El verano: ¿cómo fortalecer tu salud intestinal?


Los cambios de hábitos en verano, tienden a alterar nuestro sistema digestivo. Nos pasamos todo el año deseando que lleguen las vacaciones para poder pasar más tiempo con nuestras familias y amistades, romper con la rutina horaria e incluso viajar a destinos lejanos dónde sus costumbres son distintas a las habituales.


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Esto hace que comamos más a menudo fuera de casa e incluso consumimos alimentos que no tomamos normalmente, como helados. Todo esto puede repercutir en la salud de nuestro aparato digestivo. 

También con la llegada de las altas temperaturas del verano, el número de toxiinfecciones alimentarias aumenta. Principalmente porque en esta época del año se dan las condiciones de temperatura y humedad adecuadas para acelerar la reproducción de las bacterias habitualmente presentes en los alimentos como: Salmonella, Campylobacter o Escherichia coli.

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Para disfrutar de un verano saludable, no sólo basta con extremar la higiene en las prácticas de manipulación y conservación de alimentos, además, podemos ayudar a reforzar nuestra microbiota a través de la alimentación. Los alimentos probióticos, prebióticos y simbióticos, forman parte estos alimentos funcionales, beneficiosos para la salud. 

Los «probióticos» son microorganismos vivos que te ayudarán a mantener un sistema digestivo sano, restaurando la flora intestinal, fortaleciendo tu sistema inmunológico y garantizando una buena salud. Y mejorarán el proceso digestivo incluso los días de exceso o aquellos días que viajemos y consumamos alimentos distintos a los que estamos acostumbrados.

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Son buenas opciones el Kéfir o el yogur (opta por aquellas variedades naturales sin azúcares añadidos), o los alimentos fermentados.

Los «prebióticos» son aquellos alimentos que contienen sustratos que nutren a la microbiota intestinal. Aquí es importante fijarnos no solo en lo que contiene un alimento de forma natural sino también en lo que le añaden a ese alimento.

Así, por ejemplo, la fibra que nos interesa es la altamente fermentable por nuestras bacterias, que la vamos a encontrar en las pectinas de alimentos como las zanahorias, manzanas o cítricos. El almidón resistente que podemos obtener en papas, batata o arroz, pero que una vez cocinados hay que dejarlos enfriar y consumir en frío y no volver a calentar, ya que el calor modifica por completo la estructura y se produce un almidón que resiste al proceso digestivo. Y los mucílagos de semillas como el lino y la chía.

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El segundo grupo de prebióticos son los polifenoles, que además de su capacidad antioxidante ayudan a la mejorar la microbiota intestinal y podemos encontrarlos en frutos rojos, frutos secos, cacao o de especias como clavo de olor, la menta seca y el anís estrellado, pero también el jengibre, la cúrcuma y la canela. 

El término «simbióticos» se refiere a los productos que contienen probióticos y prebióticos. En sentido estricto debería ser reservado a productos en los que el componente prebiótico selectivamente favorece al componente probiótico. 

Pedro J. Martín Pérez
Médico de Familia y Comunitaria
Experto Universitario en Nutrición Clínica y Salud Nutricional

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