125 años de uno de los tesoros del Museo Sacro de Teror: el pectoral y el anillo del obispo Cueto

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La peregrinacion

Pronto se cumplirá el 125 aniversario de la última peregrinación a la Villa de Teror en el siglo XIX.

En la madrugada del 15 de octubre de 1896 una inmensa peregrinación reunió en la Villa a más de diez mil personas que llegaron por la carretera del norte y a los que acompañó en un primer momento del trayecto la imagen de Santa Teresa de Jesús.

Dicha peregrinación había sido convocada por el obispo José Cueto y Díez de la Maza un mes antes para pedir a Nuestra Señora del Pino por la pronta terminación de la guerra de Cuba, iniciada el año antes, el 24 de febrero de 1895 en treinta y cinco localidades cubanas con el conocido como “Grito de Baire”

El papa León XIII había preconizado a Cueto como obispo de Canarias el 1 de junio de 1891 y muy pronto emprendió una amplísima labor de construcción de iglesias por los distintos pueblos de la diócesis; amén de intentar solucionar desde sus medios aquellos aspectos que, dependiendo de los poderes públicos, mostraban más necesidades: la educación y la atención sanitaria.

Tal como afirma uno de sus biógrafos, el Padre Cueto “preocupado porque sus fieles estuviesen suficientemente atendidos espiritualmente, logró que se establecieran en su diócesis los religiosos franciscanos, paúles, cistercienses, hermanos de la Escuelas Cristianas, hermanitas de los pobres y siervas de María. Pero en este sentido su obra cumbre fue la fundación de la congregación de Dominicas de la Enseñanza, actualmente extendida por todo el mundo”

Falleció en Las Palmas de Gran Canaria, el 17 de agosto de 1908.

En concreto con la Villa de Teror mantuvo desde un primer momento una relación serena, cordial y de plena implicación en todo lo concerniente al Santuario. Y la Virgen del Pino lo enamoró.

Hace 125 años, el Padre Cueto, canónigos y sacerdotes emprendieron la subida a Teror desde las tres de la madrugada de aquel día, para esperar la peregrinación en el Puente del Molino y desde allí acompañarlos en el último tramo de subida.

INICIOS DE LA GUERRA DE CUBA

Francisco González Díaz, con su peculiar estilo pretendidamente escéptico, pero en el fondo intensamente sensible a todo aquello; describió la peregrinación a Teror de 1896 en un texto que no me resisto a transcribo literalmente.

Siempre son hermosos, aun considerándolos por su lado humano, los espectáculos de la fe.

FRANCISCO GONZÁLEZ DÍAZYo no los analizo; pero los admiro. Atar lo que las pasiones y los intereses desatan, hacer que se vuelvan al verlos los ojos distraídos y los corazones…, abrir de repente ante las grandes tribulaciones las perspectivas de infinito donde aletea el ave celestial de la esperanza, esto seduce hasta al incrédulo.

Creyentes y no creyentes han de reconocer que hay en el seno de los pueblos una fuerza reconcentrada, la cual, cuando hace explosión, todo lo purifica... Buscando en la realidad material los medios prácticos de salvación, las voluntades se fortifican; y buscando fuera de la realidad, el divino auxilio, las almas, lanzadas por las sendas místicas que conducen a Dios, se ennoblecen.

Resultado de espasmo semejante es el engrandecimiento del ser moral, capaz de dar cima a las mayores empresas bajo la sugestión de lo alto. Las fuerzas psicológicas, como las fuerzas físicas, nunca se pierden. El fuego central del espíritu al exteriorizarse, no produce catástrofes, sino maravillosas reconstrucciones. La fe es útil, además de bella; la fe divina se completa con la fe humana, y en estos momentos en que España padece todas las agonías, mientras la primera clama: “Señor, salva a nuestra madre!”, la segunda grita: “Madre, sálvate!”. Las dos tienen razón, porque las dos afirman la esencia de la vida, que se compone de realidad y de ensueño, que ama la verdad, aunque sea en apariencia, y siente horror al vacío de la duda.

Viendo pasar a los peregrinos, he experimentado una impresión nueva y profunda, por mí buscada inútilmente hacía mucho tiempo: la impresión del romanticismo religioso de la Edad Media.

¡Extraño cuadro! A la luz indecisa del amanecer ofrecía no sé qué de fantástico, solemne y lúgubre al mismo tiempo, como una procesión de sombras salidas del fondo de una catacumba.

Para que la semejanza fuese perfecta, las blancas mantillas de las mujeres de la comitiva tendidas a lo largo de los cuerpos, levemente agitadas, parecían sudarios, y la gran masa blanca, sembrada de manchones negros, oscilaba confusamente alzando una salmodia lenta y grave, en medio del alegre despertar de la naturaleza, en medio de los regocijados trinos de los pájaros...

El rezo triste demandando a los cielos misericordia confundíase con los rumores del trabajo y de la actividad renacientes, e iba a perderse allá en los campos como una nota más, pero nota dominadora, en la inmensa armonía...

La tristeza del otoño, que ya se siente con solo mirar los árboles despojados, las tierras desnudas, los mares cenicientos, debía pesar en todos los ánimos cual una prolongación al exterior de la propia melancolía, que llenaba el ambiente...

Y así marchaba aquella multitud en demanda de Teror, nuestra ciudad monástica, levítica, medioeval, con sus campiñas oliendo a tomillo y sus iglesias y monasterios oliendo a incienso; así marchaba afirmando su fe en frente del descreimiento del siglo, buscando un refugio intacto, un santuario inmaculado donde la disipación del mundo no profane las oraciones, donde suban libres al cielo los votos y las súplicas del creyente, por la intercesión de una imagen milagrosa...

Así marchaba detrás del Cristo que, como un guion, marcando el rumbo, extendía sus brazos sobre el cielo pálido de la mañana, rayado de oro por los primeros rayos del sol...

¡Singular espectáculo! Aun visto a través de los anteojos ahumados del escepticismo no es posible dejar de admirarlo”

PECTORAL Y ANILLO DEL OBISPO CUETOLA CRUZ PECTORAL DEL OBISPO CUETO

Para que todo aquello que estaba preparando luciese más y la Virgen del Pino recibiese la Peregrinación tal como el entendía que debía hacerlo, el obispo vino a la Villa el 30 de septiembre de 1896.

Subió al Camarín y después de rezar ante la imagen acompañado de varios sacerdotes colocó él mismo sobre el pecho de Nuestra Señora del Pino su pectoral de oro cubierto de amatistas y brillantes y en la mano su anillo del mismo metal con una amatista engastada manifestando que hacía donación desde aquel mismo instante de ambas prendas que tenía de su uso.

El pasado viernes se cumplieron 125 años que pectoral y anillo llegaron a la Virgen del Pino.

El Padre Cueto tuvo un momento más de intensa relación con Teror y el Pino cuando en las fiestas de 1905, por decreto de Pío X, procedió a su Coronación Canónica.

LA VIRGEN DEL PINO ESTE AÑO CON EL MANTO DE LAS ROGATIVAS Y EL PECTORAL DE AMATISTASEL MANTO DE LAS ROGATIVAS

El llamado Manto de las Rogativas que este año ha lucido la Virgen del Pino con motivo de la pandemia de la COVID fue adquirido por limosnas a iniciativa del Corregidor Núñez y se estrenó en la Bajada del 28 de marzo al 6 de mayo de 1758, por plaga de langosta o cigarra berberisca y de una masiva afluencia de los hombres y mujeres de la isla por entonces. De ello dejó constancia un cronista al afirmar que la asistencia de personas “fue tal que los más ancianos no habían visto otro semejante”

Este Manto ha sido lucido por la Virgen en momentos de rezo y plegaria por hechos de gran trascendencia y perjuicio a la sociedad canaria. Fue restaurado el año 2019 por Iván Arencibia para el recorrido por los municipios cabecera de los territorios afectados por el incendio de aquel año.

ivanarencibisaSe da por ello el hecho singular de que, decidiendo restaurarlo para la Rogativa final de la peregrinación de 1896, Nuestra Señora del Pino lució hace 125 años el mismo pectoral y el mismo manto con que hemos podido verla este año en sus fiestas.

Asimismo, también en 1896, culminándose ya la carretera de Teror que tendría su finalización dos años más tarde; se autorizó de una forma extraordinaria y dadas las gestiones episcopales el que desde el cinco del mes de septiembre llegaran “los coches a la plaza de la hermosa villa, orillándose de este modo las dificultades que en años anteriores alejaban algún tanto a los devotos de la Virgen y a los entusiastas por la romería”

José Luis Yánez Rodríguez

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