Mañas y maneras de la mantilla canaria


Dedicado a las mujeres de nuestra tierra que en las fiestas, romerías, procesiones y en la Semana Santa han sabido mantener durante siglos el pundonor y el respeto a nuestra cultura que en lo hondo significa el mantenimiento de esta prenda.


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Las telas

Los tejidos para su confección han ido variando -por las lógicas relaciones mercantiles de las islas y las diferentes capacidades económicas desde las durezas de las paños y bayetas del XVII, pasando por damascos, holandas, muselinas,.... en el XVIII, para terminar ya en XIX, tal como destaca en su estudio Domingo Pérez Navarro, con la introducción de telas como las viscosillas, lanillas, bengalinas y -sobre todo- la beatilla, (como la famosísima que, llegada de Inglaterra, vendía la Casa Miller en la calle de Triana) un tejido de muselina o algodón blanco, que ha determinado, en gran medida, su actual aspecto.

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mantilla04Corte y confección

Éste es una de las mañas y maneras más relevantes y menos destacadas en muchas de estas asociaciones, grupos, que con toda la buena intención pretender "recuperar" en su autenticidad más pura el estilo sencillo y a la vez nada simple de la verdadera mantilla. No era un cuadrado de tela colocado sobre la cabeza ni tenía las mismas medidas para todas las mujeres. Su forma peculiar que llamaban "la cuna" debe cortarse y confeccionarse con tal precisión que la existencia de moldes o plantillas era -y es- prácticamente imprescindible.

Y, obviamente, las medidas no son las mismas porque las alturas no son las mismas. Partiendo de que tanto la forma como la confección son fácilmente conseguibles, quiero añadir la anécdota de haber visto de chiquillo "coger las medidas" para una mantilla, con un cordel colocado desde el entrecejo de la mujer, pasando por encima de su cabeza hasta llegar al inicio de los gluteos, la rabadilla. Así se iniciaba las labor de su confección.

mantilla05El planchado

Las mantillas canarias no se planchan en plano. Se hace "del revés", doblando a la mitad, marcando muy bien las líneas; para volver a doblar marcando fuertemente sobre el tejido, que era como se llevaban hasta la romería o lugar donde se lucían.

Se conseguía con ello que, al desplegarse sobre la cabeza la prenda, ésta quedara significada por una serie de estrías que la cruzaban de arriba abajo y definían la prestancia y correcta elegancia de la misma.

El bico

Este término, que muchos recordarán cuando se referían a los mimitos o besos simulados que se le daban a los niños de pequeños (los pucheritos) definían también si el planchado se había realizado con compostura; ya que quedaba perfectamente ubicado sobre la frente de la mujer.

mantillas02El lavado y azufrado

Otro aspecto en el que -por razones asimismo de la misma obviedad que en las otras en las que se han producido variaciones- es el del lavado y azufrado. Las mantillas se lavaban con jugo de pitas...sí, con un tipo de pita, el henequén; pero que, a falta del mismo se usaba otra variedad de las que tanto abundan en nuestros campos. Este zumillo, de aspecto y textura pegajosa es la saponina o jabón natural, que aportaba a la prenda una blancura impresionante. Después se planchaba y, antes de guardarla, se azufraba. Puede parecer extrañísima y totalmente contraproducente echar jumacera de azufre sobre lo recién lavado, pero era así. Se colocaba bien doblada desde el respaldo de un taburete a otro y bajo la misma un brasero con el azufre; sobre el mismo una cesta del revés y sobre ésta otra tela. La buena amiga y extraordinaria memoriona de nuestras cosas, Dolores de la Fe, lo escribía hace años y con ella mantuve una sabrosísima conversación al respecto, como todas las que se tenían con ella, sabiduría y humor a partes iguales. Tras el sajumerio de azufre ya se podía guardar la mantilla que tras este proceso no quedaba de un blanco puro y límpido, más bien tirando a cremosito, blanco roto lo llaman ahora, cuando se refieren a los trajes de novia.

mantillas01El peinado y la colocación

El peinado y la colocación de la mantilla ponían el último punto en el decoro de la prenda. Aclarar antes de pasar a temas que he comprobado picajosos cada vez que he "disertado" sobre ellos: todas las mujeres tenían el pelo largo y se lo peinaban en moño, ya fuese trenzado o no.....Conclusión rápida: el cabello quedaba estirado hacia atrás y la frente despejada de rizo y pelo suelto; por lo que la mantilla, bien colocada, la cubría y aportaba ese "aspecto monjil" al que tantos escritores e investigadores se han referido. El pelo no se podía ver.

La mantilla, bien colocada quedaba por tanto, con los laterales embozados hacia atrás por efecto del moño; con la frente sin cabello visible; el bico sobre la misma y las señales del planchado bien marcadas sobre la espalda: Como detalle final, debía llegar, obligatoriamente para llamarse mantilla, desde el entrecejo hasta el inicio del femenino trasero. A mitad de espalda o dejando ver el esplendor de una hermosísima y poblada cabellera rubia, no es una mantilla canaria cabalmente "recuperada" de su olvido y apropiadamente colocada.

No pienso con este escrito marcar, en absoluto, las mañas y maneras con las que las mujeres canarias del siglo XXI deben colocarse esta prestigiosa prenda de nuestra vestimenta tradicional; pero sí cómo lo hacían las de décadas y centurias pasadas, por lo que si se habla de recuperar tradiciones con usanzas y costumbres bien rescatadas éstos sí eran los talantes con las que antiguamente las canarias se colocaban las mantillas del país.

José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror.
Actualizado el Viernes, 26 Marzo 2021 00:28 horas.

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