Un lugar en donde la investigación y la magia de la biodiversidad confluyen para conservar y entender a la naturaleza: el Jardín Canario (III)



El Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo es, sin lugar a dudas, uno de los espacios emblemáticos de la isla de Gran Canaria y un referente mundial en el mundo de la ciencia botánica multidisciplinar



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Hay espacios que rinden culto a la naturaleza, lugares en donde los seres humanos aprenden de ella cada segundo, ya sea de su pertinaz capacidad de cambio para generar una flor o una hoja de árbol, de su adaptación al clima o a las circunstancias, o también de una concepción global, que necesita ser abrazada por la humanidad, de que no habrá futuro si no entendemos que somos una parte más de la propia naturaleza.

Desde la humildad y el asombro trabajan cada día decenas de personas en el Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo, el más grande de España en extensión, un gigantesco ser multiespecífico que cambia a cada segundo y en el que, como cuentan sus trabajadores, se están poniendo algunas de las bases científicas para conservar los endemismos Canarios del presente y del futuro, una biodiversidad que siempre sorprende cuando nos acercamos a ella.

El director del Jardín Botánico Canario, el Doctor Juli Caujapé Castells, recuerda que estamos en un mundo global, y que desde esa perspectiva el Jardín Canario no es un lugar aislado sino una referencia internacional en el campo de la investigación de las floras insulares; aunque lo esencial, como se apresura a aclarar, es la biodiversidad canaria y macaronésica que convierte ese espacio y el trabajo conjunto de su plantilla en materia universal. Por ejemplo, las investigaciones del centro son en ocasiones fuente de inspiración para otros archipiélagos situados en la propia Macaronesia, en Hawai, China o Corea que comparten con Canarias graves problemas que atañen a la conservación de su biodiversidad.

Juli Caujapé advierte sobre las gravísimas consecuencias que tienen las especies invasoras en todas las islas, donde los endemismos cuentan con poblaciones muy pequeñas, que son mucho más sensibles a las perturbaciones del ecosistema que perpetran las especies exóticas introducidas. También insiste una y otra vez en el concepto de biodiversidad como una complicada red de conexiones entre las plantas, los animales, el suelo y sus organismos, y la propia formación volcánica del archipiélago, así como en la necesidad de entender, a través de la investigación, cómo y cuándo llegaron a las islas las distintas especies y de qué forma fueron pasando de unas islas a otras.

Caujapé no olvida la importancia que tiene la comunicación del Jardín con la ciudadanía, con el fin de lograr la conexión faltante: una relación sostenible de la especie humana con la naturaleza a través del mutuo entendimiento, de la educación ambiental y la divulgación científica.

Solo divulgando el conocimiento científico atajaremos bulos o actitudes sin ningún fundamento, y solo preservando la biodiversidad a la que pertenecemos podremos mejorar el estado de conservación del Medio Ambiente y de nuestra propia especie.

Para conseguirlo, el Jardín Botánico Canario cuenta con algunos de los mejores bancos de datos y muestras biológicas del mundo sobre la Macaronesia, y en sus viveros se intenta imitar a la naturaleza, buscando también la coordinación con otros servicios de la Consejería de Medio Ambiente en todo lo relacionado con las plantas endémicas y la restauración ambiental.

La consejera de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, Inés Jiménez, destaca la integración del Jardín Botánico y la ingente labor de sus trabajadores con los otros servicios de la Consejería y con todo lo que tiene que ver con la biodiversidad y el cuidado de la naturaleza de la isla de Gran Canaria, una obra incesante cincelada por millones de años de evolución, que solo logra gestionarse a través del conocimiento científico que genera todo el equipo del Jardín.

El Jardín Botánico Canario, que nace con el espíritu de su fundador Sventenius en 1952, está asociado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desde 2010 y copreside el grupo especialista en flores insulares macaronésicas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza desde 2017.

Justamente, una de las piedras angulares para intentar acercar el Jardín Botánico a la ciudadanía es el departamento de Educación Ambiental que coordina la Doctora Isabel Santana López. Desde los proyectos que desarrolla se intenta que los grancanarios valoren, respeten y conozcan cada vez mejor el valor insustituible de la biodiversidad que hemos heredado. Entre otras actividades, organiza charlas sobre la labor investigadora del centro para escolares y adultos no especialistas. En ellas se insiste en esa necesidad de que todos los ciudadanos, los estudiantes, y también los adultos que participan, aprendan a valorar el medio ambiente.

En lo que tiene que ver con las actividades escolares, Isabel Santana, manifiesta que no se trata solo de una charla o de una visita al Jardín Botánico. “Hay un importante trabajo previo -explica- con los profesores y con materiales que ya han trabajado los alumnos anteriormente, y todo ello, además, va unido luego a una tarea de seguimiento con cuestionarios y valoraciones de la propia actividad”.

También existe un especial interés en llegar a todas las personas que durante los fines de semana recorren los barrancos o las cumbres de la isla, tratando de que en esas visitas aprendan a valorar un poco mejor los espacios que transitan y se impliquen en su cuidado. Del mismo modo es importante toda la información que se hace llegar para concienciar sobre las consecuencias de las especies invasoras o sobre la negativa influencia que tienen en la conservación de nuestra diversidad las cabras guaniles, las colonias de gatos asilvestrados, las serpientes, las ratas o las aves exóticas que no forman parte de nuestro ecosistema.

Julio Rodrigo Pérez, por su parte, biólogo coordinador del Departamento de Planta Viva, hace un repaso de la historia del Jardín Botánico Canario Viera Clavijo, y enfatiza cómo fue ideado por Sventenius y lo ordenó por ecosistemas. Recuerda los sucesivos cambios que han ido contribuyendo a un mejor cuidado de la biodiversidad y a la propia preservación de las especies, así como a la búsqueda constante de los mejores caminos para la investigación y la conservación de la flora autóctona y de los numerosos endemismos vegetales catalogados en las islas.

Rodrigo recuerda que la isla de Gran Canaria cuenta con cuatro de las siete zonas vegetacionales que se dan en el archipiélago, y que están bien representadas en el Jardín: la de cardonal-tabaibal, la del bosque termófilo, la de la laurisilva zona norte y la de pinar. Muchos endemismos de la alta montaña canaria no pueden sobrevivir en el espacio del Jardín Botánico, por estar situado en la zona altitudinal y bioclimática de bosque termófilo, entre 250 y 300 metros.

Uno de los trabajos principales del Jardín es el de preservar y conservar las especies que caracterizan cada una de las zonas que representa, y para ello se libra una lucha constante y denodada; bien contra las especies invasoras exóticas, o bien contra plantas autóctonas intrusas, que también invaden zonas del Jardín Botánico que no les corresponden. Si no se acometiera este trabajo de control tan exhaustivo, muchos espacios visitables carecerían del sistema científico de ordenación que caracteriza a este Jardín Botánico, y probablemente las mencionadas invasiones propiciarían la desaparición de algunas especies importantes en cada zona. Al mismo tiempo, también hay que tener en cuenta que los pájaros y el viento contribuyen a expandir las semillas y los frutos, y podrían crearse así zonas fuera de control si no se realizara ese trabajo de mantenimiento.

En este Jardín Botánico, además de la flora canaria, destacan tres núcleos de flora exótica: el espacio denominado Palmeras del mundo; el Jardín de plantas suculentas, con cactus o aloes, y el Jardín del mundo, con árboles y arbustos raros, y con ejemplares que en su día fueron plantados en distintos jardines privados, sobre todo en la primera mitad del siglo XX, cuando era habitual el cultivo de especies traídas de América, Asia y África en fincas y jardines de distintos puntos de Gran Canaria.

Julio Rodrigo también destaca la integración del Jardín Botánico en su entorno natural y los distintos rincones para el recogimiento y la meditación marcados por el sonido del agua y el equilibrio de las flores o la simetría de las plantas y los árboles, lo que le ha llevado a ser  considerado como un espacio para meditación zen por la revista internacional Condé Nast Traveler, cuyo número de enero de 2021 lo posiciona como uno de los diez lugares en los que mejor alcanzar el concepto japonés de bienestar en España. No en vano, como sigue explicando Julio Rodrigo, la colocación de cada elemento biológico, la sonoridad de los distintos saltos de agua y la propia energía que desprende la lava volcánica proveniente de la erupción del volcán de La Angostura, convierten a este espacio botánico de Tafira en un lugar en el que el tiempo parece que cobra otro sentido.

Y es que esa condición temporal de los humanos queda en evidencia inmediatamente desde que uno se asoma a la milenaria historia de cada especie vegetal que habita en el Jardín Botánico. También la belleza y la serenidad son aquí acontecimientos constantes que emanan de la conjunción entre la ciencia y conservación del Medio Ambiente, tan necesaria para entendernos, para entender nuestro entorno y para posibilitar la continuidad sostenible de lo que naturaleza ha tardado millones de años en crear.

Santiago Gil


Imágenes: Cabildo Insular de Gran Canaria
Actualizado el Jueves, 26 Agosto 2021 17:23 horas.

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