Noventa años de la casa de don Miguel Suárez, "El Canónigo"



Una obra de Miguel Martín-Fernández de la Torre en la villa de Teror



LA CASA QUE MIGUEL MARTÍN FERNÁNDEZ DE LA TORRE DISEÑARA

En 1925, cuando tan solo llevaba tres años en la isla tras su retorno desde Madrid en 1922, el arquitecto Miguel Martín-Fernández de la Torre (hermano del genial y polifacético artista Néstor de la Torre) dirigía las obras de la remodelación de la antigua Alameda de la Villa de Teror que, desde que fuera delimitada en el siglo XVIII, era, frente a la apacible fachada del Palacio Episcopal, un lugar preferente del esparcimiento de los terorenses; y que el alcalde de entonces, don Isaac Domínguez, quería ornamentar y revalorizar tal como el lugar merecía.

Ésta fue la primera obra que este arquitecto, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1894, dirigió en la Villa, pero no fue la última. Otras muchas, como la casa de la Camarera de la Virgen del Pino, María del Pino Manrique de Lara en la calle de la Diputación en 1947 o la reforma del chalet que Teodoro Pires Béthencourt poseía en la carretera de Arucas en 1957, son algunas entre las varias que, desde el racionalismo de los años 30 hasta el estilo autárquico o el neocanarismo que definieron su obra de posguerra muestran variado ejemplo en la Villa Mariana.

Pero es el proyecto que en 1931 le encargara un personaje importante dentro de la historia de Teror, el canónigo don Miguel Suárez Miranda, el que hoy nos ocupa. Ese año, el arquitecto diseñó un edificio que, en la calle de La Escuela vendría a sustituir al hogar familiar de los Suárez Miranda que estaba situado junto a la huerta-jardín que años más tarde se convertiría en la Plaza Teresa de Bolívar, pero que por entonces sólo dejaba ver tras sus tapias las copas de los árboles que la ocupaban.

MIGUEL SUÁREZ MIRANDA EL CANÓNIGO TERORENSEDon Miguel Suárez Miranda, había nacido en dicha casa el 23 de octubre de 1874. Sus padres fueron Agustín Suárez Quintana y Evarista Miranda Naranjo. Fue ordenado presbítero el 20 de enero de 1901 y nombrado posteriormente coadjutor de la iglesia de Teror. Tras varios cargos y ocupaciones en la diócesis, fue nombrado Canónigo por oposición de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Canarias el 7 de febrero de 1915. Los que le conocieron, supieron de su dedicación y entrega a su labor, a la vez que de su sutil y socarrón sentido del humor. Durante muchos años fue “el canónigo de Teror” y él correspondió teniendo siempre a la Villa entre sus más sentidas querencias. Falleció el 1 de abril de 1947, y dejó al encargo del periodista y poeta terorense, Ignacio Quintana Marrero, la publicación de una obra escrita, “El Árbol de la Virgen (Pinus Canariensis)” que vio la luz bajo el patrocinio del Ayuntamiento de Teror en 1948.

El arquitecto firmó los planos, croquis y memoria explicativa del proyecto, en septiembre de 1931 especificando que el edificio a construir contaría con un total de superficie cubierta de 272 metros cuadrados.

La casa proyectada se diseñaba sobre un extenso patio trasero del que partiría la subida al piso superior, por lo que la puerta de entrada se ubicaba bajo el balcón, ya que no tendría caja de escalera sobre ella.

lacasaenlaactulidadterorEl balcón, elemento arquitectónico que a partir de esa década y en los años siguientes retomaría un papel importante en las fachadas terorenses, se diseñaba con antepecho de obra y barandal de madera de fuste corto, sobre canes también de obra, sin pies derechos ni zapatas, al estilo de carpintería que conjuntamente con su hermano Néstor, estaba imponiendo en algunas de sus obras de entonces.

Extrañamente, el proyecto se aplazó varios años y sería el presbítero Antonio Álvarez Suárez (sobrino del canónigo) quien, en febrero de 1936 solicitaba la licencia para la edificación, con varias alteraciones con respecto al proyecto inicial: ubicación de la puerta de entrada, modelos de ventanas, distribución interior, etc.

Asimismo, al construir el balcón, éste seguiría modelos más tradicionales: antepecho de madera, barandal más estilizado, pies derechos con zapatas, canes de madera, que no aparecían en el alzado de la fachada autorizada.

Tras el fallecimiento de don Miguel, serían los Álvarez Suárez, hijos de su hermana Josefa Agustina (quiénes habían ayudado económicamente a la construcción) los que heredaron la casa y la habitaron durante décadas, hasta que sus descendientes la vendieron al Ayuntamiento para ubicar en ella las dependencias de la Concejalía de Servicios Sociales, fin al que se destina en la actualidad, dotando al acervo patrimonial del consistorio terorense de una propiedad de alto valor histórico y arquitectónico.

EL PINO DESCENDIENTE DEL DE LA APARICIÓNSería también gracias a los miembros de esta familia el que hoy se conserve en la Plaza Teresa de Bolívar un árbol inestimable para nuestra historia. En esta plaza, desde que era propiedad privada, crecía un ejemplar de pino canario de porte gigantesco que, según la tradición era descendiente de aquel otro en el que la leyenda sitúa la aparición de la Santa Imagen. Cayó, como el otro, abatido por una tormenta, en 1970, pero una semilla desprendida del mismo había enraizado en una grieta de la azotea de la casa, de la que nació un pequeño arbolillo que las hermanas Álvarez Suárez cuidaron hasta que cedieron al Ayuntamiento para que, ubicado en la plaza de donde ya había desaparecido también su progenitor, recordara con su presencia esa línea de genética vegetal que nos une con uno de los símbolos y valores más preciados del pasado de la Villa Mariana de Teror.

José Luis Yánez Rodríguez
Cronista Oficial de Teror.
Actualizado el Miércoles, 17 Noviembre 2021 10:54 horas.

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