La Fuente Agria de Teror, de los concesionarios al rescate

agria01La más bien convulsa historia de la Fuente Agria y de su propiedad y explotación ha estado plagada -no hay término más adecuado- de pequeñas historias personales, políticas y familiares que al soco de ser además de un manantial cuyas aguas “consumían la carne hasta el hueso y se solían recetar en algunos males”, tal como las describiera, Viera y Clavijo ya en el siglo XVIII; eran asimismo un excelente manantial de caudales dinerarios.

Ello, movió al Ayuntamiento de Teror -un mes antes de iniciarse la Segunda República- al inicio de la construcción de un moderno edificio industrial de embotellado y preparación del agua para su correcta comercialización.

En 1933, la explotación de la misma fue rematada por cinco años a Simón Rodríguez Ortega, el que en rigor puede llamarse primer concesionario de la Fuente Agria como tal empresa, ya que si bien otros como Nicanor Cárdenes Cabrera habían realizado esa labor en la década anterior, no podía definirse ni la propia organización ni sus instalaciones como las de una empresa moderna y adecuadamente estructurada.

Sería por ello Simón Rodríguez el que iniciaría esa peculiar forma de explotación pública con concesión a particulares de la Fuente Agría de Teror, que con altibajos y permanentes controversias con la municipalidad, se mantendría hasta 1982.

Este primer concesionario aportaría al Ayuntamiento unas 60000 pesetas de canon anual y sólo podría explotar “lo sobrante”. Al no haber abasto público domiciliario en el municipio, ya que sólo lo tenían algunos vecinos a raíz de la instalación que montara Eduardo Quintana para surtir la fábrica terorense de la Coca Cola en 1934, el vecindario del pueblo podía ir a los chorros “con las botellas o envases que quisiera y llevarse toda el agua que deseara para su uso”. Pese a las condiciones impuestas en el remate (como el que las posibles huelgas fuesen a riesgo y ventura de los concesionarios) el negocio les estaba asegurado.

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En 1936 se vendían ya en torno a las seis mil botellas diarias que llegaban hasta Tenerife. Tanta riqueza había que celebrarla y así, para aquel verano del 36 se programaron una serie de verbenas que se llamarían “Fiestas de la Fuente Agria” ya que tal como afirmaba el alcalde de entonces Antonio Sarmiento

El tesoro de Teror es el agua. La importancia de Teror es la Fuente Agria. La vida comercial de Teror es el agua de Teror”

Por razones obvias, nada de esto pudo ser. Estas afirmaciones se hacían el 14 de julio. Tres días más tarde, abajo en la capital, el general Franco firmaba unos papeles y aquel verano no estuvo nadie para verbenas.

Pese a todo, el avance comercial de la empresa prosiguió. Y entre otras cosas, en tiempos de guerra surgieron las primeras campañas publicitarias y al agua del barranco de la Villa se promocionaba en 1939 como “Agua Agria de Teror. Única agua de mesa autorizada. Libre de toda clase de impuestos. Pedid siempre Agua de Teror”

No obstante, pasados los cinco años del remate en 1938, el Ayuntamiento rescindía el contrato a Simón Rodríguez, con pérdida de la fianza entregada. Los cambios políticos traían mudanzas también en las amistades y parentelas de los gobernantes, y aunque el ayuntamiento decidía en pleno de 25 de febrero de aquel año "establecer una administración municipal directa, convocar al pueblo para que diera su opinión sobre el futuro de la Fuente y formar una Comisión con representación de las distintas tendencias locales", lo cierto es que al mes siguiente se volvía a poner en manos privadas.

agria02Dentro de la promoción comercial del agua en estos años estuvo siempre muy presente la importancia del mundo del deporte y los sucesivos concesionarios lo tuvieron siempre como un buen lugar de avanzar sobre Firgas, y aunque fue el mundo de la lucha canaria uno de los primeros carteles publicitarios, el fútbol, el balonmano, y el fútbol sala fueron siempre campos donde el agua agria se movió con holgura. Aunque también es verdad que a los dueños particulares de la empresa, ese mundillo con "olor a multitudes" y adulador les resultaba especialmente grato.

Los primeros años del régimen franquista y sobre todo después del retorno a la alcaldía José Hernández Jiménez a partir de 1943, fueron época fructífera en apoyos gubernativos a la empresa. Las visitas a las instalaciones eran continuas y entre ellas destacó la que realizó en septiembre de 1948 con Matías Vega y otras autoridades insulares, el Director General de Sanidad, el doctor Jose Alberto Palanca Martínez-Fortún, que quedó gratamente impresionado del sabor del agua y de las extremadas e higiénicas condiciones sanitarias del embotellado.

Era el concesionario por entonces, Sebastián Nuez González, que con la intención de expandir el área de difusión y venta del agua de Teror la estaba haciendo llegar hasta Guinea, donde tenía una excelente acogida como prevención de las fiebres paratíficas que asolaban por aquellos años la colonia africana. De ahí puede venir que el eslogan de la empresa fuera terminando la década de los 40 ..."Beba agua de Teror si quiere conservar su salud" Tras Sebastián Nuez y su renuncia al derecho de tanteo, llegaría en 1953 a la concesión de la Fuente Agria Antonio Domínguez Rivero, que con su oferta de 210000 pesetas consiguió la adjudicación en pleno de 8 de abril de 1953. Ha sido éste el concesionario que más tiempo se ha mantenido al frente de la empresa, donde permaneció durante dos décadas; una época que estuvo definida por decisiones muy relevantes para el futuro del manantial entre las que destacó el tema de asegurarse el mantenimiento del caudal del mismo.

Así, en 1966, se aseguraba desde el ayuntamiento que la disminución del caudal "era debida a las numerosas explotaciones de aguas que se realizaban en la parte superior" del barranco; y aunque las denuncias sobre explotaciones hidráulicas que podían afectar al agua agria ("Los Gazapos", "Quevedo", ...) no eran atendidas debidamente por las instancias judiciales; la municipalidad se mantuvo siempre firme en sus demandas a este respecto durante años. En marzo de 1973 terminaba la concesión a Antonio Dominguez y el pleno decidió subastar nuevamente la Fuente Agria "pero debiendo realizarse un detenido estudio por Intervención para prever la posible forma de explotación directa por el Ayuntamiento, para el caso de que la subasta quedara desierta". Pero tampoco entonces volvió a manos públicas.

El 22 de junio de 1973, el pleno adjudicaba la Fuente Agria al último de los concesionarios que tuvo la misma: José Manuel Domínguez Rodríguez, que con sus seiscientas mil pesetas mensuales superó a los otros ofertantes. La quimera de los más de siete millones que la concesión iba a aportar a las arcas terorenses obnubiló un tanto a los ediles de la Villa; que accedieron incluso dos meses más tarde a la solicitud presentada por José Manuel Domínguez sobre que el contrato se ampliara y se le otorgara solidariamente con Cástor Juan Gómez y Syham Lokumal Karani, a lo que prestamente se accedió, ya que "pues además de él se obligarían solidariamente con la corporación otras dos personas de reconocida solvencia, de lo que sólo puede resultar una mayor garantía del cumplimiento del contrato para la Corporación".

Tal como dijera unos años más tarde el concejal Javier Sánchez- que con su grupo Democracia Municipal Canaria fue de los políticos más interesados en buscar soluciones al problema de la Fuente- el tiempo se encargó de demostrar que estas últimas afirmaciones del eran cuando menos muy "discutibles". El primer paso de los nuevo concesionarios fue crear una nueva marca comercial para lo que siempre había sido el "Agua de Teror": surgió así Fonteor.

agria03El proceso que cubrió la década siguiente merece, como mínimo, un artículo entero e independiente de estas historias. Solicitudes permanentes de rebajas de canon, desprestigio de la marca, subidas del precio de venta del agua, protestas de merma de caudal, quejas vecinales sobre la mala calidad del agua de los chorros públicos y actitudes dictatoriales de los guardianes, suspensión de repartos a domicilio, incumplimientos de negociación sindical, carencia de material para trabajar (chapas, botellas, jabón, grasas, escobas, gasoil), deudas con Vidrieras Canarias, etc... originaron al fin un impago del canon al ayuntamiento, que tras varios años llegó a superar la cantidad de treinta millones de pesetas.

Después vino una retahíla interminable de denuncias, sentencias, recursos, -que no acabaron hasta el 2009. El ayuntamiento terorense presentó al fin una demanda, formulada en mayo de 1979 y que se falló por sentencia del 24 de octubre de 1981, que dio carpetazo final a todo este anuario de desdichas. Esta sentencia permitió por fin lo que se vino a llamar "el rescate" de la Fuente Agria de Teror, que se hizo efectivo el 11 de febrero de 1982 con toda la escenografía que el hecho requería: asistencia de gran parte de la corporación y vecindario de la Villa; ambiente de fiesta del Pino en pleno invierno; forzamiento de las cerraduras; inventario de todo el material que estaba a la vista; presencia de funcionarios adscritos al Juzgado del distrito 2 de Las Palmas y miembros de la Guardia Civil. Los voladores reventando en el cielo, aquel jueves, terminaron por completar el aire festivo.

Cinco días más tarde, el Ayuntamiento celebró en pleno corporativo aquel rescate de su bien más preciado -excepción hecha de la Virgen del Pino, que como motor económico de Teror tampoco se quedaba atrás- y en el que se marcaron las líneas de actuación con respecto a la gestión empresarial del Agua Agria, sin que a nadie se le pasase ya por la cabeza la cesión a ningún particular. Rafael Zurita -secretario del ayuntamiento- llevaría la administración y asesoramiento legal, se realizarían las obras de reparación necesarias -muchas, según los primeros informes- y gestionar los créditos para financiarlas, continuar las reclamaciones al anterior concesionario; respeto a los puestos de trabajo ya existentes, readmisión de los antiguos aguadores si había agua suficiente, elaborar unas estrictas ordenanzas para los usuarios, y, por fin, y con carácter provisional, nombrar como administrador para aquellos primeros meses a José Falcón, interventor habilitado del ayuntamiento.

La década siguiente -que llevaría a la Fuente Agria a su conversión en sociedad anónima- no sería exactamente como en aquellos balbuceantes inicios de la empresa municipal se planificó; pero esos ya son asuntos para otros papeles.

José Luis Yánez Rodríguez.
Cronista Oficial de Teror

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