Setenta y dos pregones para las Fiestas del Pino (I)

IGNACIO QUINTANA MARRERO CON MONSEÑOR SOCORROEl primer Pregón del Pino

La Delegación Provincial de Educación Popular en su deseo de dar mayor realce y difusión a la tradicional solemnidad de Nuestra Señora del Pino, Patrona de la Diócesis de Canarias, festividad enraizada en lo más íntimo del alma popular, ha organizado en colaboración con el litre. Ayuntamiento de la Villa de Teror para el próximo domingo, día cinco de los corrientes, y hora de las siete de la tarde”

Así se creó el acto del Pregón de las Fiestas del Pino.

Aquél fue el primer paso dado en común por el Cabildo conjuntamente con el ayuntamiento de la Villa para ayudar a levantar las fiestas del Pino del decaimiento en que habían terminado tras el golpe de la Guerra Civil y las consecuencias sociales y económicas que tanto ésta como la posterior contienda mundial habían traído para Canarias.

De las reuniones que tuvieron para solucionar esta situación tanto el alcalde terorense José Hernández Jiménez como el cura Antonio Socorro con el presidente del Cabildo Matías Vega surgirían poco después el Patronato y la Romería Ofrenda; y en 1948 la práctica de pregonar la fiesta.

La Delegación de Educación lo había llevado a efecto con éxito en 1945 con el pregón de Semana Santa de Las Palmas de Gran Canaria y continuaría con la implantación del de San Pedro Mártir en 1949.

El domingo 5 de septiembre de 1948 a las 7 de la tarde, Ignacio Quintana Marrero, periodista, poeta, investigador, director del periódico Falange y presidente de la Asociación de Prensa lanzaba a las ondas a través de Radio Las Palmas el primer pregón de las Fiestas del Pino.

Aquel pregón tuvo una primera parte dedicada a resaltar el significado que para los canarios tenía la Santísima Virgen del Pino y como en su principal festividad Teror venía a ser como el camino de la hispanidad, y la Compostela de Gran Canaria. En la segunda se refería a los festejos del Pino a los que consideraba como una verdadera romería de la isla y trazaba con gran acierto, colorido y belleza descriptiva las diferentes estampas de las fiestas, culminantes con la romería que “corre por carreteras y caminos para postrarse ante la Madre de Dios aparecida a los canarios en un pino de la villa episcopal”

DIBUJO DE IGNACIO QUINTANA OBRA DE CIRILO SUÁREZEl primer pregonero del Pino

Ignacio Quintana Marrero (Teror1909-Las Palmas de Gran Canaria1983) estudió Humanidades, Filosofía y Teología en el Seminario de la Universidad Pontificia de Canarias, cursó periodismo en Madrid siendo director de prensa durante más de treinta años. Impulsó la sección literaria Letras Canarias, así como Plumas de las islas. En 1964 obtuvo el premio de poesía Tomás Morales, y fue coautor, junto a Joaquín Artiles, de la primera Historia de la Literatura Canaria. En el año 2010 fue nombrado Hijo Predilecto de Teror. De su amplísima producción literaria, investigadora, destaco el libro que cumple este año medio siglo y la historia del “Himno Popular” de 1955 al que él puso letra.

La Virgen del Pino en la historia de Gran Canaria

La bibliografía dedicada a Nuestra Señora del Pino, su relación con la historia de Teror o cualquiera de los múltiples aspectos que ésta ha presentado a lo largo de los cinco siglos de presencia en el día a día de los hombres y mujeres de nuestra tierra ha sido muy corta en su difusión y alcance social y ha estado hasta hace medio siglo necesitada de un compendio, de un texto aglutinante y cohesionado de todo ello.

IGNACIO QUINTANA EN UNA CONFERENCIAPero el libro que, sin menoscabo alguno para los mencionados, significó un punto y aparte en la bibliografía sobre la Patrona y su pueblo se publicó hace medio siglo con todas las condiciones para convertirse en un libro leído, difundido y conocido. Nacido de la autoría conjunta de Ignacio Quintana Marrero y del sacerdote tirajanero Santiago Cazorla León, con un impresionante despliegue de fotografías a color; planos del XVIII inéditos hasta entonces y un impresionante cúmulo de datos hasta aquel momento casi ignorados, la profunda investigación del periodista y el sacerdote llevó a muchísimos lectores el primer estudio por el que se interesó muchísima gente y a través del cual muchos conocimos el devenir y las razones de muchas historias terorenses.

En 1971 éste fue un verdadero impacto en la bibliografía de temática religiosa de Canarias.

En una concienzuda campaña de impacto propagandístico, aunque iba a aparecer en otoño; desde semanas antes se adelantaba la temática de los distintos capítulos, el prólogo que escribiera Joaquín Artiles o la estructura basada en relaciones prolijas de fuentes y procedencias documentales. Se veía interesante pero difícil el resultado de conjugar estilos tan diferentes, pero ello no hacía otra cosa que aumentar el interés por su lectura. Afirmaba que las muchas circunstancias que acompañaban a su publicación y el distinto talante de sus autores llevaban consigo “una carga insoslayable de riesgos y, primeramente, el doble riesgo de esta disyuntiva tentadora: o una retórica de entusiasmo que puede sofocar la precisión de datos, o una información amontonada, todo lo valioso que se quiera, pero de difícil asimilación”

IGNACIO QUINTANA EN UNA ENTREGA DE DIPLOMAS

Pero los autores supieron hacerlo bien conjugando a la perfección lirismo y noticia; literatura e investigación; “información abundante y buen decir” como acertadamente se resumió.

También Mario Hernández Álvarez, autor del extraordinario dibujo que se despliega maravillosamente en la sobrecubierta, escribió en aquellos primeros momentos de su difusión y venta afirmando que los lectores del mismo encontrarían en el texto un material interesante de la historia de toda Gran Canaria ya que “contemplar y analizar un buen trozo de nuestra entrañable historia desde lo alto de un pino, ya tiene a mi entender, un gran mérito de equilibrio, valentía y devoción”.

PRINCIPALES OBRAS DE IGNACIO QUINTANANéstor Álamo, incidiendo en las diferencias estilísticas y hasta de enfoque sobre el Pino, de Quintana y Cazorla expresaba que se advertía “el estilo fogoso y espejeante de pasión en sus fondos, latinizante” del periodista a la vez que “la serena erudición asentada, muy al aire del XIX y de franciscanas irisaciones” del canónigo.

Rumeu de Armas diría del libro que era “de alta calidad histórica. Para mí ha constituido una obra del máximo interés a la que juzgo tan valiosa como completa…saben dar a la magnificencia documental una presentación viva y atractiva en todos los casos, esplendidez ésta que se combina siempre, en un plano más elevado, con una prosa fluida que lleva al lector por el camino de la poesía de una forma hábil, sencilla, rica en extremo”. Los autores en su dedicatoria reconocían que el magisterio y la solvencia científica de Rumeu alumbraron mucho de lo que aparecía en el libro. Uno lo dedicó en rojo, otro en azul; hasta en eso eran diferentes, lo que no fue inconveniente para que escribieran una magistral obra.

PORTADA DEL HIMNO POPULAR"Himno Popular" del Centenario de la Coronación de Nª Sª del PINO

El martes 6 de septiembre de 1955, a partir las 5 de la tarde, comenzaron los preparativos para el Rosario y la celebración de la Misa en la que predicó el obispo de Jaén por entonces, don Félix Romero Menjibar.

Y a su término, sobre dos horas más tarde, tuvo lugar la Bajada de la Imagen de aquel año, en el que se celebraba el Cincuentenario de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen del Pino de 1905.

Para celebrarlo, el obispo Pildain había encargado un Himno, que desde entonces forma parte del patrimonio cultural inmaterial de la Villa de Teror y de toda Canarias.

Ignacio Quintana Marrero escribió su letra, y el director de la Banda del Regimiento Militar de Infantería de Las Palmas don José Moya Guillén puso la música. En la exposición que sobre la vida y obra de Ignacio Quintana Marrero se realizó en 2009, se mostró una anotación autógrafa del mismo con el primer texto que escribió para el estribillo y que el obispo Pildain si no le obligó, sí le insinuó cambiar:

Reina de frente,
madre de perfil,
eres, oh dulce, oh pía, oh clemente,
de la canaria gente
la torre de marfil”

Con respecto a este himno, debemos hacer una parada y recordar la figura del extraordinario músico y compositor que pusiera sones a la letra del poeta. Gracias a don Pedro Schlueter conocemos gran parte de la andadura insular de este músico, José Moya Guillén, nacido en Lorca (Murcia) el 26 de noviembre de 1901.

Con sólo quince años entra como educando de música en el primero de los distintos Regimientos de Infantería en los que iría adquiriendo sucesivos nombramientos hasta el de músico de primera. En 1929 se presenta a oposiciones de Músico Mayor, que aprueba con uno de los primeros números, siendo destinado en régimen de prácticas al Regimiento de Las Palmas, a donde llega en la primera quincena de ese mismo año y al que, posteriormente, queda incorporado. En 1932, tras crearse el Cuerpo de Directores Músicos Militares, lo vemos con el cargo de Director de Música de Tercera, trasladándose en 1941 a Tenerife, en donde se incorpora a la Música de la Capitanía General de Canarias. De esta época data el concierto sinfónico ofrecido por la Orquesta de Cámara de Canarias bajo la dirección de Santiago Sabina en el Teatro Guimerá de Santa Cruz. En él ―ya sí empezamos a considerar la producción musical canaria del compositor― fue estrenada la obra Néstor, que dice ser “homenaje póstumo al insigne artista canario, Néstor de la Torre”, y que en un primer momento, con esta dedicatoria, nos hizo pensar que la obra estaba relacionada con el barítono canario y no con el pintor Néstor; a este último está dedicada como se desprende por los comentarios del programa de mano. “Néstor”, cuya melodía en su parte final se funde con el arrorró, fue interpretada por la misma orquesta en tres ocasiones, entre 1941 y 1943. En 1944, como Capitán Músico, vemos nuevamente a Moya Guillén en Las Palmas para hacerse cargo de la organización de la Banda del Regimiento Canarias 50; terminaría su actividad al frente de ésta en 1961, año en que se emite por Radio Atlántico un espacio en homenaje a su labor, destacable tanto como profesor y director de banda, como compositor; a esta última pertenecen obras de ambiente canario como la armonización del Arrorró para voces solista, tiples y contraltos, y el Himno popular a Nuestra Señora la Virgen del Pino,... Las citadas, al igual que otras composiciones de Moya Guillén…se guardan en el Museo Canario”

José Moya falleció el 9 de agosto de 1970, con el grado de Comandante Director Músico. Estaba casado con doña Dolores Esponda Curbelo con la que había tenido tres hijos: José, Ana y María Dolores Moya Esponsa.

Para escuachar el "Himno Popular" pincha en este enlace

Letra del himno:

Himno Popular a Nuestra Señora la Virgen del Pino (1955)

Estribillo
 
"Reina sonriente,
Madre del Amor,
Eres, oh dulce, oh pía, oh clemente,
De la canaria gente
La torre del fervor"
 
Estrofas
 
"Tú eres la esperanza del pueblo canario,
Firme sobre el árbol de eterno verdor…
Eres Tú la que vio de un santuario
De dragos y pinos nacer a Teror"
 
"Fuerte como el Pino la fe nos perviva,
Virgen Capitana, Reina de la paz;
Seas Tú puerto fiel al que arriba
La nave del alma buscando tu faz"
 
"Cuando de rodillas caminado llegan
Romeros de toda la isla a Teror,
El perdón y la dicha les entregan
Tu rostro de Madre… tus ojos de amor…"
 
"Bendice, Señora, de España el destino.
Protege a Canarias y al pueblo natal;
Que el rumor y el aroma de tu Pino
Nos recuerden siempre tu amor maternal"
José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror
Actualizado el Viernes, 27 Agosto 2021 02:59 horas.

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