Todo tiene una cara A y una cara B: el caso del nuevo volcán de La Palma



El riesgo volcánico es un riesgo natural de nuestra comunidad – eso nos diferencia del resto del territorio español – dado que Canarias es la única región volcánicamente activa del de España.



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Tras el estallido del volcán del Teneguía, hace ahora casi 50 años, La Palma era una isla tranquila, con una belleza que le valió el nombre de “la isla bonita”. Pero el domingo 19 de septiembre a las 15:12 horas, tras una semana en la que se sucedieron más de 20000 movimientos sísmicos, surge un nuevo volcán en la zona de Cumbre Vieja.

Inicialmente la novedad disfrazó los efectos que posteriormente sufrirían sus habitantes. Para muchos este nuevo volcán, es un “espectáculo de la naturaleza”, digno de fotografiar ya sea en la retina, con una cámara o para las tan ansiadas redes sociales. De hecho, muchas personas han solicitado pasaje para poderse desplazar hasta la isla y así materializar una instantánea.

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Pero lejos de esa “cara A” de la “belleza” de las imágenes de un volcán, cuando la vida humana entra en escena, la situación se complica, es la “cara B”.  Una cara B que refleja el sufrimiento y la incertidumbre de quien está perdiendo sus casas, sus tierras, sus animales, su modo de vida, en definitiva, una tragedia.

“¿Qué vida voy a llevar ahora?” Comentaba uno de los afectados.

El desarraigo físico de estas personas afectadas, de sus entornos familiares, y de sus entornos sociales (se han destruido no solo casas y plantaciones, también zonas comunes del pueblo, iglesia, plaza, centros de reuniones,..), por ello, probablemente uno de los mayores efectos de la erupción sea el impacto sobre la salud que tiene en las víctimas.  

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Son diversos los motivos por los cuales un desastre puede ser considerado como un problema de salud pública, por ejemplo:

1) la gran demanda de atención necesaria debido a las muertes (en este caso de la isla no ha habido por ahora ninguna), lesiones y enfermedades que ocasionan,
2) alteración de la infraestructura de servicios básicos como agua, luz, desagüe y comunicaciones,
3) el incremento del riesgo de enfermedades infecciosas transmisibles, y no transmisibles. Así por ejemplo, numerosos estudios apuntan que las personas expuestas a desastres naturales tienen mayor riesgo de presentar un evento cardiovascular (angina, infarto e ictus) en los meses siguientes a los mismos.
4) las consecuencias psicosociales en las personas afectadas. De entre todos estos, las consecuencias psicosociales determinarán el grado de funcionalidad y recuperación de las personas y de la comunidad afectada.

96e2e545 1904 4bab abbf 24ceb49f2ca1Desastres como un volcán predisponen a padecer un trastorno por estrés postraumático, que produce cuadros de ansiedad, ataques de pánico o depresión, que puede durar años. Este hecho está motivado, en estos casos, por la idea de que la persona afectada arrastrará la idea de que está totalmente indefenso ante cualquier fenómeno natural y esto le genera un estado de alerta permanente y ansiedad ante cuestiones menores.

Varios son los factores que afectan al hecho de terminar desarrollando este trastorno o factores que puedan proteger de desarollarlo:

A. Factores de vulnerabilidad: existen tres tipos de factores característicos del sujeto y de su entorno, previos al trauma, que pueden vulnerabilizarle hacia cuadros psicológicos posteriores:

1. Factores de personalidad: generalmente son personas con tendencia a evitar experiencias nuevas. Presentan un tiempo de adaptación lento y un locus de control externo.
2. Factores biológicos: dependen de unas pautas determinadas de respuesta endocrina y de neurotransmisión.
3. Ausencia-Influencia de factores de protección social.

B. Factores de protección: son aquellos que, siendo tanto internos (propios de la persona) como externos, van a proteger al individuo de la posibilidad de desarrollar cuadros psicopatológicos posteriores:

1. Factores de personalidad y biológicos: recursos para afrontar el estrés.
2. Apoyo y protección familiar.
3. Apoyo social próximo: amigos, grupos de afiliación.
4. Apoyo social general: opinión pública, medios de comunicación.
5. Apoyo social institucional: Estado, Administración Pública.

Si la confluencia de estos factores favorece al sujeto, los síntomas irán disminuyendo (readaptación funcional). La mayor parte de ellas logra con el paso del tiempo adaptarse a la nueva situación y dejar atrás el recuerdo negativo. Estas personas pueden incluso desarrollar lo que denominamos el crecimiento postraumático, que es la adquisición de nuevas herramientas para enfrentar desafíos, un aumento de la fortaleza personal, fortalecimiento de los vínculos y valoración de la vida.

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Pero si ocurre lo contrario, se terminará desarrollando un trastorno de estrés postraumático o trastornos afines.

Estoy seguro que una vez el volcán vuelva dormir, La Palma renacerá y seguirá deslumbrándonos con su belleza y con la calidad humana de su gente.

Agradecimiento al fotógrafo Fernando Cova del Pino
Pedro J. Martín Pérez
Médico de Familia y Comunitaria

2 comentarios

  • Juan Jose Mendoza Quintana Lunes, 27 Septiembre 2021 14:44 Enlace al Comentario

    GRACIAS

  • Dolors Lunes, 27 Septiembre 2021 09:32 Enlace al Comentario

    Excelente trabajo y atención a la salud integral de los afectados ante probables, posible y potenciales situaciones de salud. Enhorabuena por esa previsión.

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