón, donde falleció consumida por un cáncer de útero en julio de 1885 cuando contaba tan solo con 48 años de edad. Se había casado con Manuel Murguía, destacado impulsor del Rexurdimento gallego y creador de la Real Academia Gallega, con quien tuvo siete hijos.

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A pesar de constituir una ciudad más bien pequeña, Padrón tiene una singular importancia dentro de la ruta del Camino de Santiago. No en vano, en su mismo núcleo urbano está situada la iglesia de Santiago, que alberga, según se explica a la entrada del edificio de corte neoclásico, el Pedrón, un pilar donde supuestamente se sujetó la cuerda de la barcaza de piedra (sí, ha leído bien, de piedra) que, según la leyenda, transportó allá por el 34 d.c los restos del apóstol Santiago desde Jerusalén a España, considerándose el punto de partida de la tradición Jacobea ya que los restos del santo se depositaron en Santiago, donde años más tarde se alzó su insigne y espectacular Catedral siendo punto de llegada de los peregrinos que realizan el Camino de Santiago.

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La iglesia está situada junto a un bello puente románico bajo el que discurre un plácido río Sar y frente al Paseo do Espolón, un ancho paseo del siglo XIX recubierto de frondosos árboles. En él nos encontramos, a cada extremo, con sendas estatuas de los dos personajes más ilustres de la ciudad, al norte y más próxima a la iglesia, una estatua de Rosalía de Castro, instalada en el año 1957, y al sur, otra de Camilo José Cela, que data de 2003.

Unos metros más alejados se encuentra el desvío para llegar a la casa-museo, situada en la avenida de la Estación, que, como su propio nombre referencia, discurre paralela a las vías del tren que unen las ciudades de Santiago, Vigo y A Coruña.

Lo primero que te recibe nada más entrar en el espacio que alberga la casa-museo, es un fresco jardín donde se levanta una casa de piedra con un bello balcón de madera. Dentro, se esconden los tesoros de esta grande de las letras españolas.

davEl edificio, conocido como la Casa de A Matanza, constituyó el último hogar de la autora de Cantares Gallegos (1863) y Follas Novas (1880). De hecho, en esta casa vivió de alquiler la escritora con su familia hasta su fallecimiento, quedando poco después totalmente vacía. Por fortuna en 1947 se constituyó el Patronato de Rosalía de Castro, con el objetivo de adquirir la vivienda y restaurarla para convertirla en sede de una casa-museo, objetivo que se logró en 1972. Posteriormente, se constituyó la Fundación Rosalía de Castro, actual propietaria de la vivienda.

Una pequeña recepción y una tienda con libros y recuerdos sobre la autora gallega conforman la primera estancia del edificio, para dar paso a un recorrido que te lleva por diferentes habitaciones con diversos expositores y numerosas fotografías y carteles con información sobre la vida familiar y personal de la autora así como explicaciones sobre su relevancia como escritora y exponente del Rexurdimento gallego.

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Destaco de esta casa-museo las dos últimas salas en las que se profundiza sobre el papel de Castro como mujer y como feminista. A esta respecto, quiero señalar que la Fundación editó una maravillosa recopilación de textos bajo el título ‘Escritos feministas’, en la que, y ahí enlazo con mi afirmación inicial sobre la certeza de que nunca sabes lo que realmente te vas a encontrar cuando visitas por vez primera una casa-museo, y es precisamente a través de este volumen descubrí, para mi asombro no lo voy a negar, el carácter profundamente feminista que alberga varias de las obras, tanto de narrativa como de poesía, de Rosalía de Castro, un aspecto que desconocía hasta ese momento.

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De hecho, en este volumen se incluyen diversos textos en los que la autora gallega plasma sin tapujos la situación de la mujer de su época y critica el sometimiento de la misma en aplicación de las costumbres sociales del momento histórico. Entre los textos incluidos en estos ‘Escritos feministas’ se encuentran el clásico ‘Las Literatas. Carta a Eduarda’, publicado en 1865, en el que la escritora invita, desde la más doliente ironía, a una futurible escritora de nombre Eduarda a alejarse de la ‘fatal tentación’ de publicar (ver artículo https://www.landbactual.com/escritos-feministas-de-rosalia-de-castro/) o reflexiona sobre los obstáculos a los que se tienen que enfrentar la mujer que pretende publicar como se recoge en este fragmento correspondiente al prólogo La Hija del mar (1859):

Pasados aquellos tiempos en que se discutía formalmente si la mujer tenía alma y si podía pensar -¿se escribieron acaso páginas más bellas y profundas, al frente de las obras de Rousseau que las de la autora de Lelia?- se nos permite ya optar a la corona de la inmortalidad, y se nos hace el regalo de creer que podemos escribir algunos libros, porque hoy, nuevos Lázaros, hemos recogido estas migajas de libertad al pie de la mesa del rico, que se llama el siglo XIX.

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Sin embargo, he de reconocer que lo que más me atravesó el corazón de esta visita fue la habitación que alberga la cama donde falleció la escritora. En esta estancia, sobre una solitaria cama de hierro cubierta por colcha blanca de ganchillo, reza una frase: Abride esa fiestra, que quero ver o mar (Abrid esa ventana que quiero ver el mar).

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Parece ser que estas fueron las últimas palabras de nuestra autora antes de su fallecimiento, unas palabras que recogió su hija Alejandra, y que, según se explica en los carteles informativos, debieron de responder al avanzado estado de su enfermedad dado que desde aquella ventana no se podía ver el mar aunque sí el río Ulla por donde transitaban barcos. Junto a la cama, una pintura al óleo de la madre fallecida realizado por su hijo Ovidio, por entonces con tan solo 14 años de edad, remata la escenografía del lugar que sentí dramática y profundamente desoladora.

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Fue precisamente este sentimiento de cierta desolación ante la visita a la casa-museo de Rosalía de Castro y el impacto de haber conocido un aspecto de su producción literaria que desconocía hasta la fecha, los que me motivaron a escribir estas crónicas sobre las casas-museos que he tenido la fortuna de visitar porque todas y casa de una de ellas me han permitido conocer a sus ilustres moradores de una forma diferente, mucho más íntima y personal, de la podría haber alcanzado logrado únicamente a través de su producción literaria o de sus biografías.

FOTO 10Rosalía de Castro fue enterrada en el cementerio de Adina, ubicado junto a la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, en Iria Flavia, a poco más de dos kilómetros de distancia. Unos años después, en 1891, sus restos fueron trasladados al Panteón de Gallegos Ilustres en San Domingos de Bonaval, en Santiago de Compostela, siendo la única mujer que está enterrada en este panteón hasta la fecha.

Precisamente, en el cementerio de Adina reposan los restos de otro ilustre gallego, el Nobel de Literatura, Camilo José Cela. Él será el protagonista de nuestra próxima entrega de Las casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal.

Más información sobre la casa-museo Rosalía de Castro en: https://rosalia.gal/

Fotos: Josefa Molina

Actualizado el Lunes, 05 Octubre 2020 13:03 horas.

5 comentarios

  • Arcadia Martín Martes, 03 Noviembre 2020 21:46 Enlace al Comentario

    Gracias por esta preciosa sección. Un lujo poder viajar en el tiempo y disfrutar de tan descriptiva narración.

  • Josefa Molina Miércoles, 07 Octubre 2020 13:13 Enlace al Comentario

    Mil gracias a las personas lectoras, 'un lector' y África, que se han molestado en dejar sus comentarios aquí. Es gratificante comprobar que este tipo de crónicas nos remueven por dentro. Gracias, África, por expresarlo así. El próximo lunes, nueva entrega, esta vez dedicada a nuestro Nobel Camilo José Cela.

  • África Sánchez Miércoles, 07 Octubre 2020 07:19 Enlace al Comentario

    Mi sincero agradecimiento por tu iniciativa.
    Por lo que a esta casa-museo se refiere, has removido mis entrañas, mi admirada Rosalía!
    La última vez que he estado aquí, ( he llevado a varias amigas en diferentes ocasiones) todavía tenían la costumbre de depositar una rosa fresca en su cama cada día, han pasado muchos años...y solo recordarlo me llena de emoción.
    Gracias.
    SEMPRE TUA ROSALÍA!

  • Un lector Martes, 06 Octubre 2020 15:13 Enlace al Comentario

    Gracias Pepa por tus aportaciones culturales, creo que son magníficas para el medio y a través de él podemos disfrutarlas todos. Muchas gracias por tu implicación con los lectores y lectoras de este y otros medios en los que colaboras.

  • Josefa Molina Lunes, 05 Octubre 2020 16:01 Enlace al Comentario

    Entusiasmada con este nuevo proyecto. Espero que el público lector del diario se anime a acompañarne en esta nueva aventura periodística.

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